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Malvinas: El dirigente populista y el caballero inglés

Falklands Islands - Islas Malvinas 

Todo Gobierno del planeta forzado a lidiar con ánimos separatistas dentro de su país ha recibido con alivio la decisión de los escoceses por preservar su unión tricentenaria con Inglaterra. No que sea un alivio definitivo, pues aún los españoles, los belgas, los ucranianos, los marroquíes y hasta en cierta medida los italianos, deben contender con regiones que no se sienten representadas o identificadas con las demarcaciones actuales. Para los europeos en particular, el referéndum del 18 de septiembre marca un influyente precedente que incentivará a los independentistas a exigir la oportunidad de un referéndum propio. Sin embargo, de regreso en nuestros páramos argentinos, vale la pena tomar la oportunidad para reflexionar sobre nuestra imagen del Reino Unido, al cual, para empezar, callejeramente denominados (incorrectamente) simplemente Inglaterra.

Cuando aún cursaba en la universidad, recuerdo que en una oportunidad, una de mis profesoras internacionalistas declaró efusivamente que las Malvinas eran argentinas, y que habían sido arrebatadas injustamente por los ingleses. No recuerdo las circunstancias exactas que acompañaron a esa clase específica de 2007, pero sí recuerdo que fue la misma profesora quien en otra ocasión le dijo a la clase que el mundo tenía que ser visto por lo que era, antes que por lo que debería ser.

Creo que esta anécdota expone la gran contradicción de muchos analistas, foristas y periodistas argentinos en relación al sensible tema de Malvinas. En el fondo, si para entender el estado del mundo debemos primero reconocer sus realidades, entonces vitorear que las Malvinas son argentinas solo porque fueron expropiadas se vuelve irrealista, y no dista de ser inmaduro.

Idealismo y amnesia

Los analistas, académicos y diplomáticos deberían discriminar entre las aspiraciones políticas de la Argentina por un lado, y las realidades políticas, los desafíos, y las verdades inconvenientes por el otro. Por supuesto, todos estos profesionales no son idiotas y en efecto reconocen las eventualidades del escenario internacional. El problema no obstante aparece cuando nos percatamos que en nuestro país ser realista está mal visto. Referirse a Puerto Argentino como Stanley es incorrecto; afirmar que la bandera que allí flamea es la Union Jack y no la albiceleste es traición a la patria.

Las Malvinas han quedado impregnadas en el imaginario colectivo argentino. Las islas se han convertido en una gran herida abierta en el orgullo nacional. La investigación de Carlos Escudé ha mostrado que en nuestros textos escolares de principios del siglo pasado, ya abundaban reivindicaciones nacionalistas y territoriales. Se mostraba a la Argentina como una víctima de los ultrajes de terceros. La herida se abrió mucho antes que 1982, pero esta definitivamente empeoró tras la fallida guerra.

Malvinas es una herida que no termina de cicatrizar, y a este paso probablemente nunca lo hará. Como un herido de guerra que en secreto se autoinflige una infección para no ser enviado de regreso al campo de batalla, Argentina prefiere dejar abierto el trauma para victimizarse ante los agravios de una potencia “pirata” e imperialista.

Es precisamente por esto que me permito decir que no existe una verídica política exterior en relación a la cuestión de soberanía. A pesar de que Malvinas es uno de los pilares ordenadores de la Cancillería, el tema se ha manipulado tanto que hoy por hoy solo sirve a los efectos de dar más resonancia al circo doméstico. En este aspecto, creo que la política del matrimonio Kirchner puede sintetizarse como “mucho ruido y pocas nueces”. Sino, como diría Escudé, se trata de “una política de poder sin poder”.

Como es un tema de lo más sensible que inmediatamente despierta el patriotismo de cualquiera, Néstor y Cristina han sabido utilizar las islas para cautivar grandes audiencias y apalancar así su popularidad. Sin ir más lejos, los generales argentinos decidieron invadir las islas empleando una lógica similar. La dictadura militar apostó a desviar la atención de los ciudadanos apelando a la afección cultural de los argentinos con su porción de territorio absento de redención.

