Darío Lopérfido, el candidato posible

Corría el 26 de enero de 2016, Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta llevaban poco más de un mes en sus respectivos cargos, cuando un ex funcionario de la Alianza a nivel nacional y del radicalismo y el Pro en diferentes etapas a nivel local “abría la tranquera” (como diría él mismo tiempo después) y decía: “ – En Argentina no hubo 30 mil desaparecidos”. Las reacciones a este cuestionamiento sobre el número de desaparecidos ocurrido durante la última dictadura militar fueron inmediatas: Una oleada de críticas que abarcó una amplia gama del espectro político lo alcanzó y fue suficiente ello para que la incorrecta-correcta costumbre de decir la verdad le costara el cargo. Pero, ¿quién es este hombre que demostró que la corrección política no es un recurso que posea, ni tampoco uno que le interese desarrollar?

Darío Lopérfido es un porteño nacido en el barrio de Villa Urquiza. Hijo de un obrero gráfico, a los 16 debió comenzar a trabajar para ayudar a su familia. Ligado siempre a la cultura, ha construído un importante prestigio en el ámbito cultural. Fue periodista cultural (se conocen sus trabajos en La Red, Rock and Pop, y Teatro), emprendedor en el ámbito de la ópera en la Ciudad de Buenos Aires y funcionario ligado a la cultura en diferentes etapas, pero siempre alejado del peronismo, y cercano a la oposición a este. Director del Centro Cultural Rojas entre 1992 y 1999, desempeñó varios cargos secretariales y subsecretariales durante la gestión de Fernando De La Rúa en la capital porteña, así como también a nivel nacional, cuando el presidente radical ejerciera su corta (y dramáticamente interrumpida) presidencia. Luego de esas experiencias, Lopérfido trabajaría para el Grupo PRISA hasta el año 2008, sin abandonar nunca hasta la actualidad su actividad gestante en el ámbito de la cultura porteña, en especial en espectáculos líricos en teatros importantes de la Capital. En 2015 retornaría a la función pública como encargado artístico del mítico Teatro Colón. Ya con Larreta como Jefe de Gobierno, ocuparía la silla de Ministro de Cultura en la Ciudad durante un breve período, hasta que fuera cesado unos meses luego de ocurrido el mencionado incidente relativo al número de desaparecidos de la última dictadura. Lopérfido se iría también denunciando ante la justicia un uso indebido de dineros públicos durante la gestión nacional de Cristina Fernández de Kirchner con fines artísticos dudosos, ya que involucraba erogaciones cuantiosas hechas por el kirchnerismo en producciones audiovisuales que nunca llegaron a emitirse.

Pero, ¿qué es lo que hace, en 2019, a Lopérfido un candidato a ocupar la Jefatura de Gobierno tras las elecciones a realizarse este año? En primer lugar, las ganas de Lopérfido, del Partido Mejorar, del PAN y de otros partidos que, decepcionados o descontentos con la gestión de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad, piden un candidato que ocupe el espacio liberal moderado que Larreta dejó vacante al optar por fórmulas más ligadas a la socialdemocracia o al desarrollismo (con rasgos corporativos) que al liberalismo. Pero la discusión dista de ser ideológica: quienes apoyan la ambiciosa intención política de Lopérfido dicen -y no sin cierta razón- que la Ciudad en los últimos años ha decaído en temas que, al menos durante la gestión Macri, habían empezado a mejorar: Seguridad, tránsito, educación, transparencia institucional, relación democrática con las organizaciones civiles (como los sindicatos) y ordenamiento burocrático. La Policía Metropolitana, el Metrobús como solución a los problemas inmediatos de tránsito, las excelentes estaciones de Subte H realizadas durante la anterior gestión han quedado en el pasado. Hoy la Ciudad ha decaído en muchos de los ítems anteriormente mencionados y ha invertido su signo en otros. El electorado descontento de Larreta que comienza a apoyar a Lopérfido toma como bandera problemas y reclamos muy concretos que aquejan a la población citadina: Seguridad, presión impositiva excesivamente alta, déficits en salud, educación, extensión inexistente de la red de subtes y deterioro del actual sistema, y todo esto mientras los gastos superfluos como el Mundial del Asado y las terapias new age en las plazas se hacen cada vez más comunes.

Crítico ferviente del peronismo, liberal en un sentido completo, incorrecto políticamente, respetuoso, carismático, culto, Lopérfido no duda de las intenciones y los aspectos positivos de la gestión Cambiemos a nivel nacional y aclara que no dudaría -como ha dicho en América unos días atrás- en apoyar a Macri en una elección presidencial donde su rival principal fuera el peronismo o su cara más radical: el kirchnerismo. Lopérfido muestra que se puede apoyar a grandes rasgos la gestión de Mauricio Macri en la presidencia y competir en el principal distrito urbano del país sin que la propuesta reeleccionaría nacional de la coalición gobernante estalle por los aires, ya que aún compitiendo por fuera del espacio Cambiemos, resulta difícil creer que Lopérfido pueda apoyar a un candidato ajeno a la actual gestión para las elecciones presidenciales de este año.

Lopérfido puede estar representando -a muchos meses de la elección- una alternativa republicana, moderada, decidida y liberal al larretismo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pudiendo ser el primero que amenace su aparente hegemonía con una propuesta que, de calar en una parte importante del electorado, reordenaría el sistema político de Buenos Aires con dos alternativas centristas, no peronistas, no radicales y democráticas: La propuesta desarrollista de Larreta y la propuesta liberal moderada de Darío Lopérfido. Sólo el pasar de los meses dirá como evolucionará esta sana disputa. Lo que es seguro, es que este año los porteños tendrán otra alternativa en la que pensar cuando entren al cuarto oscuro

1 Comentario

  1. Toda candidatura local republicana debería en primer lugar definir claramente como ha de favorecer la continuidad del gobierno nacional de Cambiemos.
    En segundo lugar establecer claramente si se alimenta del resentimiento celeste y las urgencias de los liberalotes o si por el contrario va a expresar un programa de cambio bien plantado en el siglo XXI que no vea la Ciudad como un proyecto inmobiliario y protectora de corporaciones o gustos particulares.

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