Alberto Fernández firma un decreto que vuelve a permitir trámites en papel

Días antes de dejar el poder, el exministro de Transporte, Guillermo Dietrich , ponía entre los grandes logros del gobierno de Mauricio Macri a la modernización del Estado. «Cuando llegamos -decía- había una administración analógica. Hoy es digital».

La digitalización de la burocracia estatal que implementó la gestión anterior podría empezar a dar marcha atrás a partir de una decisión del presidente Alberto Fernández publicada hoy en el Boletín Oficial , según entienden quienes crearon el sistema.

El decreto 338, que lleva la firma de Alberto Fernández y de su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, aprueba el denominado «procedimiento de contingencia», para ser utilizado ante «eventuales fallas en el módulo Generador Electrónico de Documentos Oficiales (GEDO) del sistema de Gestión Documental Electrónica (GDE) o en cualquier otro soporte que requiera el uso de documentos digitales, a los fines de garantizar la firma en soporte papel y en forma ológrafa de los actos administrativos o comunicaciones» al Congreso.

Dicho de manera más simple, si una dependencia tiene dificultades para utilizar el sistema, que está en marcha desde hace años, puede recurrir a la alternativa del papel. La misma norma sostiene, sin embargo, que luego deberá agregar el trámite al documento digital.

Ante la consulta el ex ministro de Modernización de Macri, Andrés Ibarra, sostuvo que la norma abre la puerta para que los trámites del Estado se vuelvan a hacer de manera analógica. «Este decreto habilita nuevamente a hacer trampa en la documentación y rompe también con la unicidad de un expediente electrónico. ¿Cómo van a hacer para agregar a un expediente electrónico un acto administrativo en papel? Han destruido lo que tomó tanto esfuerzo construir», lamentó.

La modernización de los trámites fue una de las grandes apuestas de la gestión anterior. No sólo porque permitía reducir costos, sino también porque le daba transparencia a la administración pública. Por ejemplo, se puede saber en qué oficina del Estado estaba un trámite, y eventualmente así conocer si había alguien o algo que lo estaba demorando.

Para Ibarra, el sistema que heredó Alberto Fernández es maduro. Se hicieron 17 millones de expedientes electrónicos y había más de 200 organismos que lo utilizaban. «No estaba en fase experimental», insistió ante la consulta.

En el reverso de la discusión está la polémica por la transparencia. Un expediente electrónico es fácilmente rastreable porque deja múltiples huellas digitales. En cambio, un trámite en papel se puede posdatar, antedatar y hasta eliminar.

Ibarra sostuvo que si bien el permiso para volver parcialmente a los trámites en papel genera un problema de transparencia, no cree que ese haya sido el objetivo de la norma conocida hoy. Sostiene, en cambio, que los nuevos funcionarios pueden haber encontrado problemas al relacionarse con el mecanismo.

Por varios motivos, la implementación de los trámites a distancia por la vía digital enfrentó diversos problemas. Para el exministro, la dificultad ahora tiene que ver con «determinar quién y ante qué circunstancia se configura la contingencia. Por lo que desde este momento, con solo invocar que su oficina en ese momento no tenía conexión, el acto administrativo fue hecho en soporte papel y en el protocolo especial».

El decreto publicado hoy se apoya en un informe de la Auditoría General de la Nacion (AGN) aprobado el 26 de junio del año pasado. El documento indicaba que el sistema «no está diseñado para que los organismos usuarios de los ecosistemas APN y Cloud puedan -al menos temporariamente- operar el sistema en modo local».

Para garantizar su seguridad, la nueva norma propone Libros de Actas «debidamente rubricados» por el área técnica, donde quedarán asentados los actos dictados por vía de excepción. Y que una vez restablecido el sistema «se deberá proceder a digitalizarlos e incorporarlos al mismo».

¿Qué escenarios baraja Alberto Fernández para después del 13 de abril?

La creciente cifra de muertos en países como Italia y España, sumada a las proyecciones locales de contagiados y la cantidad de camas disponibles, fueron determinantes para que el Gobierno tomara la drástica decisión de poner al país en cuarentena. “Cuando Alberto vio lo que estaba pasando en Europa y sobre todo en Italia, con una tasa de fatalidad del 8%, se asustó”, contaron varias fuentes del Gobierno. En ese momento, el promedio mundial de la tasa de mortalidad era del 4% y en Argentina, alcanzaba el 3%.

Informes confidenciales a los que accedió esta revista dan cuenta de las situaciones a futuro que baraja el Presidente, asesorado por un gran número de médicos y teniendo en cuenta variables internacionales. Uno de esos documentos revela que las autoridades argentinas analizan cuatro escenarios. El “pesimista” reproduce la situación europea y prevé una “duplicación de los casos cada tres días sin aplanamiento de la curva”. El segundo es “optimista” y se basa en China, donde después de tres meses de identificado el virus, se logró contener el contagio. El tercero pronostica que se dupliquen los casos cada tres días hasta el 15 de abril, cuando se logra un “aplanamiento” similar al chino.

El cuarto prevé que esa planicie se empezó a generar los primeros días de abril. Si el aislamiento se cumple, serían unos 250.000 los infectados para mediados de junio, lo que garantiza el normal funcionamiento del sistema de salud. Sin acatamiento y con medidas tardías, el número de casos superaría los 2,2 millones y los hospitales colpasarían. Las proyecciones explican la obsesión de Alberto Fernández por que todos se queden en casa. Y permiten ver que, en comparación con otros países que subestimaron el virus y demoraron las medidas, Argentina todavía puede contenerlo

Edgardo Marano

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