Dejando hacer, dejando pasar (PARTE 2)

Presento la segunda parte del flagelo del antisemitismo a lo largo de la historia, con los prejuicios intactos, desde el mundo hasta Argentina, sin olvidar a Córdoba, desde donde escribo. Acceda a la primera parte aquí.

En el esfuerzo de demostrar como el antisemitismo se ha desplegado como odio racial manifiesto a lo largo de todas las épocas de la historia, es oportuno (por su evidente vinculación con la temática que vengo desarrollando), resaltar otros hechos claramente reveladores y sucedidos en la actualidad. Así, por ejemplo y trayendo aquí nuevamente al eminente Profesor Gervase Philips, caben mencionarse entre otros, tal cual expresa el referido catedrático en el sentido de que “El antisemitismo está en marcha”, a los siguientes acontecimientos nefastos: Los manifestantes antisemitas de extrema derecha en Charlottesville (Virgina), con sus cánticos de “Sangre y Tierra” junto a sus carteles de “Los judíos no nos reemplazarán”; o los ataques a las sinagogas en Suecia, los ataques incendiarios contra los restaurantes kosher en Francia y un gran aumento en los crímenes de odio contra Judíos en el Reino Unido. El antisemitismo asoma su fea cabeza en todos los aspectos de la vida pública, ya sean debates internos dentro de los partidos políticos o acusaciones de redes de conspiración o complots en la política y los negocios. O incluso en las acusaciones de que el comportamiento sexualmente depredador del magnate de Hollywood Harvey Weinstein estaba relacionado de alguna manera con sus orígenes judíos. Resume Phillips…. “El antisemitismo parece haber recibido una nueva vida”.

Considero particularmente y dados los diversos ejemplos que sobre el odio racial hacia el judaísmo he venido mencionando, que el antisemitismo –sin dudarlo en lo más mínimo- se ha convertido ya, en un extremo nítidamente atemporal.

Muy lamentablemente se encuentra perenne y presente minuto a minuto, día a día, año tras año, en una buena parte del sentir de la población mundial.

El caldo de cultivo de los sicarios del odio

Si por si acaso los ejemplos expuestos no resultasen suficientes a los fines de alcanzar una conclusión definitiva, no escatimaré esfuerzo alguno en describir otros hechos exponenciales y que necesariamente deben generar una seria reflexión, al menos esa es mi intención, en la ciudadanía argentina que como en la mayoría de los temas trascendentales que hacen a la unión y fortalecimiento de la República, parece haber asumido la práctica ya casi sistemática del laissez faire et laissez passer, esto es la del “dejemos hacer, dejemos pasar, total la Argentina va sola”. Dicha posición socialmente apática y desinteresada, no logra advertir que precisamente eso es lo que necesitan como caldo de cultivo los sicarios del odio, de la mentira y la manipulación de pueblos enteros. Para que la pelota no quede picando y en función de considerarme un hombre fundamentado en mis afirmaciones, por ahora y a modo meramente liminar, es que coloco nombre y apellido a un personaje helminto, generador de uno de los hechos más graves de antisemitismo descarado para un medio de comunicación y que inclusive, ha trascendido las fronteras del país: Tomás Ariel Méndez. Como ya lo he referido con anterioridad, dedicaré un apartado específico sobre éste pretenso periodista o más bien, raptor de la moral ajena, o en suma y más grave todavía, un revelado antisemita.

Así entonces, entendiendo que el odio hacia el judaísmo resulta comprensivo del desprecio y persecución tanto religioso, racial, étnico o como se prefiera catalogarlo para mí es la íntegra conjunción de todo ello- y que por cierto ostenta la característica de ser el tipo de fobia humana de más antigua data que pueda encontrarse en la historia de la humanidad, continuaré repasando algunos de entre tantísimos ejemplos del leit motiv antijudío aparecidos desde antaño.

Antisemitismo: El peor rostro del hombre

En ese aspecto se debe recordar una vez más el estudio que sobre el tema específico ha realizado el catedrático británico Gervase Phillips. El mismo, refiere al político y abogado Cicerón (-106 a – 143 a C.) cuando le recordó a un jurado “el odio del oro judío”, como “se mantienen unidos los judíos” y sobre el peligro que representaba el hecho de que los judíos “son influyentes en las reuniones informales”. Asimismo la sistemática, continua y dura crítica de Tertuliano (160 a 225, uno de los llamados “Padres de la Iglesia”) hacia los judíos –“especialmente malvados y especialmente merecedores de una ira justa”-, logró moldear las actitudes cristianas estereotipadas hacia los judíos desde finales de la antigüedad hasta el período medieval, dejando a las comunidades judías vulnerables a estallidos periódicos de persecución. Así los judíos sufrieron distintas formas de difamación, llegando a manifestarse el odio mediante masacres como la de York (1190) hasta la “limpieza étnica y confiscación de bienes”, como se vio con las expulsiones de Inglaterra (1290), Francia (1306) y España (1492). Durante la Edad Media se obligó a los judíos a vivir en barrios específicos a los que peyorativamente se los denominaba “juderías”.

He venido relatando sobre distintos sucesos nefastos que a lo largo de los siglos se han producido en la historia de la humanidad y en donde el “odio al judío” pareciera constituirse o mostrarse como estribillo harto repetido y como foco de descarga para los más bajos y repudiables sentimientos humanos. Esa y no otra es la verdad real.

