Brisas del Norte alientan un premeditado descontrol Latinoamericano

Estamos viviendo momentos históricos que quedarán refrendados en las
amarillas páginas de los sucesos contemporáneos.

De la paz a la acefalía gubernamental en cortos lapsos de tiempo. Así es y
continuará siendo nuestra amada América Latina. Pueblos que cargan con
la opresión originaria y que de tanto en tanto recuperan su identidad y
expresan ¡No más!

Sin embargo, las formas de oprimir a los pueblos han ido mutando a lo
largo de la historia, y en la actualidad se han transformado en ingeniería
de servicios de inteligencia pergeñada casi de manera imperceptible para
los ciudadanos, en forma de brisas cálidas del norte que surten de aviso
de la tormenta.

En el sistema capitalista triunfante, la manera de oprimir es a través de la
redistribución global de la riqueza. Los países más poderosos tendrán un
buen equilibrio entre su macro y su micro economía, lo que les garantiza
un eje de equilibrio que perpetua la paz de sus ciudadanos y los proyecta
en ambiciosos camino de desarrollo de crecimiento basados en tres
pilares fundamentales: Salud, Trabajo y Educación.

Los países menos agraciados en la repartija de la torta global, tendrán
menos que repartir para los suyos y deberán intentar obtener la fórmula
mágica de equilibrio entre su macro y microeconomía.

Los países opresores, suelen presionar a los más débiles obligándolos a
tener una Macroeconomía impecable a costas de que la microeconomía
no sea tenida en cuenta. Esto en simples palabras significa que la
redistribución interna de recursos es más desigual e inequitativa.

Los pueblos de la América Latina han tenido distintas reacciones
respecto de este tipo de modelo moderno de opresión social.

Algunos se han acostumbrado a su opresión, la aceptan como parte de las
reglas del sistema global

Otros se han revelado quedando relegados del globo por parte de la
influencia del opresor.

Otros han ponderado la microeconomía a través de la mejor redistribución
pero asediados por la presión de los operadores internos de la
Macroeconomía.

Otros han hecho bien la tarea, manteniendo una excelente
Macroeconomía y pésima microeconomía; y les explotó la paciencia de su
pueblo.

Otros mantuvieron un buen equilibrio entre micro y macro pero
explotaron la paciencia de las influencias opresoras ante el peligro latente
de mantener en el tiempo un modelo de un oprimido superador que
derribe el paradigma del modelo de país opresor.

Estos dos últimos casos representan Chile y Bolivia respectivamente.

Los pueblos tienen un límite, y el buen opresor debe saber hasta cuanto
tirar de la cuerda. Un buen opresor saber que sin oprimidos no existiría su
condición de ser, por eso aprieta firme y sostenidamente, pero sin
intención de ahorcar.

Hasta hace poco tiempo, muchos economistas reivindicaban el modelo
chileno por su excelente macroeconomía sin hacer notar que su
distribución de la riqueza era de lo más peyorativo de toda la región. No
pensaron o no quisieron ver, que el pueblo chileno en algún momento
colmaría su paciencia. Piñera recién parece haberse enterado que el
apriete sostenido en su país por el descuido de la Microeconomía se
convirtió en una asfixia de su pueblo que lo terminó convulsionando, y el
resultado penoso lo pudimos observar todos.

Hasta hace poco Evo Morales era reivindicado por ser un país modelo
tanto en su macroeconomía, como en el achicamiento gradual histórico de
las desigualdades en la redistribución de su microeconomía. Pero este
modelo no podía perdurar porque no era bien visto por las brisas del
norte, que parece que no están involucradas, pero todos las sienten.
Lógicamente, se encontró la manera de irrumpir en una Bolivia que
paradójicamente se encontraba en su mejor gobierno histórico en cuanto
a índices económicos. Sin embargo, los formadores morales de la
democracia, advirtieron la perpetuación en el poder de Evo Morales y han
hecho justicia social, la misma que no pueden hacer en Alemania con
Ángela Merkel, ni en Rusia con Vladimir Putin quienes al igual que su par
latinoamericano van por el cuarto mandato en sus países.

Las brisas del norte pueden remover el polvo (falta de conciencia histórica
de los pueblos) pero no el escombro (pueblos formados con alta
conciencia soberana). Esto le pasó a Bolivia.

Chile siempre quiso ser el hijo pródigo de un padre del Norte que nunca le
dio demasiada importancia. Bolivia pecó por intentar ser modelo de que
los pueblos estigmatizados de América Latina si pueden progresar.

Uno por parecerse demasiado, otro por lo contrario, una cosa en común,
ambos estallaron internamente. Son funcionales a las brisas del norte.

Observemos a la región, Chile, Bolivia, Brasil, Perú, Uruguay y Ecuador.
Quizás después de todo, los argentinos no somos tan malos, no estamos
tan equivocados.

Quizás después de tanto desequilibrio en la región, volvemos a ser un país
atractivo por su institucionalidad, que con defectos y virtudes ha sabido
contener tamaños desbordes violentos de la América Latina.

Esperemos que las Brisas del Norte las sepamos maniobrar de tal forma
que no interfieran en nuestra autodeterminación como pueblo integrante
de la América Latina, pero tampoco evitarla porque es parte del modelo
global de integración del cual Argentina no puede una vez más dejar de
ser parte.

Las brisas del norte no se combaten suprimiéndolas, sino moderándolas
con la creación de tenues brisas del sur que las neutralicen. Las brisas del
sur será la reconstrucción de una verdadera conciencia de
autodeterminación soberana de los pueblos de América Latina.

Mientras no construyamos una identidad común, una integración real (MERCOSUR-
UNASUR) y una vocación de ser y pertenecer en la torta global, la paz de
nuestros pueblos continuaran en peligro.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here