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Nota de Opinión

Al-Sisi: ¿un nuevo Nasser?

Desde que Abdel Fattah al-Sisi asumiera la presidencia de Egipto en junio del año pasado, analistas y comentaristas de distintos medios han jugado con la comparación entre su figura y aquella de Gamal Abdel Nasser. ¿Se ajusta el perfil de al-Sisi, militar de carrera, con el del icónico populista de la Guerra Fría, también militar convertido en Jefe de Estado? Y si lo hace, ¿en qué sentido, y hasta qué punto?

El contraste, para empezar, es precisamente a lo que apostó al-Sisi cuando dio a conocer su intención de ser presidente. Para su campaña, el entonces ministro de Defensa montó pancartas y gigantografías con su imagen, mostrándolo en un tono robusto y al mismo tiempo simpático. Buscaba transmitir seguridad y a la vez carisma. Quería convertirse en la personificación de las fuerzas armadas, la institución más respetada de Egipto, y acaso transmitir el legado de uno de sus mayores exponentes históricos. Simpatizantes ayudarían en este cometido elevando fotografías de al-Sisi y Nasser lado a lado.

En una de sus primeras entrevistas televisadas, se le preguntó a al-Sisi si se veía a sí mismo como un nuevo Nasser. Respondió:

“Desería ser como Nasser. Nasser para los Egipcios no era solamente un retrato en las paredes, pero una foto y una voz tallada en sus corazones”.

Posiblemente el empeño de al-Sisi por cubrirse con el aura de Nasser tiene que ver con el clima de profunda polarización en la sociedad egipcia. En mayo del año pasado, al-Sisi ganó las elecciones con un arrasador 96 por ciento de los votos. No obstante solo el 47.5 por ciento de un padrón electoral de 53 millones de votantes se presentó en las urnas. Lo que sucedió fue que millones de personas, simpatizantes del Gobierno islamista del expresidente depuesto Mohamed Morsi, boicotearon las elecciones con su notoria ausencia.

Lo cierto es que en Egipto solo dos plataformas políticas lograron echar raíces con el tiempo; ninguna de ellas connaturalmente democrática en espíritu o en práctica. La primera es aquella inaugurada por el golpe castrense de 1952 que derrocó a la monarquía, llevando a Nasser a la prominencia. La segunda, la fórmula islamista de los Hermanos Musulmanes, fue y es vetada al día de hoy por los herederos de la primera. Al-Sisi accedió a la presidencia poniéndole punto final a la breve experiencia de los Hermanos Musulmanes en el poder. Estos solo perduraron un año en el palacio presidencial de Ittihadiya, entre junio de 2012 y julio de 2013, cuando Al-Sisi y los militares los mandaron a echar.

Al-Sisi ha buscado consolidar su poder llevando a cabo un fuerte esfuerzo para reprimir y desprestigiar a los sectores islamistas dentro y fuera de su país. Como punto favorable para la comparación, Nasser también se caracterizó por emplear la mano dura con los islamistas. Como punto en contra, lo hizo en virtud de motivos diferentes. Quien supo ser el conductor del socialismo árabe mantuvo relaciones cordiales con dirigentes islamistas, empleando sus conexiones para acrecentar legitimidad en su camino a la popularidad. Bien, este acuerdo fue progresivamente deteriorándose dadas las irreconciliables diferencias entre un estilo político secular y otro religioso. Al final, se rompió definitivamente luego de que un islamista intentara asesinar al presidente en Alejandría en 1954.

Nasser y al-Sisi se parecen en que ambos colisionaron con el islamismo, necesitando denostarlo para ensalzar su propia reputación y legitimidad. Pero al-Sisi, producto de las dinámicas recientes de la Primavera Árabe, ha dado un paso más allá haciendo de la lucha contra el islamismo y el wahabismo elementos de su política exterior. El presidente busca un mandato internacional para combatir al Estado Islámico (ISIS) en Libia, y le ha destruido el apoyo político a Hamás. Nasser, por otra parte, también persiguió posicionar a su país en la cresta de un esfuerzo internacional de espíritu cruzado, aunque con un enfoque diferente. Apoyó militarmente a facciones socialistas en el mundo árabe, sobretodo en Yemen, en contra de la influencia de las monarquías conservadoras.

