Deuda eterna, ese pago que nunca llega

En mi último artículo “Pesada herencia, perpetuando el relato” hice referencia a los 37 años que lleva Argentina de gobierno democrático.

37 años con una armonía institucional relativa, pero que cumplió el objetivo de mantener el sistema republicano democrático como forma de gobierno.

Durante este tiempo Argentina ha experimentado distintos enfoques partidarios de gobierno, Radicalismo, Peronismo, Coaliciones, todas ellas con variadas aristas, y muy pocas similitudes salvo el discurso repetido de “voy a hacer las cosas bien porque el gobierno anterior fue un desastre” “yo sé que es lo que hay que hacer, tengo la solución”.

Y es bajo ese discurso que se inició esta “Deuda eterna”, que no es con el Club de París, con el Banco Mundial, el FMI o los fondos buitres, no, esta deuda es con un acreedor mucho más inflexible, duro, exigente, que tiene mucho más derecho a reclamar que los organismos de crédito o los tenedores de deuda.

La deuda es con los ciudadanos que día a día trabajan, estudian, producen y aportan su esfuerzo, tiempo y dinero para que nuestro país salga adelante.

Y esa deuda es la que reclaman y vienen reclamando cada vez con más fuerza saliendo a las calles, manifestándose de manera ordenada, pacífica y con una consigna clave ¡“Basta!!!, Respeten nuestros derechos!!”, “Basta!!!, Respeten las instituciones!!!” “Basta!!!, No más corrupción!!!”.

El mensaje es claro, ya no hay más espacio para las eternas excusas y chivos expiatorios, los ciudadanos no compran más espejitos de colores, están cansados de que les mientan una y otra vez, están cansados de la corrupción, del atropello a las instituciones, del despilfarro, de la inflación descontrolada, de la presión impositiva asfixiante.

Están cansados de vivir en un contexto donde las reglas de juego cambian constantemente a capricho de quien está en el gobierno, donde sus ahorros se devalúan día a día, donde no hay una certidumbre de futuro concreta, donde ve que su esfuerzo se desvanece, donde sus derechos son restringidos y violentados, donde pareciera que la única salida es Ezeiza.

Los ciudadanos, estos grandes tenedores de la deuda, quieren, necesitan, exigen, transparencia en el gobierno, compromiso y respeto por el orden democrático y sus instituciones, terminar con el asistencialismo demagogo y que se genere de una vez por todas las condiciones para poder producir, trabajar, estudiar, crecer y desarrollarse en el país, con cuestiones básicas aseguradas como por ejemplo seguridad jurídica, incentivos a la producción, a la inversión.

Creo que hoy estamos en un momento clave, único, donde dentro de un contexto de incertidumbre mundial respecto a los pasos a seguir en este contexto de pandemia por el Covid- 19, los ciudadanos han despertado y lejos de sentirse acobardados o quedarse de brazos cruzados, han tomado la calle para reclamar por sus derechos, para decir basta a los atropellos, para exigir el respeto a la Constitución Nacional y las leyes.

Los intereses de esta deuda que mantienen los gobernantes con los ciudadanos crecen día a día y seguramente sean cobrados en las próximas elecciones y es allí donde los políticos deben presentar ideas nuevas y concretas, donde deben comprometerse a no repetir la historia, a cortar de una vez por todas con el clientelismo, la demagogia, la falta de transparencia, terminar con el desprecio por la meritocracia y establecer reglas de juego claras y que se cumplan.

Este es el momento de empezar a pagar la deuda, es el momento de trabajar por una Argentina mejor, los acreedores ya se expresaron, ya tomaron la calle, queda la pelota ahora en el campo de los políticos y son estos los que deben pagar y con intereses esta deuda.

Pablo Bresciani

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