Si estuviese equivocado, podría decirse entonces que la fórmula para recuperar las islas consiste actualmente en dar discursos y presentar quejas ante las Naciones Unidas. Ahora, sin importar las promesas hechas en discursos, existen hechos que nos marcan pautas claras. Uno de estos hechos, por ejemplo, nos muestra fácticamente que todos los habitantes de las islas (ilegales o no) quieren preservar sus lazos con el Reino Unido. Esto además nos indica otra cosa que retoma más importancia todavía a la luz del referéndum escoses: los “piratas” permitieron que la población tomara sus propias decisiones. Hay quienes sostienen que esto, el referéndum malvinense, no ha sido otra cosa que un teatro bien armado, dado que los ingleses sabían perfectamente de antemano que sus pobladores se decidirían por el sí. Bien, el caso es que aun así, los habitantes de las islas celebraron contundentemente una votación libre y abierta.

El caballero inglés

Hay quienes dicen de igual modo que la negativa británica a ceder las islas pasa por la beta estratégica, sobre todo por los recursos fósiles que podrían llegar a ser explotados en el lecho marino que rodea al archipiélago. Bien, si esto fuese el factor determinante, ¿cómo se explica la permisibilidad inglesa frente a los reclamos escoceses? Si todo pasa por la variable energética, ¿cómo se explica que los ingleses estuvieran dispuestos a ceder una región que – según The Economist – ha producido casi $300 billones de dólares en ganancias desde 1980, gracias a la explotación marítima de petróleo? Es casi impensable suponer que existió una posibilidad fáctica de que Escocia pusiera fin a Gran Bretaña como la conocemos, y sin embargo la unión casi se rompió.

Sería ingenuo dar por sentado que Londres no tiene intereses estratégicos, egoístas por definición. Mas también resultaría ingenuo asegurar que, como Argentina no acarrea el mismo legado imperial que Gran Bretaña, Buenos Aires es desinteresado y actúa  motivado por mero altruismo. Eventos históricos y definitivamente sangrientos como la guerra contra el Paraguay y la conquista de la Patagonia en el siglo XIX nos sirven de ejemplos.

Existe una larga lista de agravios atribuibles a los británicos. Empero con los barcos y cañones también trajeron muchas introducciones con trascendentales beneficios. La tradición anglosajona difundió el liberalismo en todos sus sentidos, la idea de representación parlamentaria, la noción de derechos a cambio de responsabilidades, la libertad económica, la libertad de prensa, y diversas innovaciones institucionales que contribuyeron en grata medida al imperio de la ley (rule of law).

Uno puede ciertamente criticarle muchísimas cosas a David Cameron como así a toda su estirpe conservadora. Sin embargo, los argentinos deberíamos reconocer que la disputa de soberanía no podrá ser resuelta polarizando la cuestión entre argentinos e ingleses. Tan imperialistas son estos últimos, que vaya uno a ver que estaban dispuestos a separarse de Escocia, una parte íntegra de Gran Bretaña. Cameron, en efecto, se ha comportado como un caballero inglés. Retrotrayéndonos más en el tiempo, en analogía lo mismo puede decirse de Jean Chrétien, el quebequense y liberal primer ministro canadiense que casi experimenta en 1995 la independencia de su provincia natal. Para el regocijo del primer ministro, Quebec, al igual que Escocia, no se independizó. Sin embargo nadie les quita lo bailado a los separatistas, quienes pudieron, no solo expresarse libremente, sino actuar política y democráticamente para intentar alcanzar sus objetivos.

