Adaptarse o desaparecer

“Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio».
CHARLES DARWIN.

El mundo como lo conocemos ha cambiado completamente, hay quienes pueden decir que esto era un inevitable debido a los grandes cambios culturales, socioeconómicos y tecnológicos que se vienen sucediendo, pero sin duda alguna, la influencia del coronavirus en la aceleración de este proceso se lleva toda la atención.

En nuestro país, con el objetivo de mermar la curva de contagios y su velocidad de reproducción, se impuso tal vez uno de los métodos más controversiales y arcaicos de la medicina como la conocemos, la cuarentena. Este método, que en su primer momento iba a durar tan solo 14 días, se ha extendido al punto de llegar dentro de poco a los 60. Obviamente, no se puede discutir que ha generado resultado positivos, pero el análisis se debe realizar de acuerdo a su costo de oportunidad.

Para que podamos entender, por cada semana que la economía pasa inactiva por la cuarentena, se estima que se pierde el equivalente a 1% del PBI. Sí hacemos una proyección a 60 días y asegurando que la cuarentena se levantará el 24 de mayo, Argentina habrá perdido U$S 30.000. Es decir, en solo 2 meses, se perdió el equivalente a un 54% de lo prestado por el FMI, por ejemplo.

En su último discurso, el presidente Fernández habló de Suecia y cómo su modelo había fallado para controlar el virus y dejando en claro que su camino a seguir era más acorde al modelo noruego. Presidente, Noruega tiene un fondo económico de €1.002 BILLONES, sabiendo que solo viven 5.3 millones de ciudadanos en este país, cada persona recibiría €200.000, en otras palabras, podrían dedicarse a no hacer nada durante 2 años y aún así mantener un gran nivel de vida. Argentina, con 2 meses de inactividad, ya se asegura un 10% de su caída del PBI anual.

Habiendo aclarado que Argentina no puede copiar el modelo noruego ¿Cómo se puede combatir el coronavirus?

La implementación de cuarentenas generalizadas a largo plazo no es efectiva. Los resultados obtenidos fueron positivos, hay que reconocerlo. Nos dió un margen de tiempo más que suficiente para fortalecer el sistema de salud, prepararnos para afrontar el pico de contagio cuando sea que llegue, disminución la velocidad de contagio y la consecuente reducción en el número de casos mortales.

Sin embargo, solo conocemos estos resultados frente a un escenario de bloqueo casi total de la circulación poblacional. La primer ola de contagios es la que se buscó evitar desde un primer momento, ahora nos toca hablar de una probable “segunda ola de contagio” que llegará al liberar la cuarentena. ¿Por qué es importante analizar este comportamiento cíclico? Porque sí simplemente nos enfocamos a la imposición de restricciones, quedaremos atrapados en un loop infinito de cuarentena y leve apertura que Argentina no puede permitirse. Es hora de avanzar hacia un próximo nivel.

Este flexibilización de la cuarentena para sectores productivos indudablemente requiere de una desmonopolización del control social por parte del estado y mutar a un trabajo ágil y coordinado de diferentes organismos y niveles del Estado, así como entre este y el sector empresarial. Requiere también de una ciudadanía comprometida con su propio cuidado y el de los demás, que efectivamente respete y apropie la utilización de las medidas de mitigación.

La solución obviamente no se consigue optando por ningúno de los extremos, ni basándose netamente en la economía que necesita volver a activarse, ni solo escuchando a intelectuales que no contemplan en absoluto el desarrollo económico y social. El trabajo en conjunto es esencial para evolucionar en la forma de resolución de esta pandemia.

Argentina, según las cifras oficiales, ha realizado hasta la fecha 65.813 exámenes, es decir, 810 test por cada millón de habitantes. En comparación con la región es poco. Perú hace 13.588 pruebas por cada millón de habitantes. Chile, 12.776, mientras que Uruguay va en 7.398 y Ecuador cuenta con 4.717.

El coronavirus no es un enemigo invisible sí hacemos lo que debemos hacer. La forma de combatir esta pandemia es midiendo constantemente y llevando un control de cada dato que se obtiene. De esa forma, sabemos exactamente cómo es nuestro enemigo y cómo podemos ganarle.

