Chicos de una escuela de Misiones no tienen que mojarse para ir a la escuela

Los chicos del paraje Río Victoria ya no tienen que mojarse los pies para ir a la escuela. Después de dos décadas, Gendarmería dispuso de una camioneta para llevar a los más pequeños y ahora evalúan la posibilidad de construir una pasarela segura para los que cursan la secundaria y todavía deben ir caminando.

Desde este lunes y por instrucciones del Ministerio de Seguridad de la Nación, gendarmes de la Sección San Vicente llegaron hasta Río Victoria junto a algunos jefes para coordinar el traslado de los chicos de jardín de infantes y los primeros grados, que son los que más riesgos corren al momento de transponer el arroyo Pintado, principalmente en los períodos de lluvia, cuando el caudal aumenta considerablemente. Y en los próximos días sumarían a los alumnos más grandes.

Argumentaron que las fuerzas federales deben “estar cerca de la comunidad, escuchar a los ciudadanos y asistirlos frente a situaciones de vulnerabilidad”. En ese sentido, la ministra Patricia Bullrich “instruyó a Gendarmería para que dispusiera de todos los medios y el personal necesarios para garantizar la concurrencia a clase de los alumnos de la Escuela 352 Don Ceferino”.

Tras reunirse con los directivos de la escuela, se estableció que son más de 20 los chicos que atraviesan a diario el arroyo para evitar realizar un largo desvío.

El Ministerio destacó además que “se evalúa la construcción de un nuevo puente o pasarela en el Paraje Río Victoria para facilitar la concurrencia a clases los días de lluvia”.

Además, desde Gendarmería realizan gestiones para que la escuela pueda acceder a una conexión a Internet.

José Andrade y su esposa, María Ferreira, tienen siete hijas y acumulan decenas de notas con pedidos a distintos organismos para que construyan el puente que no sólo acorta el camino a la escuela, sino que facilitaría el acceso a la sala de primeros auxilios y a la iglesia.

Hasta el año pasado los chicos utilizaban una “pinguela” (puente precario, en portugués) construida con un tronco que unía ambas orillas. Esa pasarela se quebró al medio cuando era usada por las hermanas Andrade, que terminaron en el agua. Desde entonces y con ayuda de su padre, cruzan a pie por el curso de agua para luego desandar casi cuatro kilómetros hasta la Escuela.

Edgardo Marano

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