Estado sanitarista-autoritario

Los individuos somos continuos normalizadores de nuevas verdades y situaciones que previamente parecían inusuales o ilógicas.

Este año la humanidad tuvo un reto, como tantos otros a lo largo de la historia, el cual generó inestabilidad y cierta incertidumbre y, si de algo se encargan los estados (idealmente), es de reducirla y generar una estabilidad razonable para la continuidad de la vida en sociedad. En este artículo me voy a preguntar por qué en Argentina nos encontramos con un gobierno autoritario y confrontador de su propia sociedad, en qué se sustenta y por qué gran parte de la sociedad civil apoyó y apoya las medidas sin grandes cuestionamientos.

Los gobiernos de cada país dispusieron de distintos tipos de planificaciones siempre fieles a su ideología adaptada a su tipo de sociedad. Dichas planificaciones fueron plasmadas en medidas siempre justificadas en base científica o por profesionales de distintas áreas, logrando así consensos. La variedad mundial fue enorme: Nos encontramos ejemplos de gobiernos que preferían darle circulación al virus, priorizar la economía, confiar en el sistema de salud y capacitar a la población; y en el otro extremo, administraciones que encerraron a su población para preparar el sistema de salud dejando de lado la economía y todo lo que ello implica.

El caso argentino será objeto de estudio de cientistas sociales por sus características únicas. Es difícil explicar esto sin ser atacado (eso explica mucho), pero me parece de vital importancia para nuestro futuro hacer un punteo de las principales particularidades de las acciones gubernamentales durante la pandemia. Argentina acababa de superar cuatro años del primer gobierno no peronista desde la vuelta a la democracia, el macrismo finalizó desgastado y atacado por todos los frentes. El actual oficialismo fue quién se encargó de los continuos ataques, desde la economía (inflación y deuda), pasando por la seguridad (caso Maldonado), la salud (crítica del pasaje de ministerio a secretaría), entre otros.

A poco de la asunción, el Frente de Todos debió enfrentarse al COVID-19, la actuación fue rápida: Se paró toda actividad declarando una cuarentena estricta por tiempo indeterminado para preparar el sistema de salud. El plazo se renovaba cada 15 días sin esperanza alguna de cambios, sin medidas en materia económica, con un “endiosamiento” de aquellos que “nos cuidan” como los médicos y políticos, criticando a cada persona que disentía de alguna u otra manera con las medidas tomadas y, a gobiernos internacionales haciendo comparaciones sesgadas con datos falsos que eran desmentidos semana tras semana por sus propias embajadas. Desde el 19 de Marzo, el presidente adquirió un poder extraordinario jamás visto desde los gobiernos dictatoriales (gobernando por DNUs) y, por su parte, gobernadores, intendentes y fuerzas de seguridad vieron agigantados sus poderes y capacidades.

Como era de esperarse, los abusos no tardaron en llegar, fuerzas policiales asesinando, encarcelando y maltratando civiles, y gobernadores/intendentes creyéndose semidioses dirigiendo la vida de las personas, regulando horarios de circulación y restringiendo libertades individuales a mas no poder. Era ingenuo pensar que, con las gobernaciones de tipo “feudal” que todavía existen en Argentina y, las corruptas y violentas fuerzas policiales que poseemos no íbamos a tener problemas como estos. Demás está decir que todo esto se encuentra lejos de las leyes constitucionales y nuestras preciadas libertades individuales aseguradas por las mismas.

¿El gobierno de Alberto Fernández tuvo aciertos? Sí. ¿Tuvo errores? También y muchos, y para eso estamos acá, para mejorar el sistema. Como aclaré previamente, todas las medidas tienen sustento de algún tipo, ya sea de base científica o aprobadas por profesionales. La administración kirchnerista basó, en gran parte, sus actos en infectólogos y profesionales de la salud desacreditando cualquier tipo de ayuda de otras áreas como economistas, psicólogos, abogados, educadores, entre otros.

Todo esto es una parte de la “torta”, nos falta lo más importante: La sociedad como conjunto. ¿Aceptó las políticas? ¿Se manifestó en contra? En un principio acató toda norma y, como era de esperar, surgieron inquietudes y molestias no respondidas por el gobierno, entonces comenzaron las críticas y posteriormente, el incumplimiento de dos tipos: Por necesidad o desafiante. El enfrentamiento del gobierno con los críticos fue la peor decisión, se ganó el odio un electorado que estaba dispuesto a ver cambios y correcciones del kirchnerismo cristinista. ¡El presidente se enfrentó hasta con el capitalismo! Es preocupante ver que el líder máximo del país se enfrente con el sistema que, con múltiples “errores”, logró sacar a la mayor parte de la población de la situación de pobreza en toda la historia. Hay que entender que este sistema es el establecido en todo el mundo, exceptuando algunos países, entonces todos los problemas podrán ser vistos como particulares del mismo, es un tipo de crítica que parte de un reduccionismo muy pobre de análisis. Desde mi punto de vista, debemos ver cómo solucionar dichos problemas sin caer en críticas vacías que lo único que hacen es contentar a un porcentaje de su propio electorado amante del anticapitalismo, una especie de guevarismo tardío.

Para finalizar mi publicación, debo exponer a qué y por qué elijo realizar esta crítica y hacia quién está direccionada. Elijo citar a Michael Foucault, quien se ha referido de manera excepcional a la formación de poder entre los sujetos (2001), el filósofo francés trata de explicar las relaciones de poder en la sociedad: Se tratan de (generalizando) luchas antiautoritarias que cuestionan el status del individuo, una “puja interminable”. Foucault nos habla de un “Poder Pastoral” (tipo de relación de poder de la sociedad feudal cristiana basado en la religión como institución suprema) para explicar la manera en que el Estado moderno (post siglo XVIII) adaptó la antigua forma de poder establecida por las instituciones cristianas para imponer su propia dominación, una basada en el derecho como fuente suprema de razón. La mayor diferencia entre estos dos estadíos es que en el primero se debe estar preparado para sacrificarse a él por la vida y salvación del rebaño, cuando en el segundo, dicha salvación, debe estar asegurada en este mundo: Salud, bienestar, seguridad, etc. Entonces, en la lucha de hoy, hablamos de una batalla contra la dominación social