La mera idea de que un Gobierno permita democráticamente allanar el paso a la desintegración territorial de su Estado, es en la mayoría de los casos impensable y parlamentariamente hablando intratable. Si el día de mañana los habitantes de la provincia de Jujuy (para poner un ejemplo) deciden votar a un gobernador secesionista, y este provoca a Buenos Aires llamando a un referéndum independentista… ¿le permitiría el Congreso a Jujuy celebrar dicha expresión última de autodeterminación? ¿Arriesgaría el ejecutivo la posibilidad de que Jujuy votara por la independencia?

El dirigente populista

Cristina Kirchner, pero más aún los argentinos en general, deberíamos aprender de la ocasión escocesa para aceptar finalmente la inevitable realidad. Si esperamos que algún día las Malvinas sean, o vuelvan a ser argentinas, debemos reconocer que ninguna solución será alcanzada ignorando indefinidamente los derechos y las preferencias de sus habitantes.

Actualmente la Argentina se niega contundentemente a reconocer a los llamados kelpers bajo el lema de que son población “implantada”, población que ergo carece de un estatus jurídico valido.

¿Somos pues, la mayoría de los argentinos, descendientes milenarios de patriarcas que habitaron el suelo nacional desde tiempos inmemoriales? El mismo argumento empleado contra la autodeterminación malvinense podría fácilmente volverse en nuestra contra. Si los ingleses implantaron su población en las islas, los españoles hicieron lo propio en el continente. Luego vinieron los italianos, los polacos, los rusos, los franceses, los alemanes y los libaneses. En efecto el planteo es de lo más ridículo. Algunos de los kelpers llevan en Malvinas unas cuantas generaciones más que los descendientes de los inmigrantes que decidieron empezar una nueva vida en el continente. Allí lo desquiciado de la política kirchnerista, la cual en rigor, insisto, solo sirve para alejarnos de las islas y acercar a las masas al voto oficialista.

No obstante la política argentina no siempre fue así. Cuando hablamos de Malvinas, vale la pena tenerse presente que, entre finales de los años 60 y hasta antes de la guerra, las islas eran consideradas por la Foreign Office como un resabio sin valor de épocas pasadas. Funcionarios argentinos como británicos intentaron mediante negociaciones bilaterales secretas, decidir la cuestión de soberanía haciendo un bypass a la población local, posiblemente apuntando a instrumentar un condominio mantenido por ambos Estados.

La razón por la que la estrategia no funcionó fue porque, una vez enterados, los malvinenses – no incluidos en las negociaciones – organizaron una considerable oposición. Lo importante es que incluso cuando las islas “no tenían el valor estratégico de antaño”, la resistencia de los malvinenses actuó como una barrera considerable a la integración con Argentina. Por ello, demás está decir que lo único logrado con la guerra fue reafirmar la posición de los isleños, e incluso mejorarla substancialmente, incentivando a Londres a invertir en los (hasta entonces) olvidados territorios de ultramar.

En los años 90, el exministro de relaciones exteriores Guido Di Tella, consiente del requisito de integrar a los habitantes de las islas en las tratativas, intentó esbozar una política de Estado para conducir a la Cancillería hacia una “política de seducción”. La idea esencial era que los malvinenses, los kelpers, debían ser incentivados a buscar beneficios en una prospectiva cooperación con el continente. Di Tella entabló contactos personales con los dirigentes isleños y llegó a enviarles a los pobladores regalos y tarjetas navideñas a cuenta del Gobierno argentino.

Di Tella era poco ortodoxo, y su estilo personal no ayudó a la creación de consenso en torno a la política de Malvinas. Di Tella era un conductor solitario, y tal como suele suceder en la trastienda política argentina (con independencia de quien gobierne), el canciller prescindió del debate multipartidario y no buscó consolidar una amplia base de apoyo. La legitimidad de la política de seducción luego se vio seriamente afectada con la coyuntura de crisis que sucedió a la década menemista. Como ha quedado en evidencia, al cabo de pocos años kirchneristas, el proyecto terminó completamente enterrado.

