De qué escapan los refugiados

En estos días, hemos sido testigos de las estremecedoras imágenes del cuerpo del niño sirio Aylan Kurdi yaciendo en una playa de Turquía tras haberse ahogado al intentar cruzar por medio de una lancha a Grecia. La tragedia de Aylan y su familia pusieron al descubierto la crudeza de la migración y los refugiados de guerra, y puso en evidencia la crueldad de las condiciones de viaje para poder llegar a la ansiada Europa que enfrentan los migrantes.
En abril de este año, en un hecho que fue denunciado por el Papa Francisco, 700 inmigrantes provenientes de África murieron ahogados en un barco que se hundió cerca de las costas italianas, en una situación similar a la ocurrida a la familia Kurdi. La comunidad internacional no tomo acción alguna por las 700 personas que murieron, pero la imagen de un niño muerto cambió el panorama y visibilizó la magnitud de la tragedia.
En lo que va del año, se estima que 2500 personas han muerto tratando de cruzar el Mediterráneo hacia el Viejo Continente, en su mayoría son de origen sirio que están escapando del conflicto armado que desangra al país desde el año 2011.
Los refugiados sirios emprenden un viaje peligroso desde Turquía, Egipto o Libia, desde donde enfrentan numerosos peligros ya sea teniendo que arriesgar su vida al cruzar el mar, quedando a merced de inescrupulosos traficantes de personas que en muchos casos los traicionan y los dejan abandonados en medio del océano. En el caso de Libia, que se ha convertido en un Estado fallido, corren el peligro de ser capturados y/o extorsionados por milicianos u otros grupos armados que proliferan en la región. Si los refugiados se niegan pagarles pueden ser víctimas de violencia o incluso un destino peor.

En el caso que logren llegar a Europa, nada garantiza que estos países les den asilo y los acepten. Sin embargo, tras la presión ejercida por la gran masa migrante y las desgarradoras imágenes de Aylan Kurdi reproducidas hasta al cansancio por los medios de comunicación, la Unión Europea se vio obligada a aceptar cuotas de refugiados para distribuirlos por el continente.

A largo plazo, sin embargo, se puede esperar un endurecimiento en la política migratoria europea por motivos económicos, y a esto habría que sumarle que nunca se va a poder conocer quién es efectivamente un refugiado que huye del conflicto armado y quiénes pertenecen a una organización jihadista radical que aprovecha la marea migratoria para infiltrarse en Europa. En ese aspecto, si los Estados no llevan adelante un control sobre la migración se podría correr el riesgo de que la amenaza del ISIS ya no sea sólo un problema de Medio Oriente sino que llegue al corazón mismo de la Unión Europea.

Un dilema que surge al analizar este problema es por qué ninguno de los países árabes del Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, entre otros) quieren aceptar a los refugiados de Siria, dado que estos países se presentan a sí mismos como parte de una misma comunidad pero cierran sus fronteras, ignoran el sufrimiento del país vecino y le exigen al resto del mundo que mantengan una política humanitaria. ¿En dónde está la supuesta solidaridad del mundo árabe?

Los refugiados no se escapan de Siria por motivos económicos, se escapan porque temen por su vida y es el peor miedo que puede sentir un ser humano: el miedo constante de vivir pensando que la vida propia y la de la familia corre peligro.

Mientras se cuestiona el derecho de los Estados de la Unión Europea a decidir en materia migratoria, tal vez deberíamos preguntarnos por qué toda esta masa de seres humanos emprende un viaje en el cual arriesgan hasta su vida y qué ha hecho la comunidad internacional para enfrentar el verdadero origen del problema: la violencia que lleva adelante el régimen de Bashar al Assad contra la población siria, que diferentes organismos de DDHH no han dudado en calificar como genocidio.

Por otro lado, la sistemática limpieza étnica que el ISIS realiza hacia las otras minorías o contra quienes se les opongan en su expansión territorial. Esto incluye desde el exterminio de poblaciones enteras, atentados contra la población civil, secuestros, tráfico de esclavas sexuales y destrucción de patrimonio cultural, como se ha visto recientemente con la destrucción de Palmira.

Si la comunidad internacional enfrenta lo que realmente está detrás de esta marea migratoria, los refugiados seguirán llegando en masa a Europa y lamentablemente casos como el de Kurdi no serán los últimos.

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