Por su socialismo y panarabismo, Nasser resultó un personaje antagónico para los reyes y jeques de Medio Oriente, que consideraban cual plataforma revolucionaria una amenaza directa al statu quo y a su posición entre los árabes. Al-Sisi en contramano ha encontrado aliados entre las monarquías árabes, que miran ahora con preocupación la gestación de movimientos islámicos dentro y fuera de sus fronteras. Téngase presente que por representar un bastión contra el islamismo, el Egipto de al-Sisi recibió el año pasado 10.6 billones de dólares de los pudientes Estados del Golfo.

Por supuesto, un punto de divergencia notorio pasa por el eje del conflicto árabe-israelí. Al-Sisi no expresa en público una retórica fulminante en contra de Israel, y de hecho prefiere evitar el tema. No obstante, con una agenda exterior antiislamista, y obligado por los compromisos del pasado y el presente con Washington, en este punto al-Sisi no refleja el legado de Nasser, mas sí el que construyera Anwar Sadat, (y que cuidara su sucesor, Hosni Mubarak). Nasser buscó unificar a su pueblo apelando a un pannacionalismo consumido por un discurso exasperadamente antiisraelí y anticolonialista. En 1956 nacionalizó el Canal de Suez, y supo sacar capital político –unidad– entre su pueblo, luego de la intervención militar tripartita (de Reino Unido, Francia e Israel) propuesta a abrir el canal al comercio internacional.

Nasser, como Al-Sisi, minimizaron el estatus del islam en la esencia nacional egipcia. Sin embargo, el último ha buscado fomentar la unidad haciendo énfasis en la situación de los cristianos. En un gesto de importante simbolismo, el presidente visitó una iglesia copta en nochebuena y dijo que los cristianos, discutiblemente los habitantes más antiguos de Egipto, son un pilar elemental de la nación. Evidentemente quedará por verse si el líder logra cosechar réditos políticos con su acercamiento a esta comunidad, la cual en los últimos tiempos ha sido devastada por el radicalismo islámico, y marginada de la atención del Estado. Si tiene éxito, y en efecto su Gobierno logra mejorar la situación de los coptos, al-Sisi habría contribuido en sanar una deuda pendiente de Egipto, sentando un importante precedente para el mundo árabe en general.

En última instancia, quizás el punto más relevante en la comparación entre las dos figuras tiene que ver con el estilo de Gobierno ¿Es al-Sisi una continuación de la tradición autocrática de sus predecesores? ¿O realmente es un demócrata? ¿Puede escapar de su investidura de militar y colocarse en la de un republicano? Su represión sobre manifestantes, la presión sobre periodistas, y su estilo de conducción en el presente, sugieren que es difícil cortar con el pasado. Por diestra o siniestra, el registro muestra que ambos líderes portan un perfil carismático, pero autocrático al fin.

Egipto ha sido históricamente gobernado por personalidades fuertes, con egos, complejos y estilos marcadamente unilaterales de conducción. Al-Sisi tiene en frente el desafío de convertirse en el eslabón de un Egipto en transición hacia un sistema con instituciones civiles funcionales. Sin embargo, para ello debe reunir el consenso de una población profundamente divida.

El país del Nilo presenta problemas sistémicos de pobreza y desafíos crónicos frente al desempleo juvenil. Por esta razón, podría ser que solo éxitos en la asignatura económica resulten clave a la hora de sanar las brechas sociales. Solamente encaminando a su país al pleno empleo, formando instituciones y alcanzando estabilidad, podrá al-Sisi convertirse en un autócrata mucho más digno y memorable que Nasser.

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Economía

La razón del Estado. Respuesta a Javier Milei

El jueves 17 de enero, como todas mis mañanas, ingreso a la web del diario El Cronista, y en sus primeras líneas había una nota, escrita por Javier Milei, cuyo título llamó mi atención y decidí leer.

Antes de comenzar a explayar esta respuesta, es importante aclarar que quien escribe es un gran admirador de Milei, porque gracias a él y a otros economistas más, en los últimos tiempos la sociedad argentina viene despertando y dándose cuenta de que el gran problema de Argentina es el tamaño del Estado, y que gran parte de la sociedad vive para sostener no sólo a otra parte de la sociedad (por medio de subsidios y planes sociales), sino también a una élite (aunque no me gusta usar esa palabra) política parasitaria, que vive de los impuestos de los demás y que (lamentablemente) no tiene idea alguna sobre cómo manejar la economía del país, como así tampoco se decide a hacer cambios radicales para asegurar el crecimiento sostenido de nuestra economía, ya que esos cambios radicales constarían de atentar contra sus propios intereses (por ejemplo, eliminando cargos políticos, bajando la cantidad de asesores, eficientizando el funcionamiento del Estado, transparentando la política). En ese sentido, agradezco a Javier Milei el hecho de que ilumine a muchas personas, y (hablando en términos platónicos) los haga salir de “la caverna” y ver la realidad (que todo lo que el Estado gasta, lo pagamos los ciudadanos que trabajamos en blanco).