Un gran ejemplo de esto, es el actuar de Japón para luchar contra la pandemia. El gobierno del país asiático no ha decretado el bloqueo de sus regiones o el aislamiento obligatorio de sus ciudadanos con el fin de detener la propagación del virus. Más allá de la cancelación de algunos eventos deportivos (sin contar los Juegos Olímpicos, cuyo aplazamiento lo decidió el Comité Olímpico Internacional) y el cierre de escuelas, los japoneses siguen haciendo su vida de manera más o menos normal.

Su éxito se ha basado en contener la propagación del covid-19 al enfocarse en grupos de brotes, es decir, personas que infectan a las otras personas. Se les ha hecho pruebas y se les ha aislado. Su filosofía para esta etapa fue muy clara: “La única forma de enfrentar cualquier pandemia es hacer tests y aislar”.

La población argentina podría llegar a un acuerdo de consenso en que la decisión temprana del gobierno de cerrar las escuelas y suspender eventos masivos, además de insistir en la necesidad de respetar las nuevas normas sociales desde un comienzo, ayudó a controlar su propagación. Sin embargo, tampoco debemos caer en la soberbia de creer que podemos manipular la naturaleza propia de la pandemia y ajustar los números de contagios y muertes a nuestro favor.

Según informó Anders Tegnell, el epidemiólogo jefe del gobierno que diseñó el modelo sueco de lucha contra el COVID-19, es que es esperable que al comienzo de la flexibilización de la cuarentena se sienta un mayor impacto en el número de nuevos contagios. Sin embargo, esta estrategia es más sostenible en el tiempo que las medidas de aislamiento más rígidas. Por ende, el país que implemente esto, adquirirá antes la inmunidad colectiva -esencial para que el virus deje de ser una amenaza y dejará de sentir más temprano que otros los efectos de la pandemia.

Un último ejemplo de excelente y eficiente control del coronavirus sin optar por una cuarentena que paralice la economía, es Taiwan. Taiwán, la gran enemiga de China, se convirtió no solo en el primer país en controlar el virus, sino también en el primer país en avisar de forma oficial a la OMS del peligro que este virus implicaba.

Para tener en cuenta su eficiencia de trabajo, con una población de 23 millones de habitantes, este país solo presenta 420 casos oficiales y 6 muertes. Otro dato de extrema relevancia, es que la isla de Taiwán se encuentra sólo 130 kilómetros de China continental y, a pesar de esto, en ningún momento se aplicó un cierre de fronteras.

¿Cuál es el secreto de éxito de Taiwán? La utilización de su tecnología como punta de flecha. Antes del brote, Taiwán tenía la capacidad de producir 1,5 millones de barbijos por día, sin embargo, en cuestión de días modificó su matriz productiva para pasar a producir 15 millones de barbijos por día. Obviamente, sí bien el gobierno no impuso una cuarentena obligatoria, sí decretó el uso obligatorio de las mascarillas. Un punto importante es que estos barbijos deben producirse en el propio país y distribuirse gratuitamente a las personas, porque no todos pueden comprarlas.

A modo de conclusión, podemos determinar que la forma de hacer frente a esta pandemia se trata de desarrollar la capacidad para identificar los casos positivos, aislarlos para que no se conviertan en focos de contagio y proveerles del tratamiento que requieran. Y esto combinado con medidas preventivas de uso masivo como el distanciamiento físico, la desinfección de la infraestructura pública y la utilización de barbijos.

Argentina logró el objetivo primordial que era comprar más tiempo del que se nos fue otorgado y fortalecer el sistema de salud sin eclosionar en el proceso (en especial la disponibilidad de unidades de cuidados intensivos). Ahora es tiempo de hacer frente al virus de otra manera. El gobierno con pocos contagios oficializados, paralizó por completo el país, sí el concepto buscado es aplanar la curva, esto quiere decir que el pico se estira en el tiempo, alargando el plazo en que se distribuyan las cantidad de personas infectadas. Pero sí una sola persona puede contagiar a todas en un aula, boliche, bar, oficina o donde fuera ¿Hasta donde tendremos que seguir con la cuarentena o restringiendo la agrupación social?

La Madre Naturaleza no premia al más fuerte ni al más inteligente. Premia a las especies que se adaptan mejor al transformar la química, la biología y la física con las que las ha dotado para desarrollarse, sin importar lo que ella les ponga. – Thomas L. Friedman

Yamil Santoro
Es Abogado, Empresario, Magíster en Políticas Públicas y Doctorando en Administración de Empresas. Presidente del Partido Liberal "Mejorar" y Dirigente de la coalición "Republicanos".

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