Elección histórica en EE.UU.: Ejecutivo demócrata, gobierno dividido

El triunfo de Joe Biden, en lo que es ya la más controvertida elección americana en su historia, deja diversos puntos de análisis. El primero, la histórica participación electoral con voto no obligatorio y el registro de que el 60% de los sufragios se emitió antes de la elección, y el 40% del total llegó vía el correo. En el año 2000 la discusión se dio debido a las máquinas, hoy lo es por los sobres postales.

La decisiva victoria del demócrata se dio por una mayor participación y voto de las tradicionales mayorías blancas de clase media en los estados industriales del Norte como Michigan, Wisconsin y Pennsylvania, que hace cuatro años no votaron con ímpetu a Hillary Clinton. Aunque Trump cosechó allí mayores votos incluso que en 2016 y mejoró su performance en los votos de las minorías afroamericanos e hispanos, la mayor afluencia histórica giró la balanza hacia el exvicepresidente.

Resuelto entonces quien liderará el Ejecutivo, y quizás como nunca, la Vicepresidencia, quedan las siguientes conclusiones sobre cómo se desarrollará el mandato presidencial en los próximos cuatro años. La primera es que se apuesta a que Biden, quien tendría 82 años en 2024, ejerza el cargo estos cuatro años pero que no busque su reelección.

Por eso es relevante la figura de la Vicepresidenta electa, Kamala Harris, vista como quien lideraría esa renovación. Y junto a ella, como el establishment del partido logra contener al ala más hacia la izquierda con sus proyectos de reingeniería social y los apoyos de los grupos más radicalizados, como en el caso de la lucha contra el racismo.

En términos de economía, el activo que Trump siempre mostró, las perspectivas iniciales son positivas. Los proyectos de mayor impacto como las subas de gastos con más impuestos o la agenda del Green New Deal -Acuerdo medioambiental-, se verían limitados al conservar los republicanos su mayoría en el Senado y ganar más bancas a las previstas en la Cámara de Representantes. Las nuevas noticias sobre la alta efectividad de las vacunas impulsarían más el optimismo en este campo.

Recordemos que el bloqueo permanente entre poderes se ha convertido en costumbre en Washington, el famoso gridlock. Muchos consideran que esta realidad es consecuencia de un uso y apelación extrema al sistema de frenos y contrapesos que impedía el abuso de poder, garantizando libertades.

Pero que su rigidez es tal, que no permite avanzar en políticas concretas, como, por ejemplo, si se buscase nuevamente reinstaurar el Obamacare o incluir una opción pública para el sistema de Salud. A los demócratas les costará mucho avanzar en su agenda sin tener mayoría en el Congreso. Todo deberá ser negociado.

Precisamente la justicia y su administración son claves a la hora de avalar las medidas del Ejecutivo y el Congreso. El gobierno de Trump y sus aliados en el Senado han cubierto más de 200 vacantes de jueces federales. Agregado a ello, el nombramiento de tres jueces para la Corte Suprema, que consolidan una mayoría más conservadora y protectora del texto constitucional, sería la barrera contra cualquier reforma más profunda que se busque.

En materia de política internacional, Biden aportaría un tono mas moderado y conciliador, sobre todo con los tradicionales aliados europeos. En cuanto China, bajaría la retórica fuerte de Trump pero las pujas comerciales y tecnológicas continuarían. La postura combativa contra China hizo pasar la opinión desfavorable de ese país de un 50% hace cuatro años a un 67% en estos momentos. (Ver artículo). Allí pareciera no haber grieta.

Ligado a ello, se impulsaría la agenda del cambio climático en cuanto al retorno de una solución multilateral con participación de los Estados Unidos. Biden anunció el regreso al Tratado de Paris para cuando asuma. Igualmente, los americanos siempre se reservan grados de cumplimientos más flexibles de acuerdo con el desempeño económico.

Por último, y yendo a los orígenes fundacionales, recordemos que hablamos de los Estados Unidos de América. Es decir, siempre se debate sobre el mayor o menor poder de los Estados para ejercer sus facultades. Esta elección llevó eso casi al extremo ello, ya que, en su tradicional rol organizador de las elecciones, prácticamente los 50 Estados establecieron normas diferentes para la elección de cargos federales, implicando ello acusaciones de los perdedores que siguen su curso en la justicia.

Es de prever entonces que los republicanos busquen sancionar un marco general electoral que endurezca las atribuciones y roles de los Estados en las elecciones nacionales. Para ello, su próximo objetivo para 2022 es recuperar la Cámara de Representantes, como pasó en 2010 con Obama apenas dos años después de haber asumido.

Aún sin Trump, su agenda sigue vigente, en tanto obtuvo 9 millones de votos más que en 2016. Al partido le costará encontrar nuevos candidatos que movilicen a su electorado, exactamente lo mismo que con Clinton y en menor medida, Biden, para los demócratas. ¿Será la apuesta su hija Ivanka, más moderada y menos irritativa, quien continúe con esta historia de amores y odios políticos? ¿Tendremos dos mujeres por primera vez disputando la presidencia?

Agustín Jaureguiberry
Soy Politólogo. He sido funcionario en la Municipalidad de Vicente López, en la Provincia de Buenos Aires y en el PAMI. He escrito diversas notas sobre actualidad política y económica para la revista digital economiaparatodos.com y la Revista Democrática de América Latina.

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