Podría decirse que para arrojar sus frutos, como el propio excanciller llegó a reconocer, semejante esfuerzo requeriría una continuidad a lo largo de diversas administraciones multipartidarias. Ciertamente no es posible construir nacionalidad ni concretar grandes proyectos políticos en tan solo cuatro sino ocho años de gestión.

A mi juicio personal considero que tal camino es el indicado. Pero los políticos argentinos para ello deben renunciar primero al privilegio de invocar Malvinas como moneda de cambio corriente, cosa que hacen para ganarse el vitoreo de los sectores populares en momentos de necesidad. “Malvinas argentinas” es después de todo un discurso que siempre, siempre cae bien.

En mi opinión, por aquí pasa el principal desafío de la agenda de exteriores. El problema en algún punto ha dejado de envolver exclusivamente a la cuestión Malvinas, tal como puede apreciarse en el fuerte discurso doméstico en relación a los fondos buitres. No estoy diciendo que Argentina debe emplear solamente poder blando (seducción) para avanzar en la causa, pero aquí lo único certero son las pautas que se desprenden de los hechos. Y la realidad nos muestra que los ingleses no son colonialistas, menos aún “piratas”, y que los insensatos irracionales en todo caso somos nosotros.

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La razón del Estado. Respuesta a Javier Milei

El jueves 17 de enero, como todas mis mañanas, ingreso a la web del diario El Cronista, y en sus primeras líneas había una nota, escrita por Javier Milei, cuyo título llamó mi atención y decidí leer.

Antes de comenzar a explayar esta respuesta, es importante aclarar que quien escribe es un gran admirador de Milei, porque gracias a él y a otros economistas más, en los últimos tiempos la sociedad argentina viene despertando y dándose cuenta de que el gran problema de Argentina es el tamaño del Estado, y que gran parte de la sociedad vive para sostener no sólo a otra parte de la sociedad (por medio de subsidios y planes sociales), sino también a una élite (aunque no me gusta usar esa palabra) política parasitaria, que vive de los impuestos de los demás y que (lamentablemente) no tiene idea alguna sobre cómo manejar la economía del país, como así tampoco se decide a hacer cambios radicales para asegurar el crecimiento sostenido de nuestra economía, ya que esos cambios radicales constarían de atentar contra sus propios intereses (por ejemplo, eliminando cargos políticos, bajando la cantidad de asesores, eficientizando el funcionamiento del Estado, transparentando la política). En ese sentido, agradezco a Javier Milei el hecho de que ilumine a muchas personas, y (hablando en términos platónicos) los haga salir de “la caverna” y ver la realidad (que todo lo que el Estado gasta, lo pagamos los ciudadanos que trabajamos en blanco).

La nota mencionada se titulaba Sobre la naturaleza del Estado, y en ella, el autor utiliza como sustento lo escrito por varios autores, conduciendo luego la estructura de su escrito hacia una opinión totalmente personal, que es la de que el Estado es el enemigo del individuo. Y es por esta conclusión que este humilde servidor ha decidido realizar una respuesta a la nota, y (si se quiere) iniciar un debate, ya que del debate formal y respetuoso es de donde se obtienen las buenas conclusiones e ideas.

Vayamos al quid de la cuestión. Javier Milei titula a su nota Sobre la naturaleza del Estado, pero no explica la naturaleza del Estado. Es decir, el autor no responde al porqué del nacimiento del Estado, sino que trata, por argumentos que son posteriores a la creación del Estado, de decirle al lector que el Estado nace única y solamente para robar, y que por lo tanto es “nuestro enemigo” (de los individuos). Por lo tanto, y al utilizar argumentos que cronológicamente no tienen conexión lógica con una proposición, la proposición final (el Estado es nuestro enemigo porque nace para robarle al individuo) se anula por sí misma.

¿Cuál es el argumento de Milei? Utilizando a Franz Oppenheimer, informa que solo hay dos medios para obtener riqueza: los “medios económicos” (crear la riqueza por medio de la producción y el intercambio comercial) y los “medios políticos” (captura de bienes o servicios de otros por medio de la fuerza o la violencia –a lo cual podría agregarse que no sólo se puede capturar el bien o servicio, sino la riqueza generada por ello-). Según Milei, este es un acto de confiscación unilateral o robo de la propiedad de otro.

