De marchas, orgullos y reclamos

Pocos saben que la Marcha del Orgullo conmemora la revuelta de algunos gays en Nueva York tras la redada en el bar Stonewall el 28 de junio de 1969. El hecho dejó una fuerte marca para el colectivo gay que, tras un año, se conmemoró con la primera marcha del orgullo. A partir de entonces empezamos a ser visibles y lo fueron también nuestros reclamos, no sólo en los EE.UU. sino en buena parte del mundo. Se establecieron organizaciones en defensa y apoyo de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y personas trans (LGBT). Pasaron ya mas de 40 años de lucha a nivel mundial, incluso en nuestro país, y no ausentes de muertes. De ahí en más, quisiera dar mi opinión, como un miembro más del colectivo LGBT, acerca de por qué no participo de la Marcha local.

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Club Stonewall inn, 28 de junio de 1969.

Como primer punto, veo que muchos nos critican por el hecho de marchar con nuestro “orgullo”. Que quede claro que, “orgullo” o pride, en inglés, en este caso, denota, no una referencia a la soberbia, sino a la dignidad. La de seres humanos que no se avergüenzan por su condición de género. Como muchos LGBT, no es cuestión de orgullo. Soy lo que soy, como dice la canción. Lo que sí, me siento muy digno de serlo. Por lo tanto, marchamos por esa dignidad.

Por otro lado, acostumbramos en nuestro país a hacerlo el primer fin de semana de noviembre para no manifestarnos con el frío de junio, pero, principalmente, para rememorar la fecha de la constitución de la primera agrupación argentina LGBT “Grupo Nuestro Mundo”, establecida en noviembre de 1967, dos años antes que la revuelta de Stonewall. No sólo el día elegido es lo que cambia aquí en relación al resto del mundo, sino que, lamentablemente, nuestra última marcha del orgullo fue cooptada por quienes usan al colectivo LGBT para, una vez más, mostrarse con sus banderas partidarias (que, sin ellas, quisiera saber si realmente marcharían junto a nosotros), o para reclamar otros tipos de derechos que no tienen que ver con el nuestro, sumado al hecho no menor que también se ataca a instituciones religiosas que no nos aceptan. Dejo en claro que, personalmente, soy agnostico,  lucho por la legalización y descriminalización del aborto y estoy a favor de otros reclamos de igualdad, lo cual no implica que toda la comunidad LGBT o el resto de la sociedad piense como yo. También quiero dejar en claro que estoy a favor del pluralismo partidario y de la exteriorización de las ideas.

Lo que debe ser un día de festejo de nuestra comunidad, se ve tergiversado por sectores a los que no les importa tapar nuestros reclamos, sino sólo el afán de hacerse notar ellos mismos, tal como cuando se sancionó la ley de Matrimonio Igualitario, tomando ese  triunfo como propio y olvidándose de todos los que pusieron y pusimos el cuerpo para que la ley saliera, más allá de la adscripción partidaria.

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Marcha del Orgullo LGBT de Sao Paulo, convoca a más de 5 millones de personas, donde reinan las banderas de la comunidad y no mezquindades políticamente partidarias.

Lo que acaba pasando es que, paradójicamente, si nuestro país puede enorgullecerse de ser uno de los más avanzados en materia de derechos hacia nuestro colectivo, es  paupérrimo a la hora de demostrar en la calle nuestra conmemoración. ¿Por qué no hay multitudes junto a nosotros? ¿Por qué una gran cantidad de miembros de nuestra comunidad no se sienten representados en esta marcha? ¿Por qué la sociedad no nos acompaña mayoritariamente en esta fiesta de demostración de derechos, que se hace alegremente y en paz? Pasa que, simplemente, muchos gays, lesbianas y trans, como gran parte de la sociedad que podría acompañarnos, no quieren ser usados por agrupaciones partidarias que se sirven de nosotros para enaltecer a algún político fallecido, para cantar alguna marcha partidaria o incluso para copar las primeras filas y encabezarlas con el sólo fin de mostrar sus banderas, tapando a quienes hace 20 años se pusieron firmes para que todos tengamos nuestro día de festejo por nuestra dignidad.

Por lo tanto, apelo a que algún día nos devuelvan nuestro día, nuestra marcha y, que obtengamos, de ese modo, un respaldo masivo. No necesitamos rejunte de gente ni alquilar fuerzas partidarias ni tomar prestadas otras demandas, con la ilusión de que la sociedad nos acompaña. Pido por favor que no se suban a nuestro colectivo, literalmente hablando. Llamo a un apoyo genuino, a recuperar al resto de nuestra comunidad gay, lesbiana y trans que marcharía dignamente, como también atodos los que nos apoyan y nos acompañarían, sin necesidad de ofenderles en su fe o de ser engañados por el uso de otros tipos de demostración. Se trata de no devaluar ni subestimar nuestros reclamos. Y el día que obtengamos todos los derechos, seguiremos peleando por nuestros pares en otros lugares del mundo, en donde aún siguen siendo perseguidos, encarcelados y ahorcados.

Seamos humildemente dignos y no orgullosamente tontos. Si queremos recuperar nuestro día de festejo debemos saber bien cómo organizarnos, sin dejar que se cuelen mezquindades y reclamos ajenos que socaven un genuino apoyo social y, por otro lado, también exigir la ayuda estatal, ya que es un evento altamente turístico, para que la ciudad se vea embanderada con nuestros colores (y no estoy hablando de verlo como un negocio, sino de que realmente tengamos una Gay Parade que esté a nuestra altura). Orgullosamente podemos decir que somos el país de Latinoamérica más igualitario dentro del marco legal, gracias a las leyes de Matrimonio Igualitario y de Identidad de Género, altamente progresistas, y eso fue una conquista social. No partidaria.

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ïFoto sacada en la última Marcha en la que participé.

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Pd: estoy en la lista de «trolls» que se difundió por pensar y escribir de esta manera.

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