Breve historia de la educación argentina

En un nuevo aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, el homenaje más precioso es tomar su enseñanza como insignia.

“La palabra ‘democracia’ es una burla, donde el gobierno que en ella se funda, pospone o descuida formar al ciudadano moral e inteligente”, palabras de Domingo Faustino Sarmiento

Desde sus orígenes, la humanidad desarrolló el conocimiento de habilidades y valores, organizándose a sí misma en base a sus saberes, como grupo social. Esta historia fue siendo transmitida de generación en generación, en grupos sociales constituidos como clanes que se movían de región a región, hasta que se instalaron en lugares propios para la agricultura, a los que hicieron propios, dejando las migraciones nómades atrás.
Este desarrollo configuró diversas conductas en distintas entre regiones, las que hoy llamamos sociedades.

Una sociedad, entonces, es producto de su cultura y ésta es producto de su historia, transmitida de generación a generación.

Cuando esa cultura se rompe, se pierde el lazo que une a la sociedad.

Por estas razones es factible afirmar la importancia de la Escuela, como organismo que contiene a la infancia y juventud, transmitiendo los conocimientos que le pertenecen como sociedad.

“El Hombre, el Pueblo, la Nación, el Estado, todo está en los humildes pupitres de la Escuela”, dijo Sarmiento

El proyecto de Nación que se gestó tras la Revolución de Mayo tuvo muchas aristas y con el correr de los tiempos, las ideas de la Ilustración hicieron pie en estas tierras, en la mentada generación del ’80 donde grandes pensadores, escritores y políticos marcaron el rumbo nacional.

Se crearon escuelas públicas con la premisa de educar a todos.

Fue la etapa de la Patria ganadera, de la riqueza expansiva de la tierra, del trabajo que sobraba y la llegada de los inmigrantes que tanto impulso dieron a la Nación.

Antes de la Primera Guerra Mundial, Argentina era ya la cuarta potencia en el mundo, por sus riquezas, además encabezaba el grupo de Naciones con más alto nivel educativo.

Nuestra tierra, campo fértil de esperanzas para el mundo, tenía diferencias sociales, sí, pero también brindaba oportunidades a cambio de trabajo que nunca faltaba. Mucho más posibilidades que lo que se brindaban en otras latitudes en esa época.

Las guerras y los cambios sociales, en este país rico y próspero, hicieron mella.

La sociedad argentina no pudo interpretar al fascismo, en ese momento, en su verdadera magnitud, quizás por la opulencia en que se vivía, se pensó estábamos lejos del fenómeno y le permitió el ingreso a través del oscurantismo del Golpe del año 1930, con La Década Infame, que a su vez dio paso al populismo peronista que fue cambiando de imagen y discurso y no se fue más.

Desde entonces, a casi un siglo de esa fecha, las ideas liberales de prosperidad y educación, el debate intelectual de la Generación de los ’80, los iluminados, los liberales, los progresistas, pasaron a ser parte de las bibliotecas y los compendios de historia.

La escuela fue trocando el servicio educativo, de “Educar al Soberano” de Sarmiento, por beneficios gremiales, en lugar de engrandecer la propuesta educativa y servir con mayor nivel y exigencia, adaptando los cambios de época de un Estado próspero con Educación también próspera.

“Escribo, como medio y arma de Combate, que Combatir, es realizar el Pensamiento”, expresó Sarmiento

Tras el golpe fascista de los años ’30, el Liberalismo había cedido su proyecto educativo de Nación, para seguir ideas fascistas.

Así surge la Imagen de un líder protector, en libros de la primera infancia, que se repartieron en toda la Nación y que todavía estamos pagando; así como radios que regalaba el gobierno, donde transmitían el discurso estudiado, para penetrar culturalmente: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”, (Joseph Goebbels, ideólogo de la publicidad nazi).

Así la Educación fue cambiando del libre pensamiento de la razón y la búsqueda de la verdad del estudiante a la formación digitada para lograr mentes serviles.

De esta forma, la Educación pasó de ser “Un arma poderosa en el progreso de la Nación”, según Sarmiento, a ser, hoy un paso más a la esclavitud intelectual, de un sistema.

Dicho todo esto, regreso al pensamiento que lleva a estas letras, homenajeando al gran Domingo Faustino Sarmiento, buscando volver a las fuentes fundacionales de la Nación.
Por ello, hago mías sus palabras…

“Escribo, como medio y arma de Combate, que Combatir, es realizar el Pensamiento”.

Nilda D'Aloia
Lic. en Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Córdoba

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