De Ovejas y Pastores

Dra. Constanza Mazzina – Mg. Antonio Fratamico

Desde hace muchos años la política argentina comenzó a dar señales de agotamiento: La falta de renovación, la escasa preparación técnica, la repetición de artimañas, las interminables listas “sábana”, las convicciones negociadas, generaron las primeras señales de una crisis de representación que hoy se expresa en un visible descontento. Buena parte de la clase política se ha divorciado de la sociedad. Gran parte se ha dedicado a trabajar para sí misma buscando mecanismos que le permitan perpetuarse en distintos recovecos del entramado estatal. La representación se ha viciado, buscando sus propios intereses. Lejos de las preocupaciones cotidianas, se convirtieron, al mejor estilo de Rebelión en la Granja, en aquello que denostaban.

El tiempo nos ha traicionado, y los partidos mayoritarios se han convertido en maquinarias que mantienen y refuerzan el status quo. Los partidos tradicionales no sólo gozan de un gran desprestigio (véase los datos en latinobarómetro), sino que desprestigian la política. Se desprestigia la política cuando se ubican amigos y parientes en cargos de toma de decisiones e incluso creando puestos (direcciones, secretarías) a dedo, como medios de pago por quién sabe qué contraprestación. Desprestigian la política generando cada vez más trabas legales, impuestos, tasas y circuitos burocráticos para poder abrir una empresa, para poder trabajar, para poder circular en tiempos de pandemia y para tantos otros miles de trámites, que no hacen sino agrandar los espacios de y para la corrupción. Pero no sólo desprestigian la política, sino que también erosionan la Democracia.

Mientras tanto, la propensión enfermiza al avance del Estado en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana y a inmiscuirse (reglar, legislar) en las relaciones entre particulares, genera efectos nefastos. Por ejemplo, los legisladores creyeron (creer no es un verbo elegido al azar) generar beneficios para los inquilinos de propiedades, y sancionaron una nueva ley de alquileres, pero lo que ocurrió fue un aumento de los alquileres, perjudicando a quienes creían beneficiar. Las decisiones políticas que se toman bajo el paraguas de “el Estado te cuida”, provocan problemas totalmente predecibles y evitables. Las buenas intenciones no sirven de excusa, y la ignorancia tampoco. Para hacer política (no politiquería) hace falta trabajo técnico, estudios y especialistas que conozcan cada temática que se intenta abordar, sin cegueras ideológicas. Hacer política no es presentar cientos de proyectos, hacer política no es declarar el Día Nacional del Mate. Como advertía Bastiat en La Ley (1850): “si, so pretexto de organización, de reglamentación, de protección, de estímulo, la ley puede quitar a unos para dar a otros, tomar de toda la riqueza creada por todas las clases para aumentar sólo la de una de ellas, ya sea la de los agricultores, la de los industriales, la de los comerciantes, la de los armadores, la de los artistas, la de los comediantes, entonces ciertamente no hay clase que no pretenda, con razón, meter también la mano en la ley, que no reivindique con ardor su derecho a elegir y a ser elegido, que no ponga la sociedad patas arriba con tal de conseguirlo”. Así, la ley “ya no es refugio del oprimido, sino arma del opresor”.

En el camino, la sociedad -harta de los políticos-, ha madurado. Los ciudadanos entendemos que los políticos son servidores públicos y que, como tales, deben rendir cuentas: Nuestros impuestos pagan sus sueldos. Los ciudadanos hemos entendido que no somos ovejas arriadas por un pastor. Esto se pudo ver con la reacción ante el intento de estatización de Vicentín o la marcha del 17 de agosto contra la reforma judicial, todo en tiempos de cuarentena.

Ante este desprestigio de la política y los políticos, con algunas honrosas excepciones, oficialismo y oposición forman un mismo conglomerado. Un establishment político. Hay un vacío en la oposición, y la verdadera oposición la hace la gente en las calles y en las redes sociales.

La sociedad ha madurado: Las marchas realizadas en el contexto actual fueron manifestaciones pacíficas y apartidarias. Hoy reclamamos que los políticos rindan cuentas: La democracia no es un cheque en blanco. Ante la madurez de la sociedad, tenemos políticos vetustos y partidos anquilosados en el tiempo. Por eso, la renovación de la política es insoslayable, no sólo sobre el conjunto de personas que se repiten año a año, de partido a partido y elección tras elección, sino también sobre las reglas de juego. Se requiere una forma distinta de hacer política que esté a la altura de los ciudadanos. Se reclama una política madura, que piense en el largo plazo y que no maneje el Estado como un botín de guerra o un coto de caza.

Hoy frente al reclamo de una nueva política, es el momento oportuno para el nacimiento de nuevos partidos, que articulen y canalicen las demandas de la sociedad y que puedan ejercer la política responsablemente, de manera que recupere el prestigio perdido. Políticos que no cambien las leyes a su gusto, sino que las respeten, que sean ejemplo de lo que predican.

Hoy la sociedad reclama representación. Hoy, la sociedad, es el pastor.

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