Ese freno de mano llamado inflación

Hace unos días, el INDEC publicó el dato de inflación de septiembre el cual es el más alto desde abril de 2016 y acumula, en los últimos doce meses, un 40,5%, la cifra más alta desde la última hiperinflación del país. Esta escalada de precios tiene factores interesantes a destacar, distintos a otra etapa inflacionaria de la reciente historia del país.

Uno de ellos es la inflación mayorista, que solo en septiembre ascendió un 16%, record histórico desde 1991 y que en los doce meses registra un acumulado del 74%. El impacto de la devaluación se sintió en los precios al por mayor, con un elevado componente de moneda extranjera, en rubros que impactan luego en el bolsillo de los consumidores. En ese periodo mencionado, alimentos y bebidas crecieron a la par de lo que podría ser la inflación del año (43%) mientras que los productos agropecuarios lo hicieron en un 52%. Por otra parte, los productos petroleros subieron un 145%, los productos pesqueros un 105%, el rubro automotor 83%, la industria química en promedio 81% dentro de los que más se han incrementado junto a los bienes importados (113%). Estos últimos bienes son aquellos que impactan en la suba de precios de la siguiente ronda, es decir, de los meses siguientes, con un crecimiento en el índice de precios al consumidor de octubre y noviembre que podría superar el 5%.

Otro factor no menos importante es la elevada tasa de interés que el Banco Central cree necesaria para aspirar los “pesos excedentes” del mercado y así que no se recaliente la inflación. Con el nuevo acuerdo con el FMI, las autoridades monetarias buscan llegar a la emisión cero, frenando de golpe el ritmo que mantenía mensualmente. Por ello, emitieron diversos instrumentos de corto plazo (desde 7 días) para lograr descender la cantidad de dinero en circulación pero con tasas del 73%, es decir con una tasa real anual superior al 30%, una inversión con una rentabilidad única en el mundo. Los últimos datos oficiales revelados el viernes 19 indican que la base monetaria se encuentra en 1,31 billones de pesos y el stock de Letras de Liquidez (Leliq) ya alcanzó los 519 millones de pesos. Un dato no menor: 30 días antes, el stock de esas letras de liquidez era de sólo 257 millones. De acuerdo a informes privados, las Leliq podrían llegar al billón de pesos antes de fin de año, dando un enorme poder a los bancos comerciales, que poseen una “base monetaria paralela en las sombras”. Y no solo eso, un inversor grande pudo haber ganado 9% en dólares en 20 días vendiendo dólares los primeros días del mes y comprando letras de corto plazo para volver a comprar divisa extranjera nuevamente.

Por último, algo que no se puede dejar de lado son los aumentos de todos los servicios públicos. Uno de los grandes culpables de la suba de precios actual por cómo impacta no solo en los costos de los hogares, sino de las empresas. De acuerdo al último informe del INDEC, en los últimos 12 meses, los gastos del ítem “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” subieron un 53,3%, 12,8 puntos por encima del índice general, aunque en la canasta de muchas familias los cambios en los ingresos impactaron más de un 25%, llegando a pagar solamente por servicios, el 54% de sus fondos. Las empresas de comunicación y las prepagas aprovechan la volteada para aumentar casi un 50% en lo que va del año.

El correlato en la economía real es claro: el sector de la producción está estirando la cadena de pagos y hay cada vez más cheques rechazados. Hay empresas que no están pagando aportes de los trabajadores para financiarse y poder pagar los salarios y las obligaciones, sin tener en cuenta que aquellos que sacaron un crédito con tasa variable están sacando otro a tasa fija para evitar pagar otra suba más del costo de financiamiento. La producción se encuentra en el peor momento de la era Macri y la economía deprimida y sin ánimo de salida. Los salarios este año perderán al menos un 16% con la inflación por lo que podemos concluir que el poder de compra de los ciudadanos se encuentra en los niveles más bajos en 15 años. Crece el desempleo y el subempleo demandante.  La economía en negro subió un 31% en el mandato de Macri.

Los privados prevén una caída del PBI de entre el 1% y 2% para 2019. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) sostiene que será una caída del 0,5%, algo menor pero con un retroceso. La inflación esperada descendería pero todavía alta, cercana al 30%. Pareciera que el campo nuevamente sería la “salvación” del año económico del país con la recuperación de la cosecha, afectada en 2018 por la sequía mientras que para la industria son todas pálidas. La decisión de no intervenir más que lo “necesario” por parte del gobierno es un mensaje de que los melones se acomodan andando, algo que no se sostiene si se mira el derrotero de estos tres años de mandato. La economía local está tan vulnerable que hasta un resfrío en los mercados de Eslovenia podría afectarla. Ni hablar si Estados Unidos sigue subiendo la tasa.

El problema para la mayoría de los argentinos de a pie, es el freno de mano que es no saber los precios cuando van a comprar, aunque si saber que el sueldo alcanza cada vez menos. Para las pymes, la realidad es similar y muchas de ellas ya están a punto de hundirse. Miembros de la coalición gobernante piden que el ejecutivo –del cual parecieran no participar- saque el freno de mano y se encamine por “el camino del crecimiento y el desarrollo” porque la situación es complicada. Los números en las computadoras pueden ser hermosos, pero en el medio se encuentran los ciudadanos que sienten que está parado el auto y hay que sacarlo de punto muerto. Perder hasta un 60% de consumo en 3 años es difícil de recomponer, sostienen los especialistas.

En los últimos días, en el Coloquio de IDEA, los grandes empresarios sostenían que están “desencantados” y que hay una sensación de “paraíso perdido” y por otra parte agregaban que «el que dice que no tiene problemas, está mintiendo, no hay sector que no esté en problemas. Nadie que esté haciendo algún negocio puede decir que está bien. La brutal devaluación nos está matando, va a ser muy difícil salir de esta».

Pero que esperan que el gobierno haga algo. Si los empresarios están así –sin pasarla tan mal como algunos compatriotas- es porque la realidad supera a los deseos. Y es lo que piden también los ciudadanos de a pie y las pymes. No dejar libre “al mercado” sino hacer, arrancar el motor e intervenir para borrar ese freno de mano que es la inflación que elimina las expectativas positivas. Esta vez sin palabras bonitas, sino en hechos concretos

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