El Coronavirus y la paz de los cementerios de Alberto Fernández

Por Mg. Yamil Santoro y Mg. Antonio Fratamico

El dilema que plantea Alberto Fernández entre salvar la economía y salvar vidas es falso. Tanto el coronavirus como la crisis económica matan. Afirmar lo contrario es mentirle a la gente, o ignorar la genuina complejidad del problema que enfrentamos. Ambas situaciones son graves, y el desafío es ver cómo logramos la menor tasa de contagio con la menor destrucción económica posible. Necesitamos gestión, no eslóganes, y que se nos hable con franqueza. Los argentinos merecemos un gobierno que nos diga la verdad.

Algunas verdades incómodas sobre el Coronavirus

Primero debemos asumir dos verdades incómodas sobre el Coronavirus (Co-vid19): 1) no hay una cura (ni se tiene previsto que la haya al corto plazo); 2) no hay evidencia empírica suficiente que permita asumir que nos inmunizamos por contagio, lo cual impide apostar por una estrategia de contagio controlado o de “herd immunity”. En suma, dada la información con la que contamos, “esperar” no nos acerca a una solución y “contagiarnos deliberadamente” tampoco. Si no tenemos soluciones para el problema tenemos que elegir entonces cómo administrarlo. Está, existe y lo más sensato es asumir que seguirá estando por un tiempo más entre nosotros.

La cuarentena ha servido para aplanar la curva y limitar las consecuencias de un mal manejo inicial del problema. Ha servido para instalar consciencia en millones de argentinos sobre la importancia del distanciamiento social y a migrar procesos y dinámicas a la nube. Pero estirarla en el tiempo en toda su extensión, por fuera de lo estrictamente necesario para cortar la inercia inicial, es tan criminal como no tomar ninguna decisión. La cuarentena ni cura, ni evita que tengamos nuevas olas de contagios (y por ello, de muertes). En resumen, es infantil pensar en la cuarentena como la “solución”, salvo que estemos dispuestos a sostenerla infinitamente y aceptar la paz del cementerio: ¿Queremos sacrificar todo en el altar del coronavirus?

No sólo el virus mata. La evidencia empírica demuestra que existe una correlación directa entre crisis económicas y mortalidad. A peor performance económica, más muertes. ¿Cuántas personas van a morir por las decisiones económicas que se están tomando? A esto debemos también sumarle el daño mutidimensional que representa el empobrecimiento de una familia o persona. ¿Cuánto cuesta esta destrucción deliberada que se está llevando adelante en nombre de la salud? Alberto nos está sumiendo en una crisis económica profunda, agravada desde ya por el contexto internacional fruto de la crisis por el coronavirus.

Una sociedad encerrada no sólo se come sus ahorros, que escasean en este país, sino que tracciona con la sangre de los que pagarán el costo de la crisis. La diferencia principal entre los muertos por la enfermedad y aquellos que producirán las decisiones actuales, es que la evidencia demuestra que los muertos por la economía se concentran en los segmentos de menores ingresos, a diferencia de las potenciales muertes del coronavirus, que no presta atención al estrato socioeconómico de las personas. Las medidas de cuarentena extrema, que aportan una paz transitoria a costa de la economía, transfieren el riesgo hacia las familias más vulnerables. ¿Cuál es el intercambio que estamos haciendo? ¿Cuántos muertos evitados por coronavirus justifican determinado número de muertos de hambre o por enfermedades evitables? ¿Algunos muertos valen más que otros? Esos serán los otros muertos de Alberto.

Otra diferencia es la distancia temporal entre las decisiones y los muertos. En otras palabras, ante el dilema de administrar la vida y muerte de la gente, Alberto ha decidido encarar un proceso cuyos costos letales recaerán principalmente sobre las personas de ingresos bajos y medios, en cuotas. ¿Qué quiere decir “en cuotas”? Pues sencillamente, que la crisis económica no nos va a matar ahora, en el cortísimo plazo, ni presentará sus efectos todos juntos. El daño económico muestra sus esquirlas a lo largo del tiempo.

El miedo por esta enfermedad, cuya mortalidad en principio no supera al 2% del total de casos, nos ha llevado a un estado de excepción absoluto donde no sólo estamos hipotecando nuestro futuro, sino también permitiendo que eso pase sin que funcionen las instituciones básicas de nuestra República. Estamos permitiendo que en nombre de la lucha contra el coronavirus se sacrifique a la Argentina, sin que nadie controle al Presidente. No hay Congreso Nacional funcionando y la Justicia sigue de feria. ¿Qué hará levantar el estado de excepción al corto plazo? ¿La buena voluntad del Presidente? ¿Un cambio de tendencia en las encuestas? Los controles republicanos son también necesarios para garantizar un equilibrio entre los distintos derechos en juego. Los intentos de robo recientes en las compras gubernamentales son sólo la punta de un iceberg mucho más peligroso que se esconde bajo el autoritarismo legitimado.

Entendemos que si nos regimos únicamente por la opinión de los sanitaristas, la cuarentena eterna y total sería la solución ideal. También entendemos que en una situación de crisis se necesitan líderes excepcionales, pero eso no habilita a que se torne en un poder omnipotente, para el que las instituciones republicanas le resulten un escollo. Como solía decir un profesor de Derecho Constitucional: “no hay nada más eficiente para llegar del punto A al B que una Dictadura, el problema es cuando estamos nosotros en el medio”.

