Thelma Fardin y la presunción de inocencia

La semana pasada estuve en la presentación del libro de Thelma Fardin, “El arte de no callar” en la Feria del Libro. La presentación fue pobre, pero en realidad, el libro fue la excusa para organizar un acto político, a todas luces.

Pero no voy hablar de lo dicho el pasado jueves. Más bien, motiva escribir lo que dicta el título. Lo que se cuenta a continuación es como la presunción de inocencia es constantemente vilipendiada por los sectores del feminismo corporativo.

Lo explicado a continuación es aplicable a cualquier caso de acoso o abuso sexual mediático que haya ocurrido en el mundo, incluso, el caso de Thelma Fardin. No voy a plantear una defensa de Juan Darthés, sino explicar como para la gente común, la sola denuncia por acoso o abuso sexual de parte de su ex pareja es sinónimo de perder el trabajo y el honor, incluso antes de que haya una sentencia judicial que lo declare culpable y en ocasiones, todo esto termine con el fatal suicidio del acusado, como fueron los casos del joven barilochense Agustín Muñoz y el músico mexicano Armando Vega Gil

Repasemos el caso de Thelma Fardin. El 11 de diciembre de 2018, en compañía del Colectivo Actrices Argentinas, denunció que Juan Darthés, durante una gira ocurrida por Nicaragua en el año 2009, en el marco de un espectáculo teatral basado en el programa televisivo “Patito Feo”, abusó sexualmente de ella, cuando tenía 16 años.

La repercusión mediática fue inmediata. Darthés se tuvo que ir del país con su familia, porque los medios de comunicación no le dejaban en paz. Ya era culpable para buena parte de la teleaudiencia. Tuve la osadía de dudar de todo. De Fardín, de Darthés y de todo lo denunciado y alegado por Darthés, ante tamaña denuncia pública. Inmediatamente fui tachado por mis amigos de “machista”.

He tomado conocimiento también, por mi labor profesional de abogado, de casos en las fuerzas de seguridad, donde ante un conflicto de pareja entre los agentes, las esposas tomaron como costumbre denunciar (en general, falsamente) por abuso sexual a sus maridos, siendo las víctimas sus hijos y/o ellas mismas. Inmediatamente, a ellos se los suspende del trabajo, los separa de la fuerza, les saca el arma reglamentaria y el sueldo. No los echan, pero quedan en un limbo donde no cobran salario y se ven obligados a aportar alimentos, en caso de haber hijos en disputa, sólo por una mera denuncia.

 Lo que quiero explicar es que la mediatización de estos casos, viola uno de los pilares del sistema jurídico penal moderno, nada menos que la presunción de inocencia.

La presunción de inocencia

Este instituto surgió por primera vez de los hechos acaecidos en la Revolución Francesa. Fue reproducida en la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa en 1789. En su art. 9 dice:

Todo hombre es considerado inocente hasta que ha sido declarado convicto. Si se estima que su arresto es indispensable, cualquier rigor mayor del indispensable para asegurar su persona ha de ser severamente reprimido por la ley”

Como se puede ver, poco ha cambiado hasta nuestros días.  El acusado será considerado inocente hasta que haya una sentencia dictada por un juez. Paradójicamente, este argumento es usado por distintos funcionarios públicos acusados de estafar a la administración pública. La coherencia, a esta gente, no le importa.

Previamente, en la época del Antiguo Régimen, durante el reinado del monarca absolutista Luis XIV, es donde el despotismo y absolutismo se hicieron más evidentes. Los ciudadanos no tenían ningún derecho. En caso de ser acusados de un delito, cualquier persona carecía de cualquier clase de defensa. Y por lo general, la pena era la horca.

Además, se crearon la figura del juez y  del fiscal, para que no se vea concentrado en un único órgano el encargado de llevar el proceso, acusar y dictar la pena. También se eliminaron los fueros especiales, para evitar que jueces especiales juzguen casos especiales. Fue el nacimiento de lo que se conoce como “juez natural”.

Podríamos ir más atrás aún, a la época de la Inquisición o los hechos conocidos como las persecuciones a las brujas de Salem. O más cerca en el tiempo, es muy útil recordar cómo eran condenadas aquellas personas que era opositoras a la Revolución Cultural Maoísta.

Como bien explica Javier Marías en su mágnifica columna Ojo con la barra libre “…Si a mí me acusan de haber acuchillado a una anciana en el Retiro, y la mera acusación se da por cierta, yo no puedo demostrar que no lo hice, salvo que cuente con coartada clara…”. Sugiero la lectura completa de esa columna.

Hoy la garantía de presunción de inocencia se puede encontrar en casi todas las Constituciones de origen liberal del mundo, incluyendo la Constitución Argentina, en su artículo 18. La presunción de inocencia se encuentra en distintos tratados de derechos humanos con rango constitucional, como en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, en su artículo 11, punto 1 y en la Convención Americana de Derechos Humanos de la OEA, en su artículo 8, punto 2. Considerando todo lo anterior, si las feministas quisieran derogar la presunción de inocencia, tendrían que modificar la Constitución Nacional.

En mi opinión, la presunción de inocencia debe ser considerada de manera amplia, no sólo en los estrados judiciales. Como señalé, la mera denuncia afecta el buen honor del acusado. En caso de ser absuelto del delito, las posibilidades de que ese daño sea reparado son escasas.

Además, es imperativo que haya un cambio en el lenguaje: mientras no haya sentencia condenatoria, tanto la víctima y responsable del delito lo son de manera presunta. La palabra víctima lleva una carga emocional tan fuerte que el efecto que logra en el televidente es de automática empatía. El problema es que trasladamos eso a los estrados judiciales y con efectos desastrosos: en España, con la Ley Integral de Violencia de Género, a priori, el hombre es siempre culpable.

Desde los bandos feministas, el cinismo es mayúsculo. Parecería aceptable perder el derecho a la presunción de inocencia de los varones, como una manera de reparar tantas injusticias cometidas hacia las mujeres. Todo indica que quisieran volver a las condiciones de vida de 1780, sin vacunas ni teléfonos inteligentes. Qué cerebritos de ratón tienen estas personas.

Quienes peor la pasan con estas barrabasadas jurídicas son las mujeres verdaderamente abusadas, que han hecho acusaciones fundadas en ley y verdaderas, respecto a los hechos. Ellas son metidas en la misma bolsa que las feministas corporativas, los horrores vividos son puestos en duda y crece la posibilidad que sus denuncias terminen en la nada.

Por todo esto, sugiero que ante denuncias mediáticas de acosos y abusos sexuales, se tome una prudente distancia. Son hechos que ocurrieron entre al menos  dos personas, en el ámbito privado y no conocemos a fondo a ninguno de los actores. ¿Por qué nos vemos obligados a tomar partido por alguno de los implicados? No es sano ni democrático hacer eso.

Para finalizar, no puedo evitar relacionar que estos intentos de cambios legislativos vengan desde los mismos sectores que desean que la Argentina se convierta en un paraíso totalitario socialista. Así lo dijo Mempo Giardinelli, respecto de la Justicia, y también Rita Segato, al decir que el país necesita “una justicia ética para la justicia argentina”.

 Todo tan totalitario que duele. Y subleva.

Claudio Aiello.

3 Comentarios

  1. Mentirosa de mierda, todo armado, y la gente con miedo a decir lo qe piensa (que es VERSO) para que no los juzguen o los traten de abusadores también.

  2. Esto debería ser viral en Argentina: «Toda denuncia sin pruebas irrefutables hecha en redes sociales es mentira. Si presunción de inocencia no hay estado de derecho»

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