La nota mencionada se titulaba Sobre la naturaleza del Estado, y en ella, el autor utiliza como sustento lo escrito por varios autores, conduciendo luego la estructura de su escrito hacia una opinión totalmente personal, que es la de que el Estado es el enemigo del individuo. Y es por esta conclusión que este humilde servidor ha decidido realizar una respuesta a la nota, y (si se quiere) iniciar un debate, ya que del debate formal y respetuoso es de donde se obtienen las buenas conclusiones e ideas.

Vayamos al quid de la cuestión. Javier Milei titula a su nota Sobre la naturaleza del Estado, pero no explica la naturaleza del Estado. Es decir, el autor no responde al porqué del nacimiento del Estado, sino que trata, por argumentos que son posteriores a la creación del Estado, de decirle al lector que el Estado nace única y solamente para robar, y que por lo tanto es “nuestro enemigo” (de los individuos). Por lo tanto, y al utilizar argumentos que cronológicamente no tienen conexión lógica con una proposición, la proposición final (el Estado es nuestro enemigo porque nace para robarle al individuo) se anula por sí misma.

¿Cuál es el argumento de Milei? Utilizando a Franz Oppenheimer, informa que solo hay dos medios para obtener riqueza: los “medios económicos” (crear la riqueza por medio de la producción y el intercambio comercial) y los “medios políticos” (captura de bienes o servicios de otros por medio de la fuerza o la violencia –a lo cual podría agregarse que no sólo se puede capturar el bien o servicio, sino la riqueza generada por ello-). Según Milei, este es un acto de confiscación unilateral o robo de la propiedad de otro.

Como el Estado no produce bienes o servicios (y por lo tanto no genera riquezas), la forma de obtener riquezas del Estado es la de los “medios políticos”. Así, y como para todo libertario el Estado es un aparato que roba, Milei propone que el Estado nace para robar.

Es posible ver, entonces, que el argumento de Milei no es sostenible porque sencillamente no explica la causa del nacimiento del Estado. No explica el porqué. Milei dice que el Estado no genera riquezas (con toda la razón del mundo), sino que las confisca, las roba. Y afirma que como las roba, nace solamente con esa finalidad. Así, es posible ver que, efectivamente, no explica cómo nace el Estado. No explica la finalidad que tiene el Estado. El autor toma una concepción posterior (la herramienta para el financiamiento del Estado, que son los impuestos) para explicar un hecho anterior (nacimiento del Estado). Así, su argumento se cae.

En uno de los párrafos de la nota, el autor afirma que “…el Estado nunca ha sido creado mediante ´contrato social´ alguno y siempre ha nacido mediante la conquista y la explotación”. Allí, nuevamente habla sobre la creación del Estado (bajo una concepción libertaria), pero no trata el porqué de su creación.

Ahora bien, para descifrar la naturaleza del Estado, hay que remontarse a los autores clásicos, que también cita Milei en su artículo. Los autores a los que aquí se hace referencia son J.J. Rousseau y J. Locke. Ellos son, si se quiere, los padres de la izquierda y la derecha.

Por un lado, Rousseau (en El Contrato Social) sostiene que el hombre es libre y bueno por naturaleza, y que las instituciones creadas luego del pacto social lo restringen y lo hacen malo, lo incivilizan, lo corrompen. Esta comunidad epistémica sostiene que la riqueza es una, y que unos privilegiados roban y se quedan con mucho, y así generan pobreza, y que el Estado es la creación de esos privilegiados para mantener el poder sobre los pobres. El Estado, para Rousseau, es una estructura de poder que se debe “desenmascarar”, y considera que la propiedad es el origen de la desigualdad, y que esa desigualdad es una igualdad rota (o sea, iguales en el estado de naturaleza, desiguales una vez creado el Estado). Para Rousseau, el primer contrato (que crea el Estado) es antisocial, ya que sirve para robar. Luego existe un segundo contrato, el contrato social, donde los ciudadanos enajenan sus derechos hacia la Asamblea. El contrato social es dar todo, de todos, a la comunidad.

Por otro lado, Locke (en Tratados sobre el Gobierno Civil, que incluye algunos ensayos anteriores del mismo autor), considera que el hombre, en estado de naturaleza, es un ser malvado que se aprovecha de su superioridad con respecto a otros hombres (por posesión de riquezas superiores, de fuerza, de inteligencia, u otras características). El estado de naturaleza es malo, es un estado de guerra, donde unos contra otros luchan por los recursos. Entonces, el Estado se crea para asegurar una convivencia pacífica. Es decir, los hombres, de común acuerdo, crean el Estado para darse a sí mismos seguridad jurídica y seguridad personal. Se construye el Estado entre todos, por el bien de todos. Así, Locke propone también la división de poderes del Estado para que el Estado no oprima (ya que, como se le da todo el poder de policía, podría ejercerlo arbitrariamente contra sus súbditos –los ciudadanos-). Así, el Estado se crea para civilizar a la gente, salir del estado de guerra, siendo la vida mucho mejor con leyes, no sin ellas. De esta manera, todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y las desigualdades (económicas o de cualquier otro tipo) son igualdades pendientes de ser creadas. El Estado, las instituciones, están para crear igualdad y oportunidades. El poder se crea para asegurar derechos y libertades.

Si se trata de mantenerse en el plano teórico, así surge el Estado. En el plano práctico, el Estado (organizado como tal) no existía hasta 1648, con la finalización de la Guerra de los 30 años y la firma de la Paz de Westfalia. Para ver sobre el nacimiento del Estado, se invita a visitar el blog Nada es gratis en la vida, blog personal de este autor y que, en su primer escrito, habla sobre el nacimiento del Estado. El Estado nace formalmente para asegurar la supervivencia de la gente.

Anteriormente, por esos años mencionados, la normalidad en las relaciones internacionales era la guerra y, por lo tanto, los diferentes territorios tenían que defenderse ante ataques externos. Para ello, los Reyes (en aquellos momentos) solicitaban el pago de impuestos a los señores feudales, con la finalidad de financiar ejércitos que permitieran defenderse ante ataques externos y, así, proteger sus tierras, cosechas, y a su población. De esta manera nace el Estado, para dar seguridad. Además, y con el paso del tiempo, el Estado también comenzó a centrarse no solo en la seguridad personal y física, sino en la seguridad jurídica, con la creación de leyes que gestionen las relaciones sociales, y con jueces que diriman los conflictos que podían surgir.

Así surge el Estado, y para eso está el Estado. El Estado no nace para robar, como afirma Milei, sino que nace para proteger. Proteger a las personas de sí mismas. Nace para civilizar a la sociedad, para establecer parámetros de buena convivencia y para que, al fin y al cabo, no se maten unos a otros por obtener un recurso o un bien. El Estado no es nuestro enemigo, como dice Milei. El Estado es el protector de libertades y derechos.

Ahora bien, que en Argentina (y en muchos otros países) los políticos (que son quienes manejan el Estado) sean personas que buscan más su interés personal por sobre el de la ciudadanía, que sean tremendamente corruptos, que se protejan a sí mismos y se genere una casta o élite política que utiliza recursos estatales (o sea, de todos los ciudadanos) para perpetuarse en el poder y seguir viviendo a costa de los demás, es otra cosa. Sí, muchos políticos argentinos son parásitos. Sí, muchos políticos argentinos son corruptos. Sí, un Estado sobredimensionado limita las capacidades productivas del país y desincentiva la inversión. Sí, en Argentina se ahoga con impuestos a la sociedad y a las empresas. Sí, tenemos una justicia muy corrupta y que se inmiscuye en cuestiones económicas sin conocimientos. Sí, el nivel intelectual de nuestros legisladores es paupérrimo. Pero todo eso no quita que el Estado fue diseñado para protegernos. El Estado no es nuestro enemigo, el Estado es una herramienta necesaria.

Si queremos cambiar el país, se deben hacer muchos cambios radicales. Y el cambio que más costará es el cultural. El cambio que lleve a la sociedad a entender que si uno no trabaja, no produce, y por lo tanto no tiene derecho a pedir beneficio alguno. No se puede castigar a unos para sostener a otros por el simple pensamiento (no hecho) de que es “moralmente bueno”. El cambio que debemos hacer es el de mentalidad. Es menester abandonar la mentalidad becaria (pensar en vivir becados, o sea, sostenidos por otro) y empezar a hacerse responsable de su propia vida. Así, nuestro país tendrá un gran potencial. Sino, estará condenado al fracaso.

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Nota de Opinión

¿Debe eliminarse el aguinaldo?

Lo que hoy denominamos “aguinaldo” lejos está de ser “un sueldo más” como alguna vez fue. Se trata de un pago diferido del salario. Esto perjudica al trabajador por lo que, si queremos mejorar su calidad de vida, debería prorratearse sobre los doce sueldos regulares y eliminarse su figura actual de las liquidaciones salariales. Van los motivos.

El aguinaldo es una tradición que se originó en pueblos como el celta y el romano. Era un regalo que se hacía para desearle un buen año próximo a alguien. Conforme a la tradición evolucionó hacia un extra o un plus que recibían las personas con motivo de las fiestas. El aguinaldo original se trata pues, en términos jurídicos, de una donación que agregaba riqueza a quien lo recibía.

Distinto es el caso del Sueldo Anual Complementario (SAC), este instituto no está contemplado en nuestra Constitución y fue incorporado a nuestra legislación originalmente en 1945, durante la Dictadura de Farrel. El mismo nace con el Decreto 33.302/1945 propuesto por el Coronel Juan Domingo Perón que fue sancionado el 20 de diciembre de 1945. Dicho decreto establecía en su art. 45 la obligatoriedad de pagar un sueldo adicional a a cada empleado. Decía que los empleadores “están obligados a pagarles el 31 de diciembre de cada año y a partir del 31 de diciembre de 1945, inclusive, a sus empleados y obreros un sueldo anual complementario por lo menos”.

Dicho decreto generó al cortísimo plazo un genuino salario adicional a cobrarse de inmediato (que bastante bien le vino a Perón para las elecciones presidenciales que se celebraron 2 meses después, el 24 de febrero de 1946). Fue una forma eficiente de ganarse la adhesión de las masas con el dinero ajeno, un donante de sangre ajena. Al implementarse esta decreto se generó en un primer momento un ingreso extra, una transferencia de riqueza de empleadores a trabajadores. Situación que pronto encontró su límite por la restricción presupuestaria y la necesidad de mantener los puestos de empleo ya que no es sostenible en el tiempo un sueldo real por encima del precio de equilibrio, ello genera desempleo lo cual contradecía el objetivo de pleno empleo impulsado por Perón.

El SAC y otras medidas trajeron un beneficio palpable al corto plazo. Entre 1945 y 1949 el salario real promedio obtuvo una mejoría del 57%. Pero allí encontró su techo y desde entonces no pudo sostenerse en esos niveles. Fluctuó durante años por debajo de ese nivel y recién logró superar dicho pico de forma sostenida en 1964, casi 20 años después de la sanción del decreto (tal como surge del estudio de Cazón, Kennedy y Lastra, ver cuadro 1).

Dicho en otros términos el impacto económico positivo de corto plazo que implicó el SAC fue licuándose progresivamente hasta alcanzar su nivel de equilibrio. Dejó de representar un salario “extra” ganado sobre los empleadores y pasó a integrar el salario total anual posible pagado por los empleadores. Solo que ahora se pagaba en 13 partes iguales. Cuando empresas y trabajadores negocian lo que está sobre la mesa es el salario total anualizado, el total a pagar, por lo que resulta anecdótico a priori que se pague en 12, 13 o 24 veces el monto total. Es decir, el salario total real no es mejor, hoy día, por la existencia de un SAC ya que su efecto de conquista se licuó y ya fue incorporado a la discusión salarial general.

El SAC hoy opera en perjuicio de los trabajadores y la explicación es sencilla: el empleador tiene ya computado el 8,33% del sueldo que cada mes en lugar de pagarle al empleado se reserva a cuenta del aguinaldo. Para el empresario es lo mismo pagar el salario anual total en 12 pagos que hacerlo en 13, en términos de costos la diferencia no es de naturaleza económica (no varía cuánto paga el empleador) sino que es una diferencia financiera (sobre cómo lo paga). ¿Por qué nos pagan en trece partes lo que podrían pagarnos en doce?  Estamos cobrando mensualmente un 8,33% menos que lo que podríamos cobrar para que nos lo paguen todo junto cada 6 meses. En formato matemático:

Equivalencia entre masa salarial con 12 o 13 pagos | Aporte del Lic. Martín Moretti

¿Cuál es el problema entonces? Que pasada la conquista inicial sobre los empleadores el SAC dejó de ser un “salario extra” y pasó a representar un pago diferido semestral de un porcentaje mensual de cada salario. En criollo: cada mes el empleador se queda con el equivalente a la doceava parte de tu sueldo que luego te paga un tiempo después, cada seis meses.

Esto trae al menos dos perjuicios para el trabajador:

  1. Alteración de incentivos del consumidor: Las personas manejamos de manera diferente nuestro ingreso cotidiano a los ingresos extraordinarios. Si bien en un escenario de individuos perfectamente racionales y con previsibilidad perfecta no debería haber diferencias sensibles en el comportamiento del consumidor la realidad es más compleja y en consecuencia las personas administran de forma diferentes el dinero del SAC. Llevando muchas veces a conductas ineficientes y decisiones potencialmente peores para su bienestar.
  • El negocio financiero: diferir el pago de la doceava parte del sueldo cada mes representa un beneficio para el empleador, no para el empleado. Al permitirse cada semestre que una parte del total de sueldosdebidos se pague de manera diferida lo que termina pasando es que el trabajadorfinancia al empleador quien administra esta parte del sueldo beneficiándose(sea utilizando el dinero para financiarse o sea evitando tener que financiarsepara pagar el sueldo). El empleado absorbe el costo financiero del SAC al quedebe sumarse el costo de oportunidad.

¿Por qué seguimos con esto? ¿creemos que los trabajadores son estúpidos y no pueden administrar su plata? ¿vivimos con la ilusión de que se trata de un “extra” cuando no lo es?. Es algo injusto, ridículo e inútil.  Lo lógico sería integrar y prorratear el SAC al sueldo corriente de los pagos regulares y así obtener el sueldo total en doce partes mensuales equivalentes (El sueldo más el 8,33% que se pagaba antes). Es decir, propongo eliminar el mal llamado “aguinaldo”, el SAC, para beneficiar a los trabajadores.

Pero como Argentina es un país con muchas personas que prefieren vivir en una ilusión, monetaria en este caso, antes que enfrentar la realidad de las cosas quizás sea una propuesta superadora que se otorgue el derecho a elegir para los trabajadores sobre cómo desean cobrar el sueldo que hoy se les paga en diferido mediante el SAC. Así cada uno podrá elegir si necesita que el empleador “le cuide” la plata mes a mes o si se siente lo suficientemente adulto y responsable como para administrar su dinero y cobrarlo todos los meses.

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Nota de Opinión

Dujovne elige un extranjero para un área clave, la Dirección de Tecnologías Informáticas.

Nicolás Dujovne presenta uno de los presupuestos más consensuados de la historia argentina

El ministro de Hacienda Nicolás Dujovne decidió pedir “excepciones” a las exigencias de la ley de regulación del empleo público y así designar a una persona de su confianza en el área de Dirección de Tecnologías Informáticas. La medida se dio a conocer hoy, mediante la Decisión Administrativa 1836/2018.

La medida, publicada hoy en el Boletín Oficial, manifiesta: “Autorízase al ministerio de Hacienda para contratar al señor Germán Añon Barros  con carácter de excepción al requisito de nacionalidad establecido en el inciso a), del artículo 4 de la Ley Marco de Regulación del Empleo Público Nacional N 25.164″.

Si bien en el sitio de acceso público “Concursar” del Estado Nacional, tiene vigente la convocatoria para el concurso que esté destinado a cubrir la vacante del lugar de tecnologías informáticas para el Ministerio de Hacienda, Nivel “B” y función ejecutiva IV, el Ministro de Hacienda ya avanzó con uno de los casilleros y decidió la contratación de Añon Barros.

En este sentido, Dujovne también dio empleo hoy a María Eugenia Tarraf, quien fue nombrada en el cargo de subgerente de Lucha contra el Lavado de Activos, de acuerdo a la publicación en el Boletín Oficial. Las medidas, cuentan con la firma del jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña.

De esta manera, desde la cartera de Nicolás Dujovne llevaron adelante la Decisión Administrativa que autoriza las contrataciones de personal. Las medidas, fueron dispuestas como “excepciones”, ya que la ley de regulación de empleo público determina ciertos requisitos a cumplir para las designaciones realizadas dentro de la órbita del Estado.

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