Dejar hacer, dejar pasar (parte 4)

Llega la cuarta parte de la saga, en la cual sigo desarrollando la historia del flagelo del antisemitismo, cuyos inicios pueden ser consultados en las notas anteriores, publicadas en este mismo medio. Cómo los Protocolos de los Sabios de Sion fueron elaborados en base a plagios, con argumentos falaces e inventados, cómo se utilizaron para manipular a los ciudadanos menos ilustrados y cómo construyeron una sensación de verosimilitud (completamente falsa).

Falsedad de los Protocolos de los Sabios de Sión

Prosigo demostrando la falsedad de este libelo antisemita, tan evidente que al efecto trascribiré textualmente a Wikipedia: “Publicación de The Times: En 1921 el periódico The Times declaró ser el primero en presentar pruebas concluyentes de que “Los protocolos…” eran un plagio. Los protocolos fueron extensamente discutidos y traducidos a muchas lenguas europeas. Su autenticidad ha sido frecuentemente atacada y se han alegado numerosos argumentos para defender la teoría de que son una falsificación«.

En los tres siguientes artículos el Corresponsal de Constantinopla de The Times presentará por primera vez pruebas concluyentes de que el documento es en general un torpe plagio. El Museo Británico tiene una copia completa del libro, que se titula “Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, o la Política de Maquiavelo en el siglo XIX. Por un contemporáneo” y fue publicado en Bruselas en 1865. Poco después de su publicación el autor, Maurice Joly, un abogado y publicista parisino, fue arrestado por la policía de Napoleón III y sentenciado a 15 meses de prisión (The Truth about «The Protocols», Prefacio, The Times, 1921).

El libro mencionado (Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu) es accesible hoy en día y además del propio artículo del periódico The Times, existen otros ensayos comparativos entre ambas obras, como el de Jean-Francois Revel, que muestran las partes de “Los protocolos…” que parecen haberse escrito tomando como pauta la mencionada obra de Maurice Joly. Cabe mencionar, sin embargo, que ello no implica que se trate de un «torpe plagio» del libro de Joly, pues el mensaje y los objetivos de una obra y otra difieren claramente y las enormes repercusiones que tuvo el “plagio” en cuestión, ponen de manifiesto que poco tenía de torpe.

El Estado judío mundial

Por otro lado, tampoco se puede deducir de este artículo que el autor original de dicho plagio fuese la Ojrana, aunque sí se vincula con Rusia, tomando como partida el hecho de que Los protocolos fueron publicados en Londres bajo el título de “El peligro judío”, el cual era una traducción de un libro publicado en 1905 en Rusia por Sergei Nilus, de quien, en el mismo artículo de The Times, se dice que era «un funcionario del Gobierno que declaró haber recibido de un amigo una copia de una recopilación del acta de una reunión secreta, celebrada en Paris por una organización judía que estaba tramando derrocar la civilización para establecer un Estado Judío mundial«. (The Truth about «The Protocols», Prefacio, The Times, 1921).

A continuación se añade que “Estos “Protocolos” atrajeron poca atención hasta o después de la Revolución Rusa de 1917, cuando la aparición de los Bolcheviques, entre quienes había muchos judíos profesando y practicando doctrinas políticas que en algunos puntos se parecían a las defendidas en los “Protocolos”, llevaron a muchos a creer que el presunto descubrimiento de Nilus era genuino«. La conexión que The Times hace con la Ojrana se basa en el testimonio de «Mr. X, quien no quiere que se conozca su verdadero nombre«. Este testigo afirmaba que unos pocos meses antes (de la publicación de The Times, agosto de 1921) compró libros antiguos a un exoficial de la Ojrana y que entre estos libros se encontraba el de Maurice Joly. Este libro, según su prefacio, era original de 1864 en Ginebra y fue apodado «Los diálogos de Ginebra».

Aparte de esto, no se añaden más evidencias y como consecuencia lo único que se puede afirmar, aún tomando por bueno el testimonio de Mr. X, es que el libro de Joly había llegado a Rusia. Es por ello que el mismo periódico reconoce, al encabezar sus conclusiones, que no hay evidencias de cómo “Los Diálogos…” llegaron a Rusia y que, por tanto, el resto no es más que una teoría.

El apocalipsis de nuestro tiempo

La importancia del artículo reside en que demuestra la vinculación de Los protocolos con la obra de Joly, pero no se aporta ninguna prueba de que el autor del plagio original fuera la Ojrana, siendo solo una teoría más entre muchas otras, y será contradicha por autores posteriores, como el ensayista e historiador francés Henri Rollin, quien también sugiere que Los protocolos tendrían un origen antisemita en su obra “El Apocalipsis de nuestro tiempo” (1939), sin embargo, considera que habrían sido redactados en París entre los años 1897-98 (por grupos antisemitas). Lo cierto es que, a día de hoy, aún se desconoce a ciencia cierta su verdadero origen, y las teorías sobre el mismo son tan numerosas que no se puede sentenciar que se haya probado nada, tan solo lo que algunos autores y medios afirman.

Maurice Joly

La mayor parte de los escritos en los Protocolos fueron plagiados del libro “Dialogue aux enfers entre Machiavel et Montesquieu” (“Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu”), publicado por el autor satírico francés Maurice Joly en el año 1864. Joly atacaba las ambiciones políticas de Napoleón III utilizando a Maquiavelo como una sinopsis diabólica en el infierno, como un doble de sí mismo para poder dar su opinión acerca de Napoleón.

El propio Joly parece haber copiado material de una popular novela de Eugène Sue, Los misterios de las personas, en la que los conspiradores fueron jesuitas. Los judíos no aparecen en ninguno de los dos trabajos. Puesto que era ilegal criticar a la monarquía, Joly imprimió el folleto en Bélgica y luego trató de pasarlo de contrabando a Francia. La policía confiscó una gran cantidad de ejemplares. Joly fue juzgado el 25 de abril de 1865 y condenado a 15 meses de prisión. Se suicidó en 1878.

La manipulación a través del flagelo antisemita

Los Protocolos utilizan un sospechoso lenguaje autoinculpatorio –nadie escribe así de sí mismo y sus intenciones– y el texto está plagado de generalizaciones, lugares comunes y simplezas. Pero los Protocolos calaron hondamente en el antisemitismo europeo, y millones de personas los creyeron a pies juntillas –algunos siguen haciéndolo–, pues básicamente solo “confirmaban” por boca de supuestos judíos y masones lo que millones de crédulos ya pensaban de ellos.

Hoy sabemos que los Protocolos de los Sabios de Sion son en gran medida un plagio de la obra de Joly, que fueron publicados en un diario de San Petersburgo en 1903 por el editor ultraderechista, racista y antisemita Pavel Krushevan. Krushevan había participado en varios pogromos –persecuciones, apaleamientos y asesinatos de judíos rusos– y sentía un odio visceral por la estirpe de los hebreos, así como por el progresismo político que caracterizaba a muchos de sus representantes, y también a los masones de su tiempo.

Los Protocolos fueron un éxito instantáneo, pues otorgaban una sensación de verosimilitud (por cierto, falsa) a los miedos y sospechas de millones de personas incapaces de entender la enormidad de los cambios políticos y sociales de los siglos XVIII, XIX y XX. La Ojrana los utilizó ampliamente para tratar de convencer al pueblo y al Zar de que los afanes para la democratización de Rusia eran en realidad una conspiración judeomasónica. La revolución bolchevique de 1917 barrió todo ello, pero para entonces los Protocolos habían llegado a la Europa Occidental y tuvieron un papel fundamental en el antisemitismo de regímenes como el nazi y el fascista que surgirían a continuación. Ninguno de ellos quiso observar las similitudes con los libelos de sangre tan corrientes en Europa desde la Edad Media.

Hermann Goedsche

La novela de Hermann Goedsche, “Biarritz”, escrita en 1868, fue la otra fuente para inspirar al escritor de los Protocolos. En el capítulo «El cementerio judío de Praga y el consejo de representantes de las doce tribus de Israel«, Goedsche escribió acerca de una reunión nocturna entre los miembros de una misteriosa cábala rabínica, que describía cómo, a media noche, el Diablo aparecía ante los que se habían reunido en nombre de las Doce Tribus de Israel para planear una «conspiración judía«. Su representación es también similar a la escena de «El collar de la reina«, de Alexandre Dumas (padre), donde el Conde de Cagliostro y sus cómplices tramaron el asunto del collar de diamantes. Como Biarritz apareció casi al mismo tiempo que Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, es muy posible que Goedsche se inspirara en el panfleto de Joly, especialmente en el que detalla los resultados de la reunión secreta. En 1949 el hispanista holandés J.A. van Praag llegó a la conclusión de que Hermann Goedsche debía conocer la obra del escritor español del Siglo de Oro Francisco de Quevedo titulada «La Isla de los Monopantos«, un relato de ficción satírica dirigido contra el Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, en el que se cuenta la historia de la reunión secreta de los rabinos de Europa con los cristianos que están dispuestos a colaborar con ellos -los «monopantos»- para apoderarse del mundo. Esta relación es considerada probable por el hispanista francés Joseph Pérez. Gonzalo Álvarez Chillida, historiador español, también cree probable la hipótesis de van Praag, ya que Goedsche «era un hombre interesado por los temas hispanos, como lo demostró en dos de sus novelas, tituladas Villafranca y Puebla«. Así, lo que Quevedo concibió como una fantasía satírica, «inspirándose sin duda en el supuesto complot de los conversos, revelado por la Carta de los judíos de Constantinopla» de Juan Martínez Silíceo, en el siglo XIX algunos antisemitas, siguiendo la estructura y contenido de los Monopantos, lo convirtieron en auténticas reuniones judías secretas. Goedsche, un reaccionario de las Revoluciones de 1848, perdió su puesto de trabajo en el servicio postal de Prusia después de la creación de pruebas para implicar al líder demócrata Benedict Waldeck de conspirar contra el rey. Después de su despido, Goedsche comenzó una carrera como columnista conservador, al tiempo que escribía obras literarias bajo el seudónimo de Sir John Retcliffe. Goedsche fue espía de la policía secreta de Prusia.

El odio y el desprecio al diferente, hasta hoy, hasta en Córdoba

Aclarada una cuestión tan neurálgica para el andamiaje del odio racial más antiguo que puede mostrar la historia de la humanidad: La falsedad de los conspirativos Protocolos de los Sabios de Sion y pese a ello, los nefastos efectos que todavía siguen produciendo para el uso antisemita, continuaré ahondando en la relación e influencia directa que evidentemente han tenido los mismos con el nazismo alemán; esto es con la producción del Holocausto.

El nazismo constituyó la cúspide de la pirámide antisemita, la más espantosa muestra real y directa de lo que el odio visceral hacia el judío ha podido concebir a lo largo de los siglos. El Holocausto constituyó el asesinato de 6.000.000 de judíos, un tercio del pueblo hebreo, un genocidio dado que los nazis se propusieron deliberadamente aniquilar a los judíos. Adolf Hitler, en “Mi Lucha” expresamente aseveró que “hay que exterminar a los judíos”. El Holocausto tuvo lugar entre 1933 a 1945 y en ese sentido cabe explicar, que lo que se inició con la persecución y expulsión de los judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores, culminó con el asesinato y masacre de un tercio del pueblo judío e innumerables miembros de minorías, como por ejemplo la minoría gitana.

Como judío de profundo sentir, valga mi más sincera solidaridad y respeto, para la comunidad romaní y que por cierto, al día de la fecha todavía resulta víctima de persecuciones y discriminación estatal, como las que ejecuta en su contra inclusive, el Poder Judicial de la Provincia de Córdoba.

La materialización de allanamientos, secuestros, vejaciones a mujeres sin distinción de edades, todo ello sin la debida orden judicial escrita que legalmente lo permita, es un ejemplo cabal de que a 70 años del Holocausto, todavía hay quienes –desde el Estado Cordobés– comulgan con la metodología del horror nazi. Podría explayarme sobre fiscales como Enrique Alberto Gavier, pero ello será motivo de una futura pero cercana redacción puntual.

Fabián Moscovich
Abogado. Ajedrecista.

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