2020: Preguntas al filo del final

Diciembre está despidiéndose y es época de balances.

Se va el año que fue bisagra, será recordado como el año en el que todos sumamos experiencias aprendiendo a vivir como nunca antes vivimos.

¿Temor fundado o terror infundado?

Los cincuentenials y sesentenials crecimos bajo el recuerdo de dos guerras mundiales y el temor de la tercera, atravesando la Guerra Fría entre países con armas nucleares a punto de estallar, en nuestro país padeciendo las guerrillas urbanas, los cambios forzados e, irónicamente, las rebeliones en nombre de la paz.

Ahora, nuestra generación soporta el encierro por una pandemia provocada por un virus, que no conocemos, pero nos atemoriza, nos aterroriza… ¿O hacen que nos aterrorice?

El temor, el miedo, de nuevo ese componente tan usado por los déspotas para tenernos quietos.

¿A quién no le impusieron el miedo en su infancia, amenazándonos para que no hiciéramos travesuras?

En este 2020 nos asustaron a nosotros, los que vivimos las bombas del terrorismo de Estado y de la guerrilla.

Hoy nos aterran con el virus y me pregunto si no hemos aprendido acaso, que el miedo tiene el poder de cambiar el rumbo de una sociedad, llevándola hacia la violencia y el atraso.

¿No hemos aprendido?

Son dos las caras de la moneda y están unidas por el borde, de un lado el miedo y en el opuesto, están la esperanza y el optimismo, que nos llevan al progreso en paz.

Crecimos estudiando Instrucción Cívica, Educación Democrática, El Espíritu de las Leyes y la Reforma Social. También leímos a los políticos de izquierda y a los de derecha; nos divertimos soñando como cambiar el mundo, idealizando algo mejor para todos y descubrimos, hoy, que lo mejor es el presente, el día a día por el que debemos luchar para que no sea alterado.

Creímos en este mundo de civilización occidental enmarcado en el Derecho Romano, de respeto y orden a las Instituciones, sin embargo acá estamos, terminando un año encuadrado en el miedo al otro y me pregunto…

¿Qué nos pasó?

Hemos luchado por la Libertad, la del pensamiento y la de las ideas y hoy, en cambio, nos encontramos encerrados, dejando que los gobernantes, los meros gobernantes, no el Estado, (porque el Estado somos nosotros); nos mantengan encerrados coartando nuestras libertades, sólo por el hecho de tener miedo a la posible muerte, en el eventual caso que los cuidados no resultasen y nos contagiásemos el virus.

¿Acaso no sabemos cuidarnos con el distanciamiento social, el barbijo, el alcohol…?

Encerrados frente a las pantallas vimos desmoronarse nuestro sistema económico, aunque todavía falta ver la reacción de la enorme cantidad de desocupados, vemos caer una forma de vida que costará mucho reconstruir.

En medio de esta verdadera tierra arrasada la vicepresidente insiste con su agenda y procura derribar el sistema judicial, por eso dice que no sirven el orden ni la estructura Republicana con la división de poderes, como las conocemos, porque considera que es una estructura “caduca”.

Sinceramente, no le sirven esas leyes ni ese ordenamiento social tal como están. No le sirven a ella como no le sirven a los que violan nuestras leyes.

¿No son esos valores en los que fuimos educados la esencia de nuestro Estado de Derecho? ¿Son renunciables el Estado de Derecho y el Pacto Social?

Es perniciosa para la sociedad argentina la pretensión de destruir la Institución de la Justicia y la organización social que recibimos desde nuestra Carta Magna, tanto como la Libertad que de ella emana.

Prescindir de las Leyes es carecer de virtud política, sentirse superior a las Leyes, la convierte en una déspota, ya que impone la arbitrariedad de su ley, usando el temor.

El despotismo de CFK ignora las leyes establecidas por nuestra sociedad para crear las propias, despreciando a las instituciones que no le conviene que existan. Porque el despotismo tiene lugar cuando una persona detenta el poder y lo ejerce sin leyes fijas, imponiéndolas a su capricho. Kirchnerismo en estado puro.

En Argentina no hay Justicia Independiente, para que la Ley sea la garante de nuestras libertades y derechos.

El miedo, entonces es el arma de la que se vale el gobierno, hoy, para tenernos encerrados y vulnerar nuestros derechos.

¿Vamos a permitir que nos dominen con esta excusa?

Dice un antiguo consejo socialista:

“Mantenlo ocupado en sus necesidades básicas, y no tendrá tiempo para pensar en una libertad plena».

Nilda D'Aloia
Lic. en Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Córdoba

Deja un comentario