Alberto Fernández evitó un conflicto con CFK

Desde el 6 de diciembre a la tarde, Alberto Fernández recibe informes públicos y reservados describiendo las elecciones legislativas en Venezuela. Y todos coinciden en dos hechos políticos inapelables: Los comicios no fueron transparentes y el nivel de abstención exhibe la crisis institucional que ya se lastró al régimen populista de Nicolás Maduro.

El jefe de Estado cuestiona la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela, critica el bloqueo económico y financiero ordenado por los Estados Unidos y propone una transición democrática que incluya a Maduro. Esta hoja ruta le dio credibilidad en la Unión Europea (UE) y con el presidente electo de los Estados Unidos, Joseph Biden.

Pero ayer Alberto Fernández cometió un error político al tratar de balancear su agenda exterior con los reclamos domésticos del kirchnerismo duro que apoya al régimen populista y cree que en Venezuela se está librando un nuevo capítulo de la Guerra Fría. CFK jugó detrás del cortinado y afectó la imagen internacional del Presidente.

Alberto Fernández enfrentó una crisis interna cuando el embajador en la Organización de Estados Americanos (OEA), Carlos Raimundi, relativizó un informe de las Naciones Unidas que ratificaba los crímenes de lesa humanidad cometidos por los grupos de tareas de Maduro. El jefe de Estado atemperó esa rebelión kirchnerista manteniendo a Raimundi en la OEA y respaldando en Ginebra al Informe Bachelet.

El Presidente alcanzó esa síntesis pragmática pese al lobby que Maduro y sus ministros ejercieron sobre las facciones más intransigentes del Frente de Todos. Cuando el incidente Raimundi ya había sido revelado, la vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, y su hermano Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, llamaron a presionar al canciller Felipe Solá para que Alberto Fernández rechazara la investigación de la ONU.

Y el Presidente no lo hizo.

Esa independencia de criterio político, en un escenario institucional acechado por sus diferencias con CFK, le sirvieron al Presidente para acercar posiciones con la Unión Europea, soslayar la influencia del Grupo de Lima y establecer una agenda común con Biden.

Alberto Fernández aparecía con un liderazgo equidistante entre La Habana y la Casa Blanca, y significaba a nivel global la posibilidad de fortalecer a un fixer que podía sentar al Departamento de Estado y a Maduro en la misma mesa de negociaciones.

Ese protagonismo regional observado con atención en Washington y la UE sufrió un inesperado tropezón por la actitud del Presidente ante los comicios legislativos en Venezuela. Estados Unidos junto a 17 países de la región y Europa concluyeron que Maduro hizo fraude para apropiarse de la Asamblea Parlamentaria.

Y Alberto Fernández optó por callar para evitar una crisis política con CFK y sus aliados del Frente de Todos.

Como sucedió con el affaire Raimundi-Bachelet, Delcy y Jorge Rodríguez fatigaron los teléfonos del Gobierno y el Instituto Patria para reclamar que la Casa Rosada reconociera que Maduro había ganado las elecciones legislativas. Y cuando asumieron que eso no sucedería, la vicepresidenta de Venezuela y su hermano ministro de Comunicación exigieron silenzo stampa al gobierno peronista.

El lobby venezolano había perdido la partida frente al Informe Bachelet y ahora recuperaba su poder interno para trabar -al menos- el comunicado de la Argentina denunciando que Maduro -otra vez- había violado los derechos humanos en Venezuela.

Alberto Fernández desconfía de su canciller Felipe Solá y en soledad decidió que era mejor no emitir un comunicado aludiendo al resultado de los comicios en Venezuela. Esa decisión estratégica, sin interpelación de otros miembros del Gabinete, puso en un laberinto geopolítico al Presidente.

Con su posición equidistante sobre Venezuela, el jefe de Estado había sumado credibilidad en los gobiernos de España, Italia, Francia y Alemania, había iniciado cierto acercamiento con sus socios del Mercosur (Brasil, Uruguay y Paraguay) y había establecido un agenda común con Biden.

