Cada 9 de noviembre: Kristallnacht

Nací en 1307 a orillas del Spree, fui orgullosa cuna de pensadores y artistas. La bella capital de una Nación prolífica en ciencias, filosofía y artes. El corazón de una fértil civilización que sucumbió por las guerras, desangró generaciones y quedó vacía de poder, de saber, de hacer y de entender.

En el Reichstag que hoy me duele ver en ruinas, se labró un modo de vida que dejamos atrás para lanzarnos presurosamente a dos guerras mundiales.

Soñando con dominar el mundo, perdimos el control de nuestra propia casa.

Entre mis ruinas, criaturas remueven los escombros en busca de comida, abrigo o un techo provisorio. Después de cinco años de sucesivos bombardeos, quien escucha un avión cruzar el cielo de la ciudad siente que una espada de hielo recorre su médula espinal. Hoy estoy dividida entre mis nuevos dueños extranjeros.

Hoy, 13 de agosto de 1961, sobre mi antigua belleza, mi cultura, mis ruinas y mi dolor, sobre la línea fronteriza que me divide comienzan a elevar un muro, que como en los antiguos ghettos, separa pueblos como si yo no fuera una sola ciudad, el corazón de una Alemania llena de pecados y dolor. Qué poco duró el sueño antes de convertirse en esta interminable pesadilla.

El pasado nos reclamaba grandeza, desde el atrevido Napoleón saqueando mi Puerta de Brandemburgo, hoy atrapada entre los vulgares ladrillos que me separan como un tajo en mi matriz. El pasado nos condena a vivir divididos, para reconstruirnos y para pedir perdón a los nuestros. Ruego desde mis cenizas que mis captores dejen de tenerme cautiva, que mis hijos se acuerden de mí, que los sobrevivientes aprendan que el imperio de la ley es el único que nos hará grandes.

En mis calles, que el premio Nobel Max Planck caminó, corrió sangre para mi vergüenza y mi padecer. Esos nazis que como un gigante imán atrajeron la desgracia a mi nación, también la vaciaron de espiritualidad y de cultura.

Ya es tarde, mientras elevan ladrillo a ladrillo el maldito muro que me parte al medio. Era tarde el 9 de noviembre de 1938, Albert Einstein lo supo y me abandonó cinco años antes, era tarde esa fatídica noche que hasta hoy se conmemora.

He vivido la magnificencia de las letras y las artes, el progreso que trajeron a la civilización los sabios de las ciencias como Alexander von Humboldt, el astrónomo Johannes Kepler, Gustav Hertz, Max von Laue; los dilemas de la fe desde el padre de la Iglesia Protestante Martin Luther hasta el Católico Apostólico Romano Papa Benedicto XVI…

De mi patria nacieron y en mí brillaron Bach, Beethoven, Dürer, Klee y Max Ernst, el padre del Romanticismo Johann Wolfgang von Goethe, los notables filósofos que cambiaron la cultura occidental como Leibniz, Hegel, Kant, von Feuerbach, Walter Benjamin… mi Nación fue la cuna de Johannes Gutenberg, cómo pudo dejar atrás tanta grandeza para llenarse la boca de sangre en
dentelladas de salvaje odio.

Hoy miro crecer el muro que me está escindiendo y recuerdo mis pesadillas, desde el primer intento de golpe hasta el ascenso al poder del feroz Hitler. Desde la derrota en la Primera Guerra Mundial hasta el nuevo orgullo nacionalsocialista, que nos lanzó a la Segunda Guerra Mundial con su falsa supremacía de la raza aria, que nos vendió la ilusión de ser los dueños del mundo.

Recuerdo la transformación de mis calles, llenas de soldados, las sucesivas prohibiciones de interacción social con semitas, las incitaciones al odio racial, la deportación de los judíos y su encierro en ghettos, hasta la terrible noche de masacre que llevó a la deportación de miles de judíos a morir en campos de concentración.

La Kristallnacht…

Aún resuenan los ruidos de cristales rotos, de gritos desgarradores, de sinagogas incendiadas, la estampida de fuerzas paramilitares en las principales ciudades alemanas, con sus disfraces de ciudadanos comunes incitando a los habitantes que los imitaron.

Toda la noche del 9 al 10 de noviembre, la Kristallnacht ardió en mí y en mis hermanas.

Apenas cayó el sol, en mi hermana Munich se reunieron y entre ellos se envalentonaron. Los jerarcas nazis festejaban un nuevo aniversario del fallido golpe de 1923, cuando Hitler intentó tomar el gobierno de mi hermana Baviera. Habló el salvaje Joseph Goebbels, el diseñador de la Propaganda nazi, incitó a la violencia diciendo que ya había llegado la hora de golpear a los judíos.

Esos eran nuestros líderes, nuestros dirigentes que una y otra vez, como aquella noche, sacarían lo peor de nosotros. En cada una de mis hermanas, las ciudades alemanas, llegaron las instrucciones de nazi a nazi: Un estruendoso pogrom que debía parecer popular y sin planificación previa. Los activistas vestidos como vecinos con palos y piedras recorrieron mis calles destruyendo las vidrieras de comercios, ventanas de hogares y todas las propiedades de familias judías, saqueando e incendiando templos y propiedades de ciudadanos alemanes, sólo por pertenecer a la etnia judía.

Yo fui una capital europea. En mi Universidad se forjaron numerosos premios Nobel. Yo di al mundo el Romanticismo, el Racionalismo y el Idealismo también. Mendelssohn, Nietzsche, Schopenhauer, Husserl, Jaspers, Marcuse, Adorno… El adorable Erich Fromm, nacido en mi seno, vivió ambas guerras con estupor, abandonándome junto con Einstein y Walter Benjamin, sólo por ser judíos…

En cada una de mis piedras siento la desolación de quienes perdieron la fe en la Humanidad, por mi culpa, por ser el espacio donde se gestó el Holocausto.

Mientras crece el Muro de Berlín, lamento y recuerdo… la terrible Kristallnach embraveció al nazismo, porque los vecinos se sumaron al ataque, el orgulloso ario del Tercer Reich que después me vería dividida, destruida, enmudecida…

Qué habrán sentido los jerarcas nazis, ocultos, viéndome partida en cuatro, mi famosa Universidad siendo botín de guerra…

Mucho tenemos para aprender, necesitamos restañar cada herida, parir y alimentar, aprender y enseñar esta dura lección.

Fuentes: United States Holocaust Memorial Museum, Historia National Geographic y Zadoff, Efraim (Ed.), SHOA – Enciclopedia del Holocausto, Yad Vashem y E.D.Z. Nativ Ediciones, Jerusalén 2004. Basado en: Rozett, Robert & Shmuel Spector (Ed.), Encyclopedia of the Holocaust, Yad Vashem and Facts On File, Inc., Jerusalem Publishing House Ltd, 2000.

Marcela Zadoff
Lic. en Letras Modernas de la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora. Editora. Experta en Comunicación Institucional

5 Comentarios

  1. Estimada Marcela, la felicito por la excelente nota publicada hoy en INFOBAE sobre La Noche de los Cristales Rotos. No la conocía y he dado con este interesante blog.
    La saludo cordialmente desde madrid

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