La cuarentena extrema es insostenible y sus consecuencias traerán problemas muy difíciles de resolver. Preferimos encarar ese futuro complejo con la verdad sobre la mesa y con las instituciones funcionando. La reconstrucción llevará tiempo y esfuerzos por parte de todos los argentinos, por eso es importante que empecemos a hablar con la verdad, a dejar de subestimar los problemas que se vienen y a trabajar republicanamente, especialmente ahora, cuando el miedo nos hace creer que el Gobierno debe tener la suma del poder público.

Yamil Santoro
Es Abogado, Empresario, Magíster en Políticas Públicas y Doctorando en Administración de Empresas. Presidente del Partido Liberal "Mejorar" y Dirigente de la coalición "Republicanos".

3 Comentarios

  1. La «solucion» no existe hasta que haya una cura o una vacuna. Pero la única medida posible de resguardo es la cuarentena. Es falso decir que los sanitaristas proponen una cuarentena eterna; en primer lugar no son los «sanitaristas» sino los epidemiólogos los que con sus modelos saben de este asunto. En segundo lugar no proponen eso sino una estrategia de cuarentena que evite que se sature el sistema sanitario produciendose muertes por coronavirus y por cualquier otra cosa que no sería letal si pudiera ser tratada. Es lo que se denomina «achatar la curva» ,»pasar el pico» ,de esta última expresión surge claramente que no significa cuarentena hasta la cura. Los científicos no son infantiles en ningún sentido y se ha probado que tenían razón ante aquellos que como Trump o Boris Johnson creyeron que podían seguir adelante como si nada.
    Finalmente hay un sofisma al tomar la economía como causa de muerte comparable con el de la pandemia porque es un parámetro inmedible e incontrolable. Un comodín.
    La Argentina ha perdido la cultura del esfuerzo, no tiene paciencia con la adversidad . Una disminución de la actividad económica por un período de 2 a 3 meses como se estima máximo (equivalente a los sabados y domingos del año) en Argentina no mata. Hablar de hambre o muerte es erroneo cuando solo se trata de una disminución del tren de vida; esa disminución podría ser fatal para los mas desposeídos no habiendo el asistencialismo y la disponibilidad de alimentos de la Argentina.
    No se debe resignar la república en manos del autoritarismo sino todo lo contrario, pero tampoco desechar la racionalidad del análisis de los científicos por una falsa libertad que olvide que nadie tiene derecho a perjudicar al otro, en este caso a contagiar no respetando las reglas de inactividad y aislamiento que son indispensables. Apurarse a levantar la cuarentena (ver como Japon tuvo que volver a imponerla) sería un suicidio; se mide poco se debería medir más pero está claro que recien estamos en el principio de la epidemia y toda actividad fuera de lo sanitario, seguridad y alimentación debe evitarse.

    NB la mortalidad de Covid-19 no es el 2% si no 5 o más según los datos globales, no tenemos un dios aparte sino un estado que no mide. .

  2. La cuarentena no es eterna y es indispensable.
    La «solucion» no existe hasta que haya una cura o una vacuna. Pero la única medida posible de resguardo es la cuarentena. Es falso decir que los sanitaristas proponen una cuarentena eterna; en primer lugar no son los «sanitaristas» sino los epidemiólogos los que con sus modelos saben de este asunto. En segundo lugar no proponen eso sino una estrategia de cuarentena que evite que se sature el sistema sanitario produciendose muertes por coronavirus y por cualquier otra cosa que no sería letal si pudiera ser tratada. Es lo que se denomina «achatar la curva» ,»pasar el pico» ,de esta última expresión surge claramente que no significa cuarentena hasta la cura. Los científicos no son infantiles en ningún sentido y se ha probado que tenían razón ante aquellos que como Trump o Boris Johnson creyeron que podían seguir adelante como si nada.
    Finalmente hay un sofisma al tomar la economía como causa de muerte comparable con el de la pandemia porque es un parámetro inmedible e incontrolable. Un comodín.
    La Argentina ha perdido la cultura del esfuerzo, no tiene paciencia con la adversidad . Una disminución de la actividad económica por un período de 2 a 3 meses como se estima máximo (equivalente a los sabados y domingos del año) en Argentina no mata. Hablar de hambre o muerte es erroneo cuando solo se trata de una disminución del tren de vida; esa disminución podría ser fatal para los mas desposeídos no habiendo el asistencialismo y la disponibilidad de alimentos de la Argentina.
    No se debe resignar la república en manos del autoritarismo sino todo lo contrario, pero tampoco desechar la racionalidad del análisis de los científicos por una falsa libertad que olvide que nadie tiene derecho a perjudicar al otro, en este caso a contagiar no respetando las reglas de inactividad y aislamiento que son indispensables. Apurarse a levantar la cuarentena (ver como Japon tuvo que volver a imponerla) sería un suicidio; se mide poco se debería medir más pero está claro que recien estamos en el principio de la epidemia y toda actividad fuera de lo sanitario, seguridad y alimentación debe evitarse.

    NB la mortalidad de Covid-19 no es el 2% si no 5 o más según los datos globales, no tenemos un dios aparte sino un estado que no mide. .

  3. Disculpen si mandé mi comentario 2 veces , pero la primera vez no estaba claro que hubiera sido enviado y varias horas despues no aparece. Gracias.

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