Como el Estado no produce bienes o servicios (y por lo tanto no genera riquezas), la forma de obtener riquezas del Estado es la de los “medios políticos”. Así, y como para todo libertario el Estado es un aparato que roba, Milei propone que el Estado nace para robar.

Es posible ver, entonces, que el argumento de Milei no es sostenible porque sencillamente no explica la causa del nacimiento del Estado. No explica el porqué. Milei dice que el Estado no genera riquezas (con toda la razón del mundo), sino que las confisca, las roba. Y afirma que como las roba, nace solamente con esa finalidad. Así, es posible ver que, efectivamente, no explica cómo nace el Estado. No explica la finalidad que tiene el Estado. El autor toma una concepción posterior (la herramienta para el financiamiento del Estado, que son los impuestos) para explicar un hecho anterior (nacimiento del Estado). Así, su argumento se cae.

En uno de los párrafos de la nota, el autor afirma que “…el Estado nunca ha sido creado mediante ´contrato social´ alguno y siempre ha nacido mediante la conquista y la explotación”. Allí, nuevamente habla sobre la creación del Estado (bajo una concepción libertaria), pero no trata el porqué de su creación.

Ahora bien, para descifrar la naturaleza del Estado, hay que remontarse a los autores clásicos, que también cita Milei en su artículo. Los autores a los que aquí se hace referencia son J.J. Rousseau y J. Locke. Ellos son, si se quiere, los padres de la izquierda y la derecha.

Por un lado, Rousseau (en El Contrato Social) sostiene que el hombre es libre y bueno por naturaleza, y que las instituciones creadas luego del pacto social lo restringen y lo hacen malo, lo incivilizan, lo corrompen. Esta comunidad epistémica sostiene que la riqueza es una, y que unos privilegiados roban y se quedan con mucho, y así generan pobreza, y que el Estado es la creación de esos privilegiados para mantener el poder sobre los pobres. El Estado, para Rousseau, es una estructura de poder que se debe “desenmascarar”, y considera que la propiedad es el origen de la desigualdad, y que esa desigualdad es una igualdad rota (o sea, iguales en el estado de naturaleza, desiguales una vez creado el Estado). Para Rousseau, el primer contrato (que crea el Estado) es antisocial, ya que sirve para robar. Luego existe un segundo contrato, el contrato social, donde los ciudadanos enajenan sus derechos hacia la Asamblea. El contrato social es dar todo, de todos, a la comunidad.

Por otro lado, Locke (en Tratados sobre el Gobierno Civil, que incluye algunos ensayos anteriores del mismo autor), considera que el hombre, en estado de naturaleza, es un ser malvado que se aprovecha de su superioridad con respecto a otros hombres (por posesión de riquezas superiores, de fuerza, de inteligencia, u otras características). El estado de naturaleza es malo, es un estado de guerra, donde unos contra otros luchan por los recursos. Entonces, el Estado se crea para asegurar una convivencia pacífica. Es decir, los hombres, de común acuerdo, crean el Estado para darse a sí mismos seguridad jurídica y seguridad personal. Se construye el Estado entre todos, por el bien de todos. Así, Locke propone también la división de poderes del Estado para que el Estado no oprima (ya que, como se le da todo el poder de policía, podría ejercerlo arbitrariamente contra sus súbditos –los ciudadanos-). Así, el Estado se crea para civilizar a la gente, salir del estado de guerra, siendo la vida mucho mejor con leyes, no sin ellas. De esta manera, todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y las desigualdades (económicas o de cualquier otro tipo) son igualdades pendientes de ser creadas. El Estado, las instituciones, están para crear igualdad y oportunidades. El poder se crea para asegurar derechos y libertades.

