Defensoría del Público: buenas intenciones que disfrazan manipulación

La Defensoría del Público se define a sí misma como defensora del “derecho a la comunicación democrática” en su sitio oficial defensoriadelpublico.gob.ar

Allí se simulan las mejores intenciones de defender derechos del consumidor, en este caso específico de medios audiovisuales (pienso en cuestiones lógicas como el horario de protección al menor, que los medios y sus propietarios no tengan privilegios ni estén involucrados en ilícitos, etc.).

Sin embargo, recientes expresiones de la Defensora del Público Miriam Lewin (designada por decreto 562/2020) mostraron el verdadero rostro de la intolerancia, al descalificar a un colega: “…es anacrónico, apuntamos a que no sea escuchado en la sociedad”.

Entonces, al leer entre líneas en qué consiste la tarea de esta entidad a cargo de la mencionada funcionaria militante, la vemos actuando a la manera de una “intermediaria”, como si no fuese el público quien, en ejercicio de su libertad de consumidor, determina el éxito o fracaso de un comunicador.

Las cifras de audiencia marcan la cantidad de espectadores de un programa emitido a través de medios de comunicación masiva. En la medición de audiencia se patentiza la vigencia de un periodista y la calidad de su trabajo, aunque se trate de una voz no afín al gobierno, como es el caso de Baby Etchecopar, por ella denostado.

Este derecho a trabajar sin estar bajo el prejuicio de un funcionario nacional es lo que precisamente debería ser defendido por la Defensoría. Por eso, en el mismo día de ser pronunciadas estas declaraciones fue creada una petición en change.org donde se expresa que las declaraciones de su titular “atentan contra la libertad de expresión en contra de los mismos intereses que su cargo debe impulsar” y se solicita la remoción de Lewin, por mal desempeño.

Pero la trampa está puesta, cito la página oficial: “La Defensoría recibe y canaliza las consultas, reclamos y denuncias del público para que sus derechos ciudadanos como receptores de medios sean respetados. Por eso, promueve la participación y el debate y lleva adelante una tarea pedagógica para explicar en qué consiste el derecho a la comunicación, cómo ejercerlo y cómo reclamar si no es respetado.”

Hecha la ley, echa la trampa, porque dicha “tarea pedagógica” a cargo de Lewin le da tarima, atril y micrófono para aplaudir y denostar, al más puro estilo albertista, tratando a personas libres y adultas como a niños que necesitan atravesar una instancia 678chista para saber qué está bueno mirar.

El discurso social muestra, en lo que una sociedad dice, cómo se expresa a sí misma a través de sus dichos, en este sentido es valioso que una sociedad pueda decirse a sí misma sin intervenciones estatales, aunque estén disfrazadas de diálogo y falso sentido de la pedagogía.

La sociedad, de esta manera, autodetermina su propio interés. Una sociedad de ciudadanos libres, de pleno derecho.

La función de un demócrata será, en todo caso, develar (como quien corre un telón y muestra las bambalinas) las estrategias de manipulación, por ejemplo ese plural de primera persona cuando una funcionaria funcional intenta determinar qué y quién es aprobado, y a quién apuntamos: “apuntamos a que no sea escuchado en la sociedad”.

Del mismo modo era esperable que en una República democrática fuese criticado el hostigamiento de Ezequiel Guazzora a varios periodistas, entre ellos al mismo Baby Etchecopar, como fue ampliamente difundido. Pero Eze usa el paraguas de Alberto, y Litwin también es compañere.

Desde el Partido Mejorar y la Fundación Apolo se están haciendo los reclamos judiciales pertinentes toda vez que sea necesario defender la libertad y los derechos, que son la esencia de nuestra Nación, para ello jurídicamente organizada.

Al vulnerar un derecho se vulneran todos, porque van juntos. Al cercenar una libertad se cercenan todas, por eso estaremos con la Constitución Nacional en la mano, caminando como ciudadanos democráticos. Pero la trampa está echada. Estemos atentos.

Reclamo desde este espacio democrático la libertad para trabajar en el ámbito de la comunicación sin censura ni amenazas, sin estar bajo la lupa de una entidad oficial que se dice defensora pero en realidad oculta entre líneas sus intenciones de adoctrinar.

Marcela Zadoff
Lic. en Letras Modernas de la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora. Editora. Experta en Comunicación Institucional

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