Resulta increíble como el antisemitismo se ha mostrado como el peor “rostro del hombre” y no existe atisbo alguno de que en pleno Siglo XXI fuese a ser erradicado de la faz de la tierra. A dicho alcance, me veo obligado a citar al jerarquizado catedrático estadounidense David Nirenberg (Director del Área de Ciencias Sociales y Profesor de Historia Medieval y Pensamiento Social de la Universidad de Chicago), quien en su afamado libro “Antijudaísmo: la tradición occidental”, expresa: “El antijudaísmo era una herramienta que podía utilizarse de manera útil para casi cualquier problema, un arma que podía utilizarse en casi cualquier frente”; y vale aquí entonces, la cita de Phillips cuando destaca al historiador de Chicago: “Y esta arma se ha utilizado con efectos devastadores durante siglos. Cuando Lutero tronó contra el papado en 1543, denunció a la Iglesia romana como “la sinagoga del diablo” y a la ortodoxia católica como “judía” en su codicia y materialismo. En 1790, el conservador anglo-irlandés Edmund Burke publicó su manifiesto “Reflexiones sobre la revolución en Francia” y condenó a los revolucionarios como “Corredores judíos” y “Viejos judíos”.

La referida cita, instantáneamente me ha llevado a recordar mis épocas de juventud en donde me atrapaba y constituía un verdadero enigma a descifrar, el paso histórico de la humanidad y que significó dejar la dureza y estructuración de la Edad Media para dar paso a la Modernidad en donde –supuestamente- el hombre pasaba a ser el centro del mundo. Eran tiempos en que me deslumbró el Discurso del Método (Descartes) y asimismo me sembró de terror el “Manifiesto de Lutero» (del año 1545) y por el cual, el mentor del luego llamado “cisma religioso”, bajo el título “Los judíos y sus mentiras” instó a asesinar a los judíos.

Un odio antiguo y vigente

¿Cuántos años puedo saltear de la historia de la humanidad y posicionarme en la actualidad y encontrar siempre el mismo leit motiv? Basta con referir al conocido medio “New Stateman” de tendencia izquierdista, cuando en el año 2002 y criticando al premier Tony Blair de estar actuando bajo un “lobby pro israelí”, presentó una portada donde se exaltaban como fondo a “maquinaciones judías secretas y dominio sobre los intereses nacionales” destacando fuertemente una estrella de David de oro, descansando sobre la Unión Jack, con el título “¿UNA CONSPIRACIÓN KOSHER?

En el año 2003, tan solo un año después de dicha publicación, Tam Dalyell –diputado laborista-, acusó públicamente al por entonces primer ministro Tony Blair, de “estar indebidamente influenciado por una camarilla de asesores judíos”.

Vale preguntarse en consecuencia: ¿Existen diferencias entre los mensajes de odio étnico, religioso, racial -o como al lector más le guste calificar-, lanzados por Cicerón y Tertuliano hace 2000 años, con los del creciente antisemitismo en el presente Siglo XXI?

En ese contexto, propongo nuevamente retroceder las páginas de la historia hasta tan solo el Siglo XIX. En estos términos se refería el filósofo Karl Marx hacia el judaísmo: “El judío se ha emancipado a sí mismo de una manera judía no sólo anexando el poder del dinero, sino también a través de él y también aparte de él, el dinero se ha convertido en una potencia mundial y el espíritu práctico del judío se ha convertido en el espíritu práctico del pueblo cristiano. Los judíos se han emancipado en la medida en que los cristianos se han convertido en judíos… El dinero es el dios celoso de Israel ante lo cual ningún otro dios puede estar… El dios de los judíos se ha secularizado y se ha convertido en el dios del mundo”. Espero que el lector no se precipite en sus ansias, pero reitero, ya me dedicaré puntualmente al tratamiento de “el helminto”.

¿No existe demasiada similitud entre los macabros mensajes antisemitas que he desarrollado hasta aquí y concordantemente, con los que Tomás Méndez ha vociferado impunemente por un medio de comunicación masivo, aunque patético y axiológicamente difamador del prójimo?

Es que “el personaje helminto” me ha hecho recordar también a la Revolución Francesa y a la específica proclamación de 1791. Allí, por primera vez en la historia, los judíos de Francia fueron reconocidos como ciudadanos de pleno derecho. Por favor, no desespere… Ocurrió que exactamente el mismo día en que la Asamblea Constituyente consagró dicho reconocimiento, la hermana del monarca Luis XVI escribió una misiva a sus parientes de la familia Habsburgo de Viena: “La Asamblea Constituyente ha llegado al colmo de la locura, ha hecho ciudadanos a los judíos”. Seguramente, el helminto y que por su conducta desplegada públicamente, por cierto ha creado una fuerte presunción de resultar descendiente directo de todos los helmintos habidos desde Cicerón y Tartuliano hasta la actualidad, hubiera lanzado al aire –con exultante alegría por el premio a percibir y desparramando la enfermedad del odio, propia del grupo parasitológico en que la ciencia lo ubica- toda una exaltación y adoración a la actitud de la hermana directa del Rey de Francia, tal cual fuese su aparente empleadora; la “Reina y Arquitecta de Egipto”.

En breve, la tercera entrega de esta historia, “Dejando hacer, dejando pasar…» la práctica favorita de Argentina puesta al servicio del antisemitismo.

Tomás Méndez y Cristina Kirchner
Fabián Moscovich
Abogado. Ajedrecista.

1 Comentario

Deja un comentario