Si se trata de mantenerse en el plano teórico, así surge el Estado. En el plano práctico, el Estado (organizado como tal) no existía hasta 1648, con la finalización de la Guerra de los 30 años y la firma de la Paz de Westfalia. Para ver sobre el nacimiento del Estado, se invita a visitar el blog Nada es gratis en la vida, blog personal de este autor y que, en su primer escrito, habla sobre el nacimiento del Estado. El Estado nace formalmente para asegurar la supervivencia de la gente.

Anteriormente, por esos años mencionados, la normalidad en las relaciones internacionales era la guerra y, por lo tanto, los diferentes territorios tenían que defenderse ante ataques externos. Para ello, los Reyes (en aquellos momentos) solicitaban el pago de impuestos a los señores feudales, con la finalidad de financiar ejércitos que permitieran defenderse ante ataques externos y, así, proteger sus tierras, cosechas, y a su población. De esta manera nace el Estado, para dar seguridad. Además, y con el paso del tiempo, el Estado también comenzó a centrarse no solo en la seguridad personal y física, sino en la seguridad jurídica, con la creación de leyes que gestionen las relaciones sociales, y con jueces que diriman los conflictos que podían surgir.

Así surge el Estado, y para eso está el Estado. El Estado no nace para robar, como afirma Milei, sino que nace para proteger. Proteger a las personas de sí mismas. Nace para civilizar a la sociedad, para establecer parámetros de buena convivencia y para que, al fin y al cabo, no se maten unos a otros por obtener un recurso o un bien. El Estado no es nuestro enemigo, como dice Milei. El Estado es el protector de libertades y derechos.

Ahora bien, que en Argentina (y en muchos otros países) los políticos (que son quienes manejan el Estado) sean personas que buscan más su interés personal por sobre el de la ciudadanía, que sean tremendamente corruptos, que se protejan a sí mismos y se genere una casta o élite política que utiliza recursos estatales (o sea, de todos los ciudadanos) para perpetuarse en el poder y seguir viviendo a costa de los demás, es otra cosa. Sí, muchos políticos argentinos son parásitos. Sí, muchos políticos argentinos son corruptos. Sí, un Estado sobredimensionado limita las capacidades productivas del país y desincentiva la inversión. Sí, en Argentina se ahoga con impuestos a la sociedad y a las empresas. Sí, tenemos una justicia muy corrupta y que se inmiscuye en cuestiones económicas sin conocimientos. Sí, el nivel intelectual de nuestros legisladores es paupérrimo. Pero todo eso no quita que el Estado fue diseñado para protegernos. El Estado no es nuestro enemigo, el Estado es una herramienta necesaria.

Si queremos cambiar el país, se deben hacer muchos cambios radicales. Y el cambio que más costará es el cultural. El cambio que lleve a la sociedad a entender que si uno no trabaja, no produce, y por lo tanto no tiene derecho a pedir beneficio alguno. No se puede castigar a unos para sostener a otros por el simple pensamiento (no hecho) de que es “moralmente bueno”. El cambio que debemos hacer es el de mentalidad. Es menester abandonar la mentalidad becaria (pensar en vivir becados, o sea, sostenidos por otro) y empezar a hacerse responsable de su propia vida. Así, nuestro país tendrá un gran potencial. Sino, estará condenado al fracaso.

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Publicidad oficial: Macri bajó 70% el gasto

La baja en los gastos de publicidad oficial, permitirá redireccionar dinero

El Gobierno bajó un 70% el gasto en publicidad oficial durante 2018, respecto a la gestión anterior. Es que pagó $ 1.964 millones para difundir avisos en los medios de comunicación; frente a los $ 2.598 millones de 2015, último año del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que equivalen a $ 6.718 millones de ahora, por la inflación que hubo en este período.

