Es tiempo de reducir el déficit fiscal

Esto ha quedado claro en los últimos días en el Gobierno, y en este sentido han adelantado la meta de cerrar déficit primario en 2019.

Lo que también está claro es que hay mucha confusión acerca de lo que representa el déficit fiscal y él porque es necesario por lo menos reducirlo.

Tenemos déficit fiscal cuando los ingresos fiscales no alcanzan a cubrir los egresos. Cuando gastamos más de lo que generamos. ¿Qué hacemos en nuestros hogares cuando queremos gastar más que nuestros ingresos? Simple, utilizamos ahorros o nos endeudamos. Evidentemente no podemos hacerlo para siempre, los ahorros son finitos y los futuros ingresos si nos endeudamos deberán destinarse no solo a cubrir gastos futuros sino también a repagar la deuda contraída. Lo mismo sucede con el Estado.

Sin lugar a dudas si a futuro queremos gastar más vamos a tener que aumentar los ingresos. El cómo aumentamos los ingresos fiscales alimentará el problema o será la solución, pero lo trataremos en una próxima oportunidad. En cualquier caso, reducir gastos siempre es el punto de partida.

Veamos resumidamente en que gastamos los argentinos. El gasto público que puede ser corriente (consumo) o de capital (inversión) se asigna a las siguientes partidas, como figuran en el Art. 1° de la ley presupuesto.

En primer lugar, encontraremos los gastos de la Administración Gubernamental, o sea, todos aquellos egresos para el cumplimiento de las funciones propias del Estado. Tenemos gastos para el funcionamiento del Congreso, de la Justicia, de los ministerios, de las embajadas, sueldos de los funcionarios, jueces y fiscales, legisladores, asesores, personal, viáticos, gastos de representación, etc., etc. Estos gastos representan un 5% del último presupuesto aprobado. Si los comparamos con los gastos del hogar, podríamos estar hablando entre otros de los servicios agua, electricidad y gas, expensas, abl, etc., y otros no tan esenciales, como televisión por cable, streaming de música, películas, etc.

En segundo lugar, tenemos los gastos para los Servicios de Defensa y Seguridad, esto es mantenimiento de las fuerzas militares, de la gendarmería y prefectura naval, de los servicios de inteligencia y el sistema carcelario y penal. Acá tenemos otro 5% del presupuesto. En nuestro hogar podríamos decir que son los gastos de seguridad, alarma, seguros, etc.

La siguiente categoría de gasto público engloba a los Servicios Sociales. Aquí podemos encontrar desde las asignaciones para educación y salud, pasando por las partidas para jubilaciones y pensiones, los gastos de infraestructura, hasta los planes y subsidios sociales, laborales y de vivienda, entre otros. Esta categoría representa el 65% de los gastos, y de los cuales el 75% corresponden al sistema de jubilaciones y pensiones. Acá podríamos hacer un paralelo con los gastos en alimentos, salud y remedios, y educación entre otros, sobre todo de los miembros que no generan ingresos en el hogar.

Finalmente encontramos los gastos de Servicios Económicos, estos son por un lado aquellos gastos para promoción y apoyo de las actividades significativas para el desarrollo económico, comunicaciones, transporte, energía, etc. En este punto encontramos entre otros, los subsidios energéticos, a los combustibles y al transporte. Por el otro lado involucra aquellos gastos para regulación y control, como por ejemplo aquellos vinculados a las instituciones que vigilan el cumplimiento de las regulaciones, como son el Energas y la Comisión Nacional de Valores, etc. Estos representan el 11% del gasto público aprobado. En la comparación que estamos haciendo podríamos hablar de gastos de transporte, vestimenta laboral, ocio y esparcimiento, etc.

Hasta acá tenemos el balance fiscal primario, nos queda agregar el pago de los servicios de la deuda para llegar al gasto público total. Estos equivalen al 14% en último presupuesto, y no se contempla la cancelación de capital. Este gasto crece en la medida en que se aprueban nuevos déficits primarios. En el hogar hablaríamos por ejemplo de los intereses y gastos de la tarjeta de crédito.

Como vimos al principio no es posible endeudarnos para siempre, llegara el punto en que los ingresos futuros no alcancen a cubrir los gastos futuros mas los intereses futuros y por la tanto no se consiga financiamiento adicional. ¿Podemos reducir el déficit financiero? En principio seria posible tomar nueva deuda en condiciones más favorables, con el objeto de cancelar deudas más onerosas, pero a medida que comprometemos mayores ingresos futuros nos volvemos mas riesgos y por lo tanto el crédito es mas caro, esto es el riesgo país. Si continuamos con nuestro ejemplo, si conseguimos un crédito más barato para cancelar la tarjeta que cobra intereses más caros es válido, pero solo reduce el monto de los intereses, no elimina la deuda.

Cuando escuchamos que algunos sectores solicitan reestructurar la deuda y sabiendo que no seria posible reducir significativamente los intereses a pagar, queda solo una alternativa. El default. El default es la única forma de reducir de forma drástica el déficit financiero. La alternativa que nos plantean es dejar de pagar la tarjeta. Quien haya pasado por esa situación sabe lo que es no tener crédito, y si hablamos del país por experiencia sabemos que trae consecuencias devastadoras. Índices de pobreza y desempleo superiores al 60% dejaron el default declarado en enero de 2002. Por esto debemos reclamarles mayor responsabilidad a quienes piden una reestructuración de la deuda de caras a los resultados que dicha medida podrían acarrear.

Dicho esto, si queremos reducir el gasto es necesario, al igual que haríamos en nuestros hogares, realizar un recorte en los gastos de funcionamiento, por un lado, ya sea por porque realizamos un derroche o por superfluos. Mientras que en casa apagaremos las luces que no usamos y veremos películas por cable o por streaming, pero no ambas, en el Estado debemos reducir estructuras burocráticas sobredimensionadas y gastos superfluos, como flotas de automóviles con sus respectivos gastos de mantenimiento, por solo poner un ejemplo. Por otro lado, debemos reducir aquellos gastos de promoción económica. Utilizaremos el transporte publico y dejaremos el vehículo en casa para ir trabajar. Si hablamos de los gastos estatales vemos como los subsidios se han ido reduciendo en este sentido, y porque quienes piden congelar tarifas no están viendo la totalidad del panorama, ya que mantener la tarifas significa seguir subsidiándolas y por lo tanto seguir endeudándonos, cuando ya estamos al limite de lo que nos pueden prestar, por lo que también debieran, al igual que quienes solicitan reestructurar deudas, si es que no son los mismos, ser mas responsables hacia la sociedad

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