Pero la ausencia de un comunicado oficial repudiando el fraude electoral cometido por Maduro complicará su estrategia de política exterior. Ya no se trata de un canciller que no diseña la agenda internacional, ahora es el propio Alberto Fernández que decidió contener al kirchnerismo en lugar de sumar su nombre a un reclamo avalado por los países más influyentes de Occidente.

Juan Grabois atacó a Alberto Fernández

Juan Grabois se mantuvo en silencio durante más de un mes. Su última aparición pública había sido cuando intervino en el conflicto de la familia Etchevehere representando a Dolores en la disputa por un predio en una estancia en Entre Ríos que ocupó durante días y que aprovechó para el lanzamiento del Proyecto Artigas, una iniciativa agroecológica que enmarca cuestiones económicas, políticas y problemáticas relacionadas al acceso y el trabajo de la tierra. Pese a ser un militante oficialista se guardó estas últimas semanas una batería de críticas hacia la gestión de Alberto Fernández que expuso públicamente este lunes en un raid mediático. Según afirmó el propio dirigente social, estos cuestionamientos lo hizo “puertas adentro” del Gobierno, pero ante la falta de respuestas decidió salir a hablar. Enojo por la suspensión del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), dolor por el aumento de la pobreza y la indigencia y advertencia al Frente de Todos.

El referente de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) asumió que “fue un año irreal” -”una crisis que excede a la Argentina”- y que “no hay un manual de cómo gobernar en pandemia”, sobre todo teniendo en cuenta que en el país “hay una oposición de derecha muy jorobada”. “Yo tengo una posición política de acompañamiento del Gobierno y de oposición al gobierno anterior, pero hay algo que nosotros no podemos dejar de ver: La única verdad es la realidad, acá aumentó la pobreza, aumentó la indigencia, los jubilados no están mejor están peor y eso es responsabilidad del Gobierno Nacional”, arremetió contra el desempeño de Alberto Fernández y centralizando la crítica en la discontinuación del IFE.

Sacar el IFE es ver la realidad con el Excel y mirando más a la señora del Fondo Monetario Internacional que a la señora del barrio, eso es invertir la escala de prioridades”, manifestó Grabois quien incluso comparó con cómo abordó este tema Jair Bolsonaro, quien ideológicamente está en las antípodas de su ideología. En efecto, afirmó que el IFE fue “un ingreso bajo comparado con Brasil donde Bolsonaro puso 120 dólares por mes a 60 millones de brasileros”.

En declaraciones a C5N además trazó el paralelismo con el otro programa emblema del Gobierno argentino en plena cuarentena: La Asistencia al Trabajo y la Producción. “La política de ATP fue gorda, para 2 millones de trabajadores se gastó la misma plata que para 9 millones personas. ¿Qué había en el medio? Empresas”, analizó.

Para Grabois en las autoridades gubernamentales “no hay conciencia de la realidad, de lo que está sufriendo la gente”. “Como que el Estado es un botín, hay peleas de bandas por el botín, eso hay que ordenarlo y lo tiene que hacer la conducción del Ejecutivo, como tiene que ordenar una política de ingreso”, continuó cuestionando al Presidente.

Hago la crítica puertas para adentro durante un mes y después lo empiezo a decir porque un dirigente social que no denuncia esos números y que no denuncia que hubo un aumento de la pobreza que se podía haber evitado y que hay que evitar que se mantenga en estos niveles -44% es una aberración-, 4 millones de personas que no tienen para comer -10% de indigentes-; si un dirigente social no denuncia esto, ¿Para qué están las organizaciones sociales?”, argumentó el titular de la UTEP.

Grabois cuestionó además no solo el aumento de la pobreza, sino también el de la desigualdad. “Los ricos tienen más y los pobres tienen menos”, resumió. “Le pido al Presidente que se ponga a hacer números de estos índices de pobreza y de indigencia, de los jubilados, cómo va a abordar para que tenga una resolución digna para el año que viene”, reclamó.