Los datos surgen de los informes sobre gastos en publicidad oficial, de la Secretaría de Comunicación Pública de Jefatura de Gabinete. Allí se ve que incluso bajó un 25% el gasto de 2018 respecto al año anterior, cuando se gastaron $ 2.594 millones. Eso sin contar la inflación, ni la devaluación del peso con respecto al dólar, que permitió que la reducción en el gasto fuera mucho mayor.

Desde que asumió el Gobierno se propuso una reducción drástica de los gastos en publicidad oficial, porque considera que esa era una herramienta que usaba el anterior gobierno como parte del aparato de propaganda kirchnerista, que se usaba para premiar a los medios alineados con el “relato” y castigar a los que eran críticos de la gestión oficial. Por eso, durante los doce años de gobiernos K los gastos en publicidad oficial aumentaron un 5.616%.

En esa época había medios que tenían más del 90 % de sus ingresos provenientes de la publicidad oficial, que cambiaron de manos tras la llegada de Macri al Gobierno, como el diario Página/12, que se vendió al Grupo Octubre, del presidente del PJ porteño, Víctor Santa María; y la cadena de noticias CN23, que Sergio Szpolski transfirió al Grupo Indalo, de los detenidos empresarios kirchneristas Cristóbal López y Fabián de Sousa.

La reducción de la publicidad oficial forma parte de una política de “agenda ampliada de libertad de expresión”, dijeron fuentes del Gobierno, que también incluye la realización de conferencias de prensa, la sanción de la ley de acceso a la información pública y el “fin de la guerra del Estado contra el periodismo”, como dijo el jefe de Gabinete Marcos Peña, cuando anunció la modificación de la ley de medios audiovisuales.

Además, se eliminaron las publicidades del Gobierno en las propagandas de los partidos de fútbol, que hasta 2015 eran las únicas que se emitían en esas tandas y no figuraban como gastos en publicidad oficial. En el mismo sentido, fuentes del Gobierno destacaron la finalización de los canjes de publicidad oficial por deudas impositivas, que usó indiscriminadamente la gestión de Cristina Kirchner y que ahora sólo se implementan con los canjes realizados hasta marzo de 2016.

De hecho, en el informe de la Secretaría de Comunicación Pública sobre gastos en publicidad oficial de 2018, todavía figuran $ 286 millones de canjes que corresponden a esa etapa y, por eso, no se contabilizan como pagos correspondientes a 2018 del Gobierno nacional.

De todos modos, en estos años hubo criterios divergentes en la distribución de la publicidad oficial, especialmente en 2017, cuando hubo medios K que tuvieron una pronunciada merma en sus ingresos por avisos del Gobierno, una baja que se corrigió en 2018. Por eso, pese a la caída en el gasto, que impactó de manera similar en la mayor parte de los medios, C5N quintuplicó y Página/12 duplicó sus ingresos durante 2018, respecto al año anterior.

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Campillo buscará que la Cámara Federal le otorgue la libertad

Campillo busca su libertad

Juan Manuel Campillo, el ex ministro de Hacienda de Santa Cruz que reveló que el secretario de Cristina Kirchner le dio 200 mil euros por sus gestiones en Estados Unidos para lavar dinero de Daniel Muñoz, busca ahora que la Cámara Federal sea la que lo libere.

Es porque el juez Claudio Bonadio homologó su acuerdo como arrepentido, pero no le dio la libertad. Su defensa apeló hoy al sostener que su encierro preventivo “carece de necesidad, razonabilidad y proporcionalidad” después de haber logrado convertirse en “imputado-colaborador”. Incluso, se resaltó que el aporte de Campillo permitió un avance en la causa con una nueva detención y que no existe riesgo de fuga o entorpecimiento a la investigación.

El defensor oficial Gustavo Kollman aseguró que “sostener el encierro preventivo de Juan Manuel Campillo se presenta irrazonable y termina por desnaturalizar la medida cautelar transformándola en una pena anticipada” y advirtió que Bonadio “ha desatendido abiertamente la opinión del señor Fiscal vertida en el marco de la presente incidencia, generando así una intromisión excesiva”.

