¿Es esta crisis peor que 2001?

En diciembre de 2001 los argentinos tocamos fondo. Dijimos “basta”.

La situación económica y social era calamitosa.

La clase política no tuvo la habilidad necesaria para gestionar y timonear con éxito esa crisis. Ni siquiera fue capaz de ensayar respuestas que pudiesen contenerla.

Como resultado, los ciudadanos se volcaron masivamente a las calles a protestar. El desenlace es conocido: decenas de muertos, saqueos a comercios y la forzada renuncia del por entonces presidente de la Nación, Dr. Fernando de la Rúa.

Para despejar fantasmas, rápidamente es necesario aclarar que la situación actual no es igual o similar a ese entonces.

En toda crisis histórica hay elementos políticos, económicos, sociales e institucionales a considerar. Podría explayarme sobre las diferencias en cada uno de estos aspectos, pero dudo que al lector le vayan a interesar. En su lugar, me propongo explicar qué tiene de peculiar la actual crisis en comparación con 2001 (**).

El factor más destacable es la percepción ciudadana sobre su dimensión y características. A diferencia de 2001, (los argentinos hoy) no sentimos que “tocamos fondo”. Como resultado, no hay respuestas de salida a la vista.

¿Pero cuáles son las razones de este fenómeno? A continuación, enumero 6:

1)La primera es que lo peor de la crisis asoma en el horizonte. Probablemente, lo peor no llegó y el escenario a futuro es completamente incierto

2)La segunda razón es que el desplome económico del país se vincula directamente a una crisis importada. Relacionado a esto aparece el mayor miedo del hombre: el miedo a la muerte

3)El hecho de que el gobierno haya asumido en funciones hace poco menos de un año y medio. Existe el deseo de darle tiempo a que muestre sus mejores cartas

4)La idea de que determinados países sufrieron más que la Argentina durante el pico de esta crisis, como España e Italia, en Europa o Brasil y Perú, en América Latina. Subyace cierto “conformismo” en la sociedad

5)La visión de que no todos los políticos son iguales, visión que atenúa un hipotético reclamo al unísono del tipo “que se vayan todos”. El peronismo que gobierna saldría económicamente (por ahora y solo por ahora) mejor parado que la oposición del Pro y la UCR

6)La herencia económica y social recibida por este gobierno, que incluye un aumento considerable de la pobreza, la inflación y una caída muy fuerte del PBI per cápita en el período 2015-2019

Estos factores permiten reinterpretar una realidad que es, a primera vista, poco menos que deplorable (***). Habilitan al sistema político a funcionar, asimismo, dentro de parámetros que podríamos considerar “normales”.

Pero, como contrapartida, producen el efecto de inhibir reclamos y acciones de parte de la sociedad civil que promuevan soluciones a los problemas más urgentes (****).

Dicho esto, la situación que describo no compromete únicamente a la sociedad. El desempeño de nuestra clase política ha sido decepcionante. En la actualidad, la película muestra a nuestra elite política completamente desunida, sin liderazgos claros y con nula capacidad de arribar a consensos que le permitan al país ponerse de pie.

Más allá de ocasionales misivas o declaración de intenciones, no parece realmente existir la voluntad de oficialismo y oposición de acordar. Cada semana los ciudadanos presenciamos una nueva disputa que tiene como protagonista a líderes partidarios y dirigentes cercanos al presidente, cuando no al presidente en persona. Este devenir de la política argentina es inaceptable para sus ciudadanos, que esperan de sus dirigentes políticos una conducta mucho más constructiva y madura.

La comparación con la post crisis de 2001 es inevitable. En los primeros días de enero de 2002, una parte considerable del peronismo se puso de acuerdo (finalmente, luego de muchas idas y venidas, marchas y contramarchas) en la elección del Dr. Eduardo Duhalde como presidente de la Nación para el período vacante 2002-2003. En ese entonces existió un acuerdo en el Congreso de la Nación entre el peronismo, el radicalismo y diferentes grupos políticos en favor de su postulación. Este acuerdo permitió superar el vacío de poder que dejó la renuncia del presidente De la Rúa y los 4 presidentes que le sucedieron.

La solución propuesta no fue seguramente la mejor. Lejos estuvo de serlo. Pero comportó, no obstante, un acuerdo o pacto entre los partidos más importantes de ese tiempo, con la condición de habilitar elecciones para el año siguiente. Ya en el poder, el gobierno buscó ampliar la cooperación con nuevos actores, como el campo y la iglesia (*****). Se buscó también integrar en el gabinete a figuras del principal partido de oposición, la UCR.

Que el proceso político y su dinámica hayan tomado esa senda, no es únicamente responsabilidad de los políticos. Es también responsabilidad de la sociedad, que presionó y se movilizó en favor de cambios, algunos más duraderos y poderosos que otros. De la misma manera, los grupos sociales que la integran tienen hoy en su poder los recursos necesarios para delinear y allanar el camino a los cambios que demanden los tiempos que vivimos.

El temor y el pánico son malos consejeros. No obstante, disponen a la acción. Partiendo de la dificultad de sortear la crisis, el gobierno nacional debería, en conjunto con la oposición, responder de la manera más funcional y realista posible al desafío de sacar a la Argentina adelante.

Si no es posible evitar la caída, el gobierno debería concentrarse en minimizar los daños lo más que pueda.

Si los ciudadanos no perciben el fondo del pozo, tampoco es bueno tentarlos a que cambien de parecer. La hora de los tiempos exige arremangarse las manos, trabajar todos juntos y evitar el peor final.

*Recientemente, el New York Times sacó un artículo en el que el autor se pregunta por qué no hubo (a diferencia de 2001) una explosión social. Si bien la asistencia social pudo haber jugado algún papel, también hay otros factores que la explican. En el artículo menciono algunos. La crisis de 2001 no fue, de cualquier manera, un conflicto limitado a los sectores populares que abogaban por pan y trabajo, sino también y fundamentalmente un reclamo de la clase media que interpelaba fuertemente a la clase política tradicional. En 2001 se desató un movimiento multiclasista que puso en jaque al orden político tradicional y su capacidad de representar a la sociedad

**En otras palabras, qué es lo más destacable, más allá de los números y las apariencias. Las estadísticas comparativas son importantes para describir y contrastar los fenómenos, pero no es, desde mi perspectiva, lo más relevante. Los economistas han hechos algunos intentos de comparar ambos contextos. Por otro lado, hay diferencias políticas e institucionales muy fáciles de apreciar. Sobre las diferencias sociales es complejo escribir desde mi lugar de politólogo, por lo que delego esta tarea a sociólogos y actores sociales de campo.

La crisis actual es económica y también política. No hay una crisis institucional como en 2001, pero hay problemas institucionales serios que se vienen arrastrando desde hace tiempo. Es bueno mencionar que en la crisis económica actual se conjugan elementos internos y externos. La crisis no arrancó con la pandemia del Coronavirus, sino que ya existía desde mucho antes, solo que ahora se agudizó

***Deplorable es el aumento de la pobreza, la indigencia y la caída de la economía

****Las respuestas pueden darse en forma de reacción (un tanto tosca y muchas veces violenta) a eventos traumáticos. En 2001 hubo varios sucesos de ese tipo

*****El sector del campo constituyó lo que se dio en llamar la Mesa del Diálogo Argentino.

Franco Frigidi
Licenciado en Ciencia Política (UBA)

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