No obstante, reafirmó que “lo volvería a votar a Alberto”, pese a las críticas que deslizó ayer en varios medios de comunicación. “Estamos en una situación de degradación que sin entrar a buscar culpables, habida cuenta del desastroso gobierno de Mauricio Macri y de la situación excepcional de la pandemia, todo bien pero hay que abordar con mas seriedad de la que se abordó. Pareciera que hace un año había hambre y ahora parece que no hay más”, ironizó.

Como dirigente social resaltó que su rol como el de otros dirigentes debe ser decir: “Se equivocó compañero Presidente en sacar el IFE, se equivocó más en haberlo sacado sin tener una política alternativa y se equivoca triplemente si intenta darle un maquillaje de marketing a una política muy restrictiva en términos de distribución del ingreso para los sectores populares”.

Pese a la crudeza su planteo para con la gestión de gobierno aclaró que se trata de “un planteo con propuestas” y que viene “con un voto de confianza y de esperanza de que el año que viene va a ser mejor”. Aunque enfatizó que si no tiene “margen para plantear estas cosas”, no tiene “nada que hacer”: “Si la política no logra revertir esta situación, la política no sirve; la política está para pelear contra la injusticia social”.

¿Grabois amenazó con irse del Frente de Todos? Ante la consulta del periodista Juan Amorín, respondió: “Puede ser”. “¿Para qué haces política si no lográs revertir esto? Vos tenes que estar llorando si estos son los números por mas que la pandemia, la no pandemia, Macri y no Macri, te tiene que doler y ese dolor se tiene que transformar en una medida contundente que le garantice a la mitad de los que cobraban el IFE -que son pobres de toda pobreza- que todos los meses van a tener un mango en el bolsillo”.

De lo contrario, el referente del MTE no cree que haya estallido social, pero si “mucha gente que sufra”. “Algunos de los que tienen el Excel de los números ven más a Kristalina (Geogieva) que a doña Rosa”, volvió a apuntar contra el Gabinete quien coincide con Cristina Kirchner en que “hay funcionarios que no funcionan”.

Consultado sobre si sus cuestionamientos a Alberto Fernández pueden ser “funcionales” a la oposición, respondió: “Pindonga. Funcional a la derecha es que el año que viene nos encontremos con estos porcentajes de pobreza y que la gente que puso su votito con ilusión se enoje, que se enoje nuestra gente. Porque los otros ya están enojados, la derecha y los sectores concentrados de poder ya sabemos lo que son, el problema es si nuestra gente ve que en su bolsillo no se resolvieron las cosas”.

Grabois insistió en que espera “que Alberto y Cristina hagan el mejor gobierno de la historia del país”, pero aclaró que “el momento para tomar conciencia” es “ahora, no dentro de cuatro meses”. “Si el macrismo se fortalece sobre la base de los errores del gobierno popular la vamos a pasar muy mal. Para que los que están en frente no vuelvan ese número del 44% (de pobreza) tiene que bajar”, advirtió.

También manifestó su descontento porque desde el Gobierno hay “un intento de quedar bien todo el tiempo con ciertos factores de poder que nunca van a apoyar un gobierno popular”. “No lo puedo entender”, lamentó y apuntó contra el FMI: “¿El Fondo Monetario Internacional ahora tiene rostro humano de nuevo? No es que acá no pasó nada y el Estado argentino tomó deuda normalmente, acá hubo un delincuente que tomó deuda para financiar su campaña pero el que puso la plata fue el FMI a sabiendas de que era en contra del pueblo argentino. ¿La vamos a dejar pasar?”, se preguntó e ironizó: “¿Tenemos que estar agradecidos de que nos van a dar un plazo de gracia y un interés un poco más bajo? ¿Tenemos que permitir que nos digan que tenemos que bajar el déficit con 44% de pobreza?”.

Pese a su enojo al concluir la entrevista remarcó que “no es que está todo mal”, hay “muchas cosas que están bien” como por ejemplo el impuesto a la riqueza, pero percibe que en el Gobierno se avanza en determinados temas con “cierta lentitud” y “no siento que lo estén sufriendo como lo sufre la gente”.

Edgardo Marano

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