“Debo decir que parece absurdo considerar que un individuo, en el caso mi defendido, que solicita acogerse al régimen de imputado colaborador, celebra un acuerdo con el Fiscal con todas las garantías y obligaciones que le impone la ley, que es formalmente tenido en tal carácter a partir de la homologación judicial de dicho pacto, pretenda entorpecer la investigación. Cabe preguntarse: ¿colabora o entorpece?”, sostuvo la defensa.

Incluso, la defensa se quejó de que “llama la atención que se considere que persisten los riesgos procesales de un individuo que voluntariamente aportó elementos de interés para la pesquisa que V.S. dirige”, y dio a entender que fueron los aportes de Campillo los que llevaron a la detención de Isidro Bounine, el ex secretario de Cristina Kirchner, el miércoles pasado, en simultáneo con la homologación de su acuerdo como imputado-colaborador.

Ya es de público conocimiento que la presente investigación ha mostrado un avance sorpresivo incluso para quienes la llevan adelante, y los aportes novedosos realizados en primer término por mi pupilo -sumados seguramente a otros indicios concordantes- llevaron a su señoría. A decidir al menos la imputación y detención de una persona cuya participación en los hechos era absolutamente desconocida”, se añadió.

Sin resolver aún la situación procesal de Campillo y del resto de los involucrados en el capítulo sobre los más de USD 70 millones que Daniel Muñoz y su entorno sacó a Estados Unidos, el juez rechazó la excarcelación del ex ministro de Hacienda de Santa Cruz por entender que no tenía arraigo y que se lo había encontrado en el momento de su detención en un hotel, por lo cual no podía descartarse un eventual peligro de fuga o entorpecimiento.

La defensa interpretó otra cosa: “Fue detenido en su domicilio. Ahora, por si ello no bastara cabe destacar que cuenta con el asiento legal en la dependencia a cargo del suscripto, una madre de edad avanzada y un sobrino que ha sido recientemente liberado, es decir un contexto personal que denota lazos sólidos para afirmar que Campillo tiene probado arraigo que lejos de indicar algún peligro, revela que mantendrá un excelente comportamiento procesal de recuperar su libertad”.

“Por otro se alega como sostén de la decisión que hay diligencias en trámite y por tanto su desarrollo puede ser entorpecido si Juan Manuel Campillo es liberado. Nada más alejado de la realidad, si se repara en que objetivamente no puede demostrarse que el justiciable tenga intención de entorpecer la investigación, máxime cuando colaboró activamente en ella a punto tal que varias de las medidas de prueba que se están realizando son consecuencia de los propios dichos de mi asistido, volcados en un acuerdo con la Fiscalía que además Vuestra Señoría homologó recientemente”, le dijo al juez Bonadio.

A criterio de Kollman, la Cámara Federal deberá “encontrar un punto medio entre la búsqueda de la verdad y los fines del proceso y la presunción de inocencia que le asiste a Juan Manuel Campillo en armonía también con la colaboración que ha prestado”. Incluso, señaló, “para facilitarle dicha tarea, me atrevo a proponer que una exigencia de concurrencia mensual e incluso quincenal a la sede del tribunal o dependencia policial que corresponda al domicilio de mi asistido parece un modo idóneo de asegurar un compromiso del justiciable de mantenerse ajustado a derecho”.

Un detalle: la defensa pidió abreviar los plazos para una definición sobre la excarcelación, es decir, que se acelere una definición. Durante esta última quincena de enero, están en la Cámara Federal los jueces Martín Irurzun y Mariano Llorens. Llorens se encuentra excusado porque su primo fue funcionario de Planificación. Irurzun, entonces, tendría que convocar a un juez del fuero penal económico que también está de feria. En rigor, es de práctica que las causas sean analizadas por la sala de origen. Pero los jueces que intervienen en el expediente, Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, estuvieron la primera quincena y regresarán en febrero, por lo que todo podría demorarse algunas semanas

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