Termómetro de realidad. Medidas de un Gobierno aparentemente desahuciado

¡Semanas candentes si las hay!, como lo fue la semana que pasó. Después del “Gol-P.A.S.O” electoral que recibió el Gobierno Nacional en las elecciones, las turbulencias sintomáticas de un escenario de un Gobierno desahuciado no se hicieron esperar.

La primera tromba que no se hizo esperar fue la inminente respuesta del “mercado” a través de la disparada del dólar. La divisa estadounidense osciló en valores por encima de los $60.

Seguidamente esto importó una seudo-acefalía de precios locales. En algunos casos los comerciantes hacían sumas porcentuales lineales, en otros remarcaban los precios hasta $5 más el valor de góndola. Las grandes marcas frenaron sus entregas a sus distribuidores, como lo fue el caso de Molinos Río de La Plata.

La tercera secuela de este fenómeno de “termómetro de realidad” que fueron las P.A.S.O fue la autocrítica alineada y sorpresa generalizada en los comunicadores de los medios masivos audiovisuales de comunicación. El mayor exponente de esto se materializó en una editorial televisiva de explicita autocritica del periodista Luis Majul, entre otros que también se sumaron.

A estos tres sucesos marcados podrían sumárseles la prueba fallida del sistema “Smarmatic” que tuvo la peculiar desgracia de caerse minutos antes de publicar las primeras cifras del escrutinio provisorio.

¿Cómo reaccionó el Equipo de Gobierno a todos estos embistes?

Como lo viene haciendo, con improvisación, nerviosismo, rectificación y toma de medidas contra-ideológicas a su género.

La improvisación de un presidente golpeado, que sabiamente sale a dar la cara ante el penoso resultado, pero comete la imprudencia bien aprovechada por sus opositores de mandar al pueblo a dormir. Quizás el contexto de un “Smarmatic” caído y el resultado inesperado no le eran auspiciosos para cometer ese furcio indeseado.

El nerviosismo de un presidente que, en plena conferencia de prensa, se muestra intolerante a la decisión del “verdadero soberano”, y que remueve el polvo de la famosa grieta del ellos o nosotros.

La rectificación de un presidente que, asesorado por su entorno de gestión, tiene la sabiduría de saber ponerse a tono de su investidura presidencial e institucional y pedir disculpas al “soberano real” (el pueblo que votó a sus representantes) por el exabrupto comunicacional aun cuando podamos discutir los motivos enarbolados por el mismo.

Pero aquí es donde viene lo que realmente es preocupante.

La toma de medidas contra ideológicas de un Gobierno que da claras muestras de estar desahuciado por el resultado electoral.

Como de manual, el Gobierno se vio obligado a tomar un paquete de medidas para salir a auxiliar los efectos de una carrera del dólar que inexorablemente se transmitiría en el costo de vida de los argentinos.

Sin embargo, las medidas adoptadas no son afines a lo que este Gobierno trazaba como el camino hacia el crecimiento sobre bases sólidas. Es realmente preocupante, ya que todos en el fondo sabemos que son medidas para intentar lograr “pasar el invierno”.

El problema radical que deberá enfrentar el Gobierno de Mauricio Macri, radicará en la pérdida de credibilidad de su gestión y la constante disyuntiva que van a tener los argentinos de valorar las medidas que se tomen como recursos electoralistas para su campaña de reversión histórica electoral o bien medidas genuinas de un presidente que se preocupa por lo que verdaderamente marcó el termómetro de la realidad.

La responsable renuncia del ministro Nicolás Dujovne en lo que debería ser el Ministerio de Economía, actual Hacienda, es un velo de sabiduría de acomodamiento a los golpes, pero una muestra más de lo desahuciado que se encuentran todos los miembros del Gobierno.

Las miradas quedarán puestas en el liderazgo de un presidente que supo comprender una necesidad histórica de los argentinos al cambio, y que deberá hacer uso de su talento para liderar su espacio y así volver a enamorar a un pueblo al que en su mayoría decepcionó.

El termómetro de la realidad puede ser su entrega total a su condición de mandatario desahuciado o ser su mejor herramienta de reinvención electoral.

Sin termómetro previo, una elección directa en octubre lo hubiera catapultado directamente al fracaso electoral definitivo.

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