Dejar hacer, dejar pasar (parte 3)

En esta saga, continúo la modesta reseña histórica que sobre algunos de los hechos más notorios que el odio al judaísmo ha revelado a la humanidad, pero estimo de muchísima trascendencia el aterrizar en la actualidad.

En primer lugar el caso más reciente: Nicolás Pauls expresó su odio a los judíos mediante una imagen posteada en Instagram y el periodista de TyC Martín Souto lo apoyó. El colega Dani Lerer hizo las capturas de ambas imágenes y estallaron las redes con el repudio generalizado. Pauls, de origen judío, se disculpó tibiamente, Souto (que había borrado su posteo) siguió el eco. La consigna “miente, miente que algo quedará” se asocia a esta actitud donde se intenta hacer un daño simbólico enorme (peor en el caso de Pauls, repudiando a sus orígenes) y luego no desmiente su afirmación con el mismo grado de contundencia, sólo dice que “por apresurado no hice la obvia lectura que lamentablemente han hecho algunas personas. Me salió pésimo el mensaje que quise transmitir”.

Por lo tanto, para combatir este flagelo debemos actuar no sólo en las redes sino en la Justicia, mediante la tarea profesional de abogados y con jueces que estén a la altura de las circunstancias. La dignidad no es negociable.

Y consecuentemente he de resaltar a una destacadísima escritora y columnista de uno de los medios más importantes del mundo en la temática de política y religión (“The Atlantic”). Es Emma Green, quien con calificada formación y claridad conceptual, la recomiendo por su brillantez. Entre varios artículos referidos al antisemitismo, destaco que “La durabilidad de los tropos antisemitas y la facilidad con la que se deslizan en todas las manifestaciones de intolerancia, es un escalofriante recordatorio de que los odios de nuestro tiempo riman con la historia y son fácilmente canalizados a través de bulos antisemitas atemporales”.

Al respecto, considero que la evidente escalada mundial delictiva y que tiene como “eje de causa criminal” el odio al judío, encuentra su factor de factibilidad en que distintas sociedades, consciente o inconscientemente, se están transformando en buenos practicantes del principio que en sus inicios, fue concebido esencialmente vinculada a la economía: “laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même”. Incluyo a muchos gobiernos, ciudadanos, miembros de la justicia, periodismo, e inclusive en cierto grado porqué no, una autocrítica- a algunas actitudes de ciertas organizaciones de la propia comunidad judía. Eso sí, debe quedar bien claro y sin margen al mínimo resquicio para la duda, que desde mi postura me refiero a la práctica “eficiente” de aquel principio, como motorizado ya sea por acción y también por omisión.

Cuando de antisemitismo y actualidad se trata, reincido en el historiador Gervase Phillips, quien citando al director de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, Michael O´Flaherty, dice: “El antisemitismo sigue siendo una grave preocupación en toda Europa a pesar de los repetidos esfuerzos para erradicar estos prejuicios ancestrales”; y opina Phillips, “dadas las profundas raíces históricas del fenómeno y su capacidad de reinvención que desafía la época, sería fácil ser pesimista sobre la perspectiva de otro esfuerzo para erradicarlo. Pero una conciencia histórica de la naturaleza del antisemitismo puede resultar un aliado poderoso para aquellos que desafían los prejuicios. Los antiguos tropos y desaires pueden disfrazarse con atuendos modernos, pero incluso las acusaciones en voz baja de lobbies y cábalas conspirativas deben reconocerse por lo que son: La movilización de una lengua antigua y una ideología de odio para las que no debería haber lugar en nuestro tiempo”.

Párrafo aparte merece el uso de la literatura como medio para desplegar este odio
inconmensurable y exterminador. En dicho marco, ubico y pidiendo debido perdón al arte
filológico, es que dirigiré el desarrollo de mi pensamiento hacia lo que se ha denominado “un clásico de la literatura racista y paranoica”; ni más ni menos a los llamados “Protocolos de los Sabios Ancianos de Sion”. Considero a la aparición de dicha publicación y a su nefasta utilización metódica en el camino de la aversión racial, como un instrumento que ha servido de base inclusive y como uno de los puntos de partida, para la motorización del exterminio judío llevado adelante por Adolf Hitler.

Podría dedicarle extensas páginas y páginas a dicho panfleto falso y conspirativo antisemita, pero intentaré resumir la cuestión al efecto de que se logre comprender la influencia atroz que dicho documento infame tiene aún en la actualidad y en cuyo espíritu encontramos claros y recientes ejemplos con los dichos del impresentable diputado nacional Pablo Ansaloni y los del fiel representante del objeto de la helmintología parasitaria, es decir, el comunicador Tomás A. Méndez.

Los mencionados y falsos Protocolos de Sion –pero horripilantemente influyentes-, fueron publicados por el funcionario zarista Sergei Nilus en el año 1092. Nilus editó varias ediciones y curiosamente, cada una con un relato diferente de cómo descubrió el documento.

En la edición del año 1911 afirmó que una “fuente suya” había robado el documento de una sede sionista en Francia; por cierto se encuentra acabadamente demostrado que dicha sede francesa nunca existió. Otros publicadores de los Protocolos adujeron que en realidad el documento fue leído en el Primer Congreso Sionista celebrado en 1897 en Suiza. Vuelvo a destacar la falsedad de esa difamatoria y farsante afirmación. Dicho falaz argumento se cae por distintas razones: En primer lugar, intentan trascribir textualmente la “lectura habida en aquella supuesta reunión de ancianos judíos” y cuando de citar el texto bíblico se trata, se mencionan párrafos en latín del Nuevo Testamento; de suyo, de haber sido engendrado el documento desde ese supuesto y falso congreso judío, nunca se hubieran citado párrafos del Nuevo Testamento y peor aún en idioma latín. Cualquier principiante conocedor de la cultura judía, sabe bien que se hubiera utilizado el idioma hebreo y referencias del Antiguo Testamento (Tanaj). Asimismo en Suiza, se desarrolló un proceso judicial en el año 1935 contra dos nacionalsocialistas suizos acusados de hacer circular los Protocolos. El juez que presidió el proceso, en su sentencia condenatoria llegó a expresar textualmente: “Espero que algún día llegue el momento en que nadie comprenda más cómo en el año 1935, casi una docena de hombres plenamente sensatos y razonables pudieron durante catorce días atormentar su cerebro ante un Tribunal de Berna, por la autenticidad o falta de autenticidad de estos llamados Protocolos… que, a pesar de todo el daño que ya han causado y pueden causar, no son más que ridículas tonterías”. Esta historia del panfleto antisemita, de varias versiones y reescrituras, fue novelada por Umberto Eco en 2010, en “El Cementerio de Praga”.

Es importante remarcar la trascendencia temporal y de suyo el contexto en que ocurrió la
aparición de los falsos “Protocolos” en Rusia, en plena época zarista y mientras en dicho régimen imperial se suscitaba una feroz demostración de odio racial hacia los judíos; los tristemente famosos pogromos, es decir masacre de judíos. Es así, como revelación de xenofobia atroz, la publicación de los “Protocolos de los Sabios Ancianos de Sion” vio luz mientras los judíos asentados en Rusia desde la época de Catalina la Grande por anexión de buena parte territorial de Polonia al imperio ruso, eran víctimas de asesinatos, linchamientos multitudinarios –espontáneos o premeditados-, acompañados de la destrucción o en su caso, el expolio de sus bienes.

Y entonces, deliberadamente he dejado para éste preciso momento del relato o manifestación de mi voluntad sobre el antisemitismo, el hecho de conceptualizar en términos de fácil comprensión lo que en síntesis significaron los falsos Protocolos. En ese orden, se puede establecer que se han constituido en un “panfleto falso y conspirativo antisemita publicado en Rusia en 1902 que afirma la existencia de un plan judío de dominación global” (médium.com 7.4.20). En ese sentido, alcances y efectos, puede completarse el concepto, refiriendo que –los Protocolos- fueron “tomados por los crédulos como las actas confidenciales de un cónclave judío convocado en los últimos años del siglo XIX, ha sido anunciado por los antisemitas como prueba de que los judíos están conspirando para apoderarse del mundo. Desde su invención a finales de siglo (XIX) por la Okhrana rusa, o Policía Secreta Zarista, “Los Protocolos de los Sabios de Sion” se ha arraigado en mentes intolerantes y asustadas de todo el mundo” (Organización “ADL fighting hate for good”).

Es de fundamental importancia entender que el contexto de grave y manifiesto antisemitismo y genocidio de lesa humanidad que el judío de la Rusia zarista experimentó en aquella parte final del siglo XIX, tuvo como una de las consecuencias directas el hecho de que miles de judíos tuvieron que huir obligatoriamente del territorio ruso. Es precisamente en ese momento de la historia cuando se produjo la primera gran ola inmigratoria judía en la Argentina.

Si bien los primeros judíos en pisar suelo argentino lo hicieron en el período comprendido entre los años 1854 y 1889, provenientes Francia, Alemania y Austria, la primera inmigración masiva de judíos al país ocurrió entre los años 1889 y 1914. Provenían principalmente de Polonia, Ucrania y fundamentalmente de Rusia, escapando de los pogromos motorizados por el zarismo. Fueron los que dieron inicio a lo que luego, míticamente se denominó “los gauchos judíos”, título de la novela de Alberto Gerchunoff, publicada en 1910. He de resaltar enérgicamente -por si algún helminto de la opinología mediática argentina y formador infame de falsas conspiraciones, intentare motorizar su habitual adicción macabra de portar y desparramar públicamente una vez más el espíritu antisemita de los falsos Protocolos- que aquellos judíos integrantes de la primera ola inmigratoria masiva, no pretendieron jamás arribar al territorio argentino en busca de ningún tipo o clase de “subsidio dinerario”, ni “despojar tierras”, ni obtener ningún tipo de “beneficio” a cambio de servilismos políticos, electorales ni de ninguna otra naturaleza; los judíos de la gran ola inmigratoria llegaron para dedicarse a trabajar incansablemente desde la salida hasta el puesta de febo. Se dedicaron a labrar la tierra en las específicas colonias agrícolas fundadas en la Argentina por el Barón Maurice de Hirsch, quien diseñó dicho proyecto colonizador para ofrecer un hogar seguro a aquellos grupos de personas cuyas libertades eran cercenadas en sus países de origen.

Por esa misma razón, es justo destacar también, que por esos años también arribaron inmigrantes sefaradíes de habla árabe (Siria y Líbano) como de habla ladina (Turquía, Grecia y los Balcanes).

Que la derivación nefasta que los falsos Protocolos han tenido sobre la humanidad en los últimos cien años hasta la actualidad, han sido y son de inconmensurable dimensión para el tránsito traslativo del antisemitismo. Pese a su acreditada falsedad, y lo reitero una vez más, el daño causado y el que todavía causa y puede causar, no tiene techo o límite alguno. Es que las mentes crédulas, atormentadas y timoratas, son el receptor perfecto para el desenvolvimiento activo y victorioso de los sicarios del odio racial.

La falsedad de los Protocolos es alarmante y ya he expuesto algunos de los tantos fundamentos que así lo demuestran. Publicados en San Petersburgo en 1902, su distribución y acceso masivo ocurrió en 1917, con el objeto de culpar a los judíos de los males de la guerra y de la Revolución Rusa; inclusive tras ser ejecutado el zar Nicolás II, se encontró una copia entre sus efectos personales. Podría contentarme con lo ya mencionado sobre la evidente falsedad del panfleto antisemita en cuestión, pero he de referirme a otros sucesos probatorios que echan por tierra cualquier tentativa de otorgar veracidad al perverso material que sirvió al desparramo de antisemitismo a nivel mundial, incluso para ser utilizado en el previo lavado de cerebro que engendró Adolf Hitler en relación al pueblo alemán, desde casi una década antes de iniciar el concreto exterminio judío -Holocausto-, la mayor masacre racial que ha conocido la humanidad.

Dado lo tremendamente horrendo que significa en sí mismo el falso y conspirativo panfleto de la Rusia zarista y las nefastas consecuencias que ha generado por más de cien años, incursionaré sobre la famosa publicación del medio británico The Times del año 1921 al abordar la temática del ardid anti-racial que en esencia significaron los Protocolos, con basamento en un plagio harto evidente. Hasta la próxima.

La repudiable imagen que posteó Nicolás Pauls en su Instagram
Fabián Moscovich
Abogado. Ajedrecista.

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