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Actualidad Política

El fanatismo chiita, un fenómeno peligroso y moderno

La rama minoritaria del Islam, responsable de la revolución teocrática en Irán, vuelve a copar las noticias debido a su ofensiva desestabilizadora en Yemen. Un repaso por su historia y su doctrina

 Los sucesos contemporáneos en el mundo árabe han puesto en boga la opinión de que los musulmanes se dirigen, si es que ya no están allí, a una guerra entre sunitas y chiitas. Aunque a estas alturas cualquier juicio sobre la situación es prematuro, y aunque deberán pasar muchos años hasta que pueda alcanzarse cierta convención histórica sobre lo sucedido, existen indicios de que una trama recurrente en los enfrentamientos en Medio Oriente pasa efectivamente por el cisma religioso más importante entre los musulmanes. Pero a diferencia del militarismo religioso sunita, que data ya desde hace varios siglos, la beligerancia o el fervor religioso entre los chiitas resulta en su mayor parte un fenómeno moderno, y en perspectiva, sus antecedentes históricos son generalmente ignorados.El Islam (con mayúscula), esto es el mundo islámico, quedó definitivamente polarizado entre sunitas y chiitas desde un etapa temprana en su desarrollo – entre doscientos y trescientos años después de la muerte de Mahoma en el año 632. Debe ser dicho, sin embargo, que la conflagración religiosa entre los partidarios de una rama u otra quedó generalmente relegada a experiencias breves, y que durante la mayor parte de la historia islámica, la disputa entre sunitas y chiitas no fue un eje dominante en el devenir político de los musulmanes. En este aspecto, si bien la violencia fratricida entre los creyentes de distinta denominación no es una novedad, los eventos recientes hablan de una guerra a gran escala, librada en distintos frentes, y por medio de actores no estatales, que generan en suma todas las condiciones para que la violencia sea más difícil de contener.A mediados del siglo IX el sunismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Abasida, y no obstante, sus califas adoptaron una síntesis entre las tradiciones políticas de los árabes y los persas, lo suficientemente práctica para rezagar tensiones y permitir la convivencia entre musulmanes de distinta inclinación y etnicidad. En este contexto, los chiitas se resignaron al statu quo, a la realización de que no podrían tener un rol político activo en la comunidad. En el siglo X los chiitas imamiés o duodecimanos, hoy politizados bajo la égida de Irán, concibieron la creencia de que el imán, el sucesor legítimo del Profeta, había entrado en un estado de ocultamiento, del cual saldría en el final de los tiempos. En este sentido, el refugio en la escatología le brindaba a la mayoría de los chiitas una suerte de paliativo contra los agravios ocasionales de los sunitas. La convicción de que todas las injusticias serían eventualmente corregidas en el momento oportuno les permitió «postergar» el conflicto religioso con los gobernantes sunitas, alcanzado incluso posiciones de influencia, siempre dentro del marco de una convivencia imperfecta con lo que para ellos era un régimen administrado por la dinastía incorrecta.

El chiismo recién adoptó fuerza política tras el establecimiento de la dinastía safávida en Persia en el año 1501. Los safávidas emprendieron una dura campaña de proselitismo religioso en favor del imamismo, y constituyeron un gran Estado unificado que llegó a abarcar partes de Anatolia, el Cáucaso y Mesopotamia, rivalizando, y ergo enfrentándose militarmente, con el Imperio otomano. La fractura religiosa entre estas dos potencias musulmanas de la época ciertamente constituyó un sesgo del conflicto, pero la guerra fue motivada principalmente por consideraciones de índole territorial, ensalzadas con apelaciones religiosas, tal como en analogía era costumbre entonces entre los príncipes europeos. Al final de cuentas, por más que estos imperios desaparecerían, sus batallas virtualmente fijaron los límites modernos entre Irak e Irán, y a la vez determinaron la distribución demográfica entre las sectas del islam hasta nuestros días.

La explicación por la cual las guerras entre safávidas y otomanos no alcanzaron el nivel crítico de antagonismo religioso que se ve hoy en día en Medio Oriente, tiene que ver con su conducción en manos de estadistas, y no en expertos o entusiastas de la religión. Pese a ser un conflicto prologado, también hubo períodos de paz y de reconocimiento mutuo. Lo que a mi criterio es más importante, ni los shas safávidas o los califas otomanos lograron ejercer gobiernos plenamente legítimos desde el punto de vista de la opinión ortodoxa de sus respectivos clérigos. Los persas no podían alegar ser imanes porque el fin de los días no había llegado, de modo que los letrados chiitas tuvieron que encontrar un compromiso entre lo sagrado y lo profano para cubrir al monarca safávida con un mandato de legitimidad religiosa. Como resultado se concedió que el dirigente ejemplificaba al imán en algunas dignidades. Este pensamiento sería eventualmente teorizado y puesto en práctica en una coyuntura moderna por el ayatolá Jomeini, como el «gobierno del jurista».

Por esta razón, el legado del Imperio safávida se ve reflejado en muchos aspectos en la actual teocracia iraní. Bajo los safávidas, el ulema, el cuerpo de juristas musulmanes, jugó un papel fundamental en la institucionalización del chiismo en Irán, y su intrincada relación con el poder y con la gente ordinaria. La implicancia fundamental de este proceso se traduce en que el chiismo, particularmente el imanismo, ha pasado de ser «una doctrina fundamentalmente esotérica e iniciática«, a convertirse también en una ideología altamente politizada. Tal es así, que los revolucionarios iraníes y sus discípulos árabes chiitas lograron, desde la década de los ochenta en adelante, que su narrativa mesiánica se materializara en una plataforma políticamente activa, que busca impartir la transformación del orden moral y religioso mediante la movilización social. Por medio del activismo de las masas, esta ideología insistía en que era posible reparar la sociedad y por consiguiente avecinar la utópica redención aparejada con el final de los días.

Sintetizando, lo que hoy discuten los analistas es que los movimientos chiitas contemporáneos comparten una preocupación general por tomar un rol activo en «acelerar» la realización de sus aspiraciones, abandonando la postura reactiva de «postergar» el conflicto con sus adversarios religiosos.

Por otro parte, luego de la sangrienta y prolongada guerra librada entre Saddam Hussein y el ayatolá Jomeini entre 1980 y 1988, el régimen islámico chiita, similarmente a lo que le ocurrió a todos los regímenes «revolucionarios» con aspiraciones globales en la historia, cayó en la realización de que no podría promover la expansión de sus ideales por medio de la acción militar directa. Tendría, en contrapartida, que adoptar un enfoque más diligente para cosechar influencia entre los chiitas del mundo, y hacer valer sus ideales en el propio entorno doméstico. Como consecuencia, puede observarse que entre finales de los ochentas y comienzos de los noventa hicieron su aparición en escena el Hezbollah libanes, y el Ansar Allah yemení, grupos conexos a Irán.

Los sunitas también vienen experimentado un proceso de ideologización de la religión a la política, más complejo y con mayor diversidad de matices que el jomeinismo iraní. El llamado islamismo, lo que viene a ser el islam político, es una invención sunita que tomó sustancia a comienzos y mediados del siglo XX, principalmente en Egipto, y que como su contraparte chiita, comparte una preocupación por «islamizar la Modernidad» mediante la inserción de la religión en la política y la cotidianeidad social. Desde la generalidad, un rasgo que caracteriza a los islamistas es su aprensión por los no musulmanes y su insistencia en la unión de los fieles frente a las adversidades comunes, minimizado las distinciones sectarias entre ellos. Por esta razón, grupos sunitas como el Hamás palestino y la Yihad Islámica han hecho de Irán un benefactor en función de su compartido odio hacia Israel.

Tras el cambio de régimen en Teherán en 1979, las monarquías sunitas conservadoras del Golfo comenzaron a temer que la experiencia iraní dejará adversas repercusiones en la región, temiendo principalmente que grandes grupos chiitas se sublevaran siguiendo el ejemplo de los revolucionarios persas. Teniendo en cuenta que en Arabia Saudita el diez por ciento de la población es chiita, esta consideración ayuda a explicar el multimillonario apoyo que los monarcas sauditas brindaron en las últimas décadas a instituciones educativas y grupos armados wahabitas, completamente opuestos a los chiitas, pero incidentalmente también motivados a purgar a la sociedad global – en regla con estándares de pureza anatemas con las formas modernas.

Con los sucesos de la llamada Primavera Árabe quedó demostrado que las propias masas sunitas también tienen el potencial de organizarse y de destronar a sus respectivos gobernantes. Por ello, paradójicamente, los Estados del Golfo se han tornado en contra de casi todo grupo religioso que de un modo u otro aboque por la reforma, muchos de los cuales hasta relativamente muy recientemente habían apoyado abiertamente.

No obstante no toda agenda islámica es igual, y el islamismo no necesariamente es lo mismo que el fundamentalismo islámico. Los islamistas desde luego son conservadores peligrosos, pero tienen interés en canalizar los beneficios de la ciencia y la tecnología en función de su causa, y no siempre adoptan la violencia para alcanzar sus propósitos. Los fundamentalistas en cambio, mejor ejemplificados por grupos como Al Qaeda, Boko Haram y el Estado Islámico (ISIS) predican con la espada y con la doctrina wahabita. Las primeras víctimas del fundamentalismo son y continuarán siendo los propios musulmanes que no coinciden con los postulados radicales y absolutamente anacrónicos elevados por los grupos recién mencionados.

Para ser precisos, la guerra entre sunitas y chiitas no es una guerra abierta entre islamistas de distinta denominación, sino una complicada guerra de todos contra todos que ha adquirido distinto nivel de significancia religiosa según las partes. Para los Estados sunitas se trata de una guerra por la supervivencia de los regímenes gobernantes y la estabilidad del vecindario, motivo por el cual están abiertamente enfrentados a la quimera sunita que resultó ser el ISIS. En paralelo, para los países sunitas, especialmente Arabia Saudita, existe una guerra indirecta contra Irán, que busca consolidarse en la región a través de sus agentes árabes. Para la Siria del clan al-Assad y sus allegados, se trata precisamente de la misma cuestión de vida o muerte, en tanto la supervivencia del régimen coincide plenamente con la supervivencia de sus líderes. Para los iraníes, la conflagración pasa por preservar sus intereses en Medio Oriente, principalmente en Siria y en Irak, y luego en Yemen. En contraste con los miedos de otros regímenes, la continuidad de la teocracia iraní no se asume en riesgo; mucho menos después del acuerdo alcanzado con Estados Unidos en virtud del cuestionado programa nuclear.

Donde la religión parece jugar el papel más avasallante es en los actores no estatales, que por su misma naturaleza no están sometidos a los mismos escrúpulos normativos y disyuntivas de orden secular que sí tienen los Estados propiamente dichos para refrenar el fanatismo. Comenzando sin lugar a dudas con los yihadistas del ISIS, enfrentados tanto al establecimiento sunita como a la estatidad chiita, los elementos más volátiles dentro del wahabismo están en una guerra ofensiva contra todos. Los chiitas, que se estima representan alrededor del 15 por ciento de los 1.6 billones de musulmanes en el mundo, siguiendo esta lógica se enfrentan ante una guerra para preservar sus conquistas e intereses. Lo único que por lo pronto está claro a grandes rasgos, es que la religión es parte de la labia de todos los actores enfrentados, persigan objetivos utópicos o metas más cerca a tierra. El peligro a largo plazo es que el sentido identitario de los musulmanes se vea revertido al sectarismo que caracterizó los primeros siglos del islam, y que de mantenerse esta tendencia, se asiente un duro golpe a todo proyecto de construcción nacional y reconciliación entre los fieles.

 

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Actualidad Política

Alberto Fernández, precandidato a Presidente, CFK a Vice

Cristina Fernández y Alberto Fernández compartieron el Gobierno

Cristina Kirchner sorprendió a todos y anunció este sábado que será candidata a vicepresidente en una fórmula que encabezará Alberto Fernández.

Así, la actual senadora se bajó de la candidatura presidencial y explicó que le ofreció ser candidato al ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner. «Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula a presidente que integraremos juntos, él como candidato a presidente y yo como candidata a vice en las PASO».

En el mensaje, recordó que conoce a Alberto Fernández desde hace más de 20 años y reconoce que con el dirigente tuvieron diferencias. «Fue jefe de Gabinete de Néstor (Kirchner) durante toda su presidencia, lo vi junto a él decidir, acordar y buscar la mayor amplitud posible. Fueron tiempos muy difíciles, pero estos que estamos viviendo son dramáticos. Nunca tantos y tantas durmiendo en la calle», sostuvo la senadora nacional.

El mensaje, de casi 13 minutos, titulado «En la Semana de Mayo, reflexiones y decisiones. Sinceramente Cristina», comienza diciendo: «Hoy sábado 18 comienza la Semana de Mayo y el próximo 25 se cumplen 16 años del día en que Néstor asumió como presidente de un país devastado».

«Quiero dirigirme a mi compatriotas para compartir reflexiones y decisiones», inicia la ex presidenta el mensaje grabado, en el que destaca que «nunca me desvelaron los cargos políticos ni fueron mi principal motivación».

«Después de haber sido dos veces presidenta de este país, la expectativa o ambición personal están subordinadas al interés general», indicó la senadora de Unidad Ciudadana, antes de dar a conocer su decisión de presentarse como candidata a vicepresidente.

«El mundo es distinto y el país también», enfatizó Cristina Kirchner, quien planteó dar «nuevas respuesta a los nuevos desafíos».

La candidatura de Cristina Kirchner llega a días del inicio del primer juicio oral contra la expresidenta por la supuesta corrupción en la obra pública de Santa Cruz. El caso había despertado una fuerte polémica por una medida de la Corte Suprema que generó incertidumbre sobre la postergación del juicio, que finalmente se confirmó para este martes 21 de mayo.

Ante la decisión de CFK de postularse a vicepresidenta, otro de los candidatos a presidente dentro del kirchnerismo, Agustín Rossi, decidió bajar su candidatura presidencial para acompañar a la fórmula Fernández-Kirchner.

Sobre el sorpresivo anuncio, el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, aseguró: «No me corresponde analizarlo, yo no voy a opinar del tema, lo que importa es que en octubre podamos oponer a este gobierno un camino de salida, no seguir hablando de la grieta».

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Actualidad Política

Violencia de género: conferencia y disertación

Jornada sobre violencia de género

Con la finalidad de poner de manifiesto la necesidad de concientizar sobre la Violencia de Género de empoderamiento y de capacitación, así como de asesoría especializada que precisan las féminas que optan por dar vida a sus proyectos profesionales, que muchas veces son también, los personales, la Asociación de Profesionales y Representantes de Emprendedores y Empresarios Afines se complace en invitarte al desayuno sobre la Violencia a la Mujer.

Fecha del evento: 18/05/2019.

Horario: 10 a 12 AM.

Lugar: Confitería The Rozz (Avenida Medrano 152 CABA).

Auspicia: Taller Legal, APREEA y Emprender

Temario

10:00 hs – Bienvenida a cargo del Dr. Chiesa Juan Pablo10:05 h – Disertación a cargo de Camila Carnes y Estefanía Bembi (Especialistas en violencia de la Mujer)
Violencia Familiar Ley 24.417
Violencia contra las mujeres. Tipos de Violencia
Ciclos de Violencia o espiral. (fase de agresión, de tensión y de reconciliación)
1050 h – Charla con Milagros Sanchez sobre la visibilizacion de la problemática y la deconstrucción cultural
1120 h – Charla con el Dr. Juan Pablo Chiesa sobre violencia en el ámbito del Trabajo “mobbing” o acoso laboral. El techo de Cristal “un castigo inadmisible”
1145 h – Consultas, preguntas, dudas.
12:00 h – Fin del evento.

Durante el evento, se abordaron diversas temáticas a desarrollar durante el año; entre ellas, la contención psicológica, estrés, violencia y acoso laboral, el empoderamiento de y para las emprendedoras, autoestima y trabajo en equipo, mitos en torno al techo de cristal, entre otros.

Protección integral para una vida sin violencia y sin discriminación.

Se entregara material e información en papel sobre la temática y material importante para que lleven a sus casas.

Te pedimos que confirmes tu asistencia completando el formulario de inscripción o bien mándanos tu nombre y apellido al (WhatsApp) 115 980 3777. (Consumición mínima $100 incluye desayuno). ¡Entrada GRATIS!

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Actualidad Política

Ciudadanos Libres y la puja con el GCBA

Un fallo de primera instancia de la Justicia en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad de Buenos Aires, ordenó al gobierno de Rodríguez Larreta a identificar públicamente, quienes son los docentes de escuelas de CABA sumariados en los últimos cinco años, indicando el establecimiento en el que se desempeñan.

La Ciudad, se había negado a brindar dicha información, ante el pedido efectuado por la ONG Ciudadanos Libres, que preside el abogado José Magioncalda, quien es, además, dirigente de la coalición Republicanos que lidera Darío Lopérfido.

El letrado festejó el fallo en su cuenta de twitter, sosteniendo que “Donde @horaciorlarreta y la mafia sindical docente quieren oscuridad, nosotros ponemos transparencia”.
La sentencia aún no se encuentra firme y podría ser apelada.
Ver texto completo

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