España, paralizada por los egos

Allá por el 7 de marzo pasado, y junto a José Manuel León Ranero, publicamos una nota denominada “Crónica de una Muerte Anunciada”. En ella mencionábamos que el llamado a elecciones del Gobierno de Pedro Sánchez en España se debía nada más ni nada menos que a las limitaciones que se había autoimpuesto, al asumir como Presidente del Gobierno mediante una moción de censura promovida por Sánchez (y el PSOE) y en alianza con un socio principal: Podemos, partido de ideología comunista; y varios partidos independentistas catalanes.

Es decir, el Gobierno de Pedro Sánchez nació condicionado. Condicionado por el radicalismo que propone Podemos en términos económicos, y por el radicalismo de los independentistas catalanes que (hipocresía aparte) aceptan ser diputados de la nación española, pero quieren separarse de España.

Podemos prácticamente manejó la agenda del gobierno de Sánchez, a punto tal que Pablo Iglesias, su líder máximo, iba a las cárceles a visitar a los independentistas catalanes privados de su libertad (por el intento de secesión) a “negociar” con ellos (cuando no hay nada que negociar), al mismo tiempo que imponía la agenda económica al hablar de sus planes y proclamas, presionando al Gobierno a adoptarlos como propios.

Así, por ejemplo, los primeros días del Gobierno de Sánchez se vieron signados por el intento de imponer un nuevo impuesto a la banca (promovido por Podemos), pero al intentar hacerlo, todo el sector bancario reaccionó y avisó que, si se instauraba ese nuevo impuesto, cerrarían sucursales o sencillamente se irían del país. Así, Sánchez intentó gobernar con tan solo 84 diputados a favor (o sea, del PSOE), y con la imperiosa necesidad de negociar todo aquello que quiso realizar. Tras meses de Gobierno con nulos avances (lo que en ciencias políticas se llama “lame duck”), y tras tener que gobernar con los presupuestos del gobierno de Mariano Rajoy, llegó el momento de presentar nuevos presupuestos, que obviamente no prosperaron al pasar por el Parlamento y, tras verse acorralado, tomó la decisión de llamar a elecciones. No sin antes seleccionar la fecha de elecciones lo suficientemente tarde como para que, luego de ellas y tras el tiempo que se toma entre las elecciones y la investidura del nuevo Presidente, Sánchez pueda cumplir un año de mandato y, por lo tanto, cobrar –ad eternum– una pensión como expresidente de España.

Hubo elecciones el 28 de abril. El PSOE obtuvo 123 diputados, y para formar Gobierno se necesitan 176 diputados sobre un total de 350. Así, el PSOE, con Sánchez a la cabeza, tuvo que negociar con otros partidos (los que se presupone son aliados) en pos de sumar los diputados suficientes para formar Gobierno. Si bien no hay un plazo definido entre las elecciones y la investidura como Presidente, lo normal es que el plazo sea de entre 30 y 60 días.

El principal aliado,que le permitió a Sánchez finalizar con la presidencia de Rajoy, fue Podemos, por lo que se esperaba que las negociaciones principales fueran con ellos. Y en las elecciones del 28 de abril, Podemos obtuvo solo 33 diputados propios y 9 de sus representaciones en las comunidades autónomas. Así, la suma de PSOE y Podemos no alcanzaba para investir a Sánchez como Presidente. Pero Podemos, por considerarse los más cercanos en términos ideológicos y, por haber ayudado a Sánchez a acabar con Rajoy y hacer que el PSOE retome el poder, consideró que su poder de negociación seguía intacto, cuando en verdad su poder disminuyó. Durante el Gobierno de Rajoy y los meses de Gobierno de Sánchez hasta las elecciones, tenía 67 diputados. Y bajo ese elevado autoestima de Podemos, Iglesias (su líder) comenzó con las exigencias.

Hacia el 11 de junio, Iglesias decía que Podemos iba a “cooperar” con el Gobierno del PSOE. O sea, personas del PSOE en todos los cargos, apoyo legislativo de Podemos. Pero 10 días después, tras presiones de Iglesias, Sánchez ofrecía cargos de segundo y tercer nivel. Hacia el 4 de julio, y tras la negativa de Iglesias a aceptar la propuesta de Sánchez, el Presidente ofrece públicamente espacios en diversos ministerios a Podemos, con la condición de que los dirigentes sean “personas independientes y de prestigio”. Rechazo de Podemos.

11 de julio. Sánchez retira la condición de que sean “independientes”, pero exige que sean de “prestigio”. “La democracia no es un gobierno de tecnócratas”, respondió Iglesias.

12 de julio. Podemos consulta a sus bases qué hacer, como modo de presionar a Sánchez.

15 de julio. Se rompen las negociaciones.

19 de julio. Iglesias renuncia a pertenecer al Gobierno, con la condición de que sí se lo permitan a otros dirigentes de su partido.

20 y 21 de julio. Se retoman negociaciones y, aparentemente, avanzan.

22 de julio. Comienza el debate para la investidura del Presidente. Se termina el amor entre Sánchez e Iglesias. El primero acusa a Podemos de excederse con sus pedidos y el segundo, responde afirmando que no se van a dejar humillar por nadie.

23 de julio. Votación. Podemos se abstiene, con lo que demuestra su enojo, aunque también muestra predisposición a negociar cargos (por no haber emitido votos negativos). Sánchez no puede ser investido Presidente, por lo que se convoca a nueva votación el 25 de julio. Queda un día para negociar.

24 de julio. A modo de ejercer presión pública, ambos partidos comienzan a filtrar documentos de propuestas (o exigencias) que se hicieron mutuamente. La política española muestra su peor parte.

Rotas las relaciones, el 25 se vota nuevamente y Podemos se abstiene. Sánchez logra sólo 124 votos a favor. No puede ser investido Presidente, y así se convierte en la primera persona que tuvo dos intentos de investidura que no prosperaron.

José Manuel León Ranero, excelente cientista político, sostiene que puede pensarse que este llamado a investidura fue una jugada de Sánchez para dejar en ridículo a Podemos y, así, rebajar sus exigencias para septiembre (ya que hay dos meses para formar un nuevo gobierno –de Sánchez u otro candidato, según designe el Rey–o llamar a elecciones), y que PSOE quiere plantearse frente a la sociedad española como el centro político tanto en términos territoriales (punto medio entre los independentistas catalanes y los radicales españolistas) como ideológicos (entre “las derechas” y Podemos).

El que escribe sostiene que también puede pensarse que, viendo los hechos, Sánchez es una de las peores cosas que le ha pasado a la política española, y que la situación actual no es más que la consecuencia de la búsqueda de su interés personal por encima del interés partidario y, más todavía, de la patria. Porque Sánchez promovió la moción de censura a Rajoy sabiendo que contaba con pocos diputados del PSOE y que tenía que negociar con comunistas e independentistas. Porque Sánchez sabía que su Gobierno tendría una capacidad de acción muy limitada. Porque siendo Presidente realizaba promesas difíciles de cumplir. Porque llamó a elecciones en una fecha que le permita recibir una pensión como expresidente de por vida, y porque ahora afirma que “no va a tirar la toalla”, cuando está demostrado que no tiene la capacidad de atraer socios para formar Gobierno y, por lo tanto, tampoco tendrá la capacidad de gobernar.

Puede afirmarse, por lo tanto, que la lucha de egos ha paralizado a la política española y ha generado que la misma se transforme en un bochorno.

Antonio Fratamico

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