Yo trabajo, yo hoy paro y mañana ¿qué?

Ayer 30 de abril de 2019, mirando noticieros por internet, buscando información sobre qué sucedía respecto del #30A (Paro Nacional del 30 de Abril) fueron mechando algunas imágenes de Venezuela. Justo estaba mirando cuando las tanquetas militares pasaban por encima de
varios ciudadanos venezolanos que quieren la misma libertad que tenemos nosotros para vivir.

Mientras miraba estas tristes imágenes, al mismo tiempo se veía como la policía federal arrestaba a los manifestantes que portaban armas y sus caras tapadas luego de haber destrozado varias casas, frentes de edificios y otras cosas. Por un momento celebré este momento y después pude reconocer lo cerca que estuvimos de pasar a ser Venezuela en territorio argentino. No podemos permitir cualquier cosa. Tienen que existir límites y agradezco que el Ministerio de Seguridad esté demostrando cuando se cruza esa línea que hace tiempo había sido borrada.

Al mismo tiempo muchos hablan acerca del costo del paro para el país, miles de millones de pesos por un día perdido en el año. Pero ese no es el costo real para el país, el costo está en lo cultural y en lo social cuando nos conformamos con ver cómo un grupo ínfimo de personas destruye el erario público y nadie hace nada. O cuándo nos conformamos viendo como otros argentinos intentan por todos los medios que sus pares no puedan trabajar, incendiando colectivos o cerrando las puertas de las oficinas públicas.

Y después aparecen los sindicalistas que a veces dan un poco de risa, porque con sus camperas de cuero, autos blindados y de alta gama y desde sus casas faraónicas, dicen que estos paros los realizan como una “lucha por los trabajadores”, cuándo son sanguijuelas que viven a costa de los aportes de éstos. Sólo los usan con la excusa de darles un trabajo dentro del sindicato que los “salve” de trabajar como corresponde, pero ayudándose a ellos mismos a escalar a una posición de liderazgo que les permita disponer a su gusto de los fondos sindicales y de las obras sociales. Los fondos de éstas últimas son usados como si fueran la billetera del sindicalista, ni se imaginan los gastos que pasan por ahí, y lo digo con conocimiento de causa. Les debería dar vergüenza, pero como nadie los controla como corresponde, imagínense lo que hacen con esos fondos. Como un ejemplo corto, les comento que el gremio bancario hace algunos días, dentro de uno de los bancos que está sobre la calle Florida, decidió revolear folletos que dejaron el centro del edificio literalmente con una alfombra de éstos. Imagínese que cada uno de los folletos sale plata, imagínese cuánto gastan en folletería si esta misma situación se repite en otros bancos. Porcentualmente y en relación con otros gastos quizás esto no incide en el presupuesto de la Obra Social o las cuentas sindicales, pero le aseguro que para el bolsillo de un trabajador es un montón.

Lamentablemente por contar con mucho dinero sin control, tienen mucho poder. Con dinero se consiguen muchas cosas, desde vacaciones todos los años en otros países para toda la familia, hasta sentencias judiciales. El poder de los sindicatos y sus principales referentes hoy es desmesurado. Hacen y deshacen a su gusto pasando por sobre los derechos de muchas personas sin inmutarse.

Y volviendo al tema del paro, este tipo de acciones no ayudan a nadie. Al día siguiente no hay más empleo, no hay más salario y tampoco hay más inversión. Tampoco hay más derechos, por lo que la “lucha por los trabajadores” termina siendo en vano. Porque al mismo tiempo que luchan por los derechos de unos, terminan avasallando los derechos de otros. Y todos son trabajadores, quienes apoyan a estos movimientos y quienes no lo hacen. Porque aquellos que no quieren parar quizás hasta deben aportar a los mismos sindicatos que no los dejan trabajar, qué paradoja.

El primero de mayo, tampoco va a traer como consecuencia del paro menos pobreza o inflación, sino todo lo contrario. Porque si los mercados se arbitran por la confianza en algún punto, imagínese usted qué tipo de confianza puede generar estas movilizaciones. Si usted fuera un empresario que tiene que trabajar todos los días para pagar los sueldos de sus empleados, hay un peso importante del riesgo de sufrir estas medidas. Y eso significa que nadie puede tener confianza en un modelo basado en el poder desmedido de pocas personas sobre la economía.

No creo que aquí haya ganadores, sino solo perdedores. Porque la imagen que damos al mundo es desastrosa. Cualquiera que esté pensando en invertir seguro se decide por hacerlo en otro país antes que soportar estas cosas. Pocas personas tienen las ganas de hacer funcionar un negocio en un país como el nuestro. Emprendedores y Pymes, que no tienen otra alternativa y aquellos grandes empresarios que lo hacen ayudados por el poder de turno.

Yo espero que alguna vez, podamos ver a un nuevo representante del pueblo con las pelotas suficientes como para hacer todas las reformas que Argentina necesita. Pero si seguimos votando a los mismos de siempre, esto nunca va a pasar. Exijámosles mucho más a nuestros políticos, sindicalistas, jueces, a todos. Porque todos somos argentinos, pero sin olvidarnos de exigirnos a nosotros también siempre más, siempre mejor, para construir un país mejor.

Espero que en las próximas elecciones hagamos este ejercicio de exigir más. No nos quedemos conformes con la mediocridad de la mayoría, analicemos que futuro queremos y que representantes necesitamos. No dejemos de pensar que un mal voto hoy va a ser consecuente para nuestros hijos. Defendamos nuestro poder en las urnas y hagamos de Argentina un país mejor.

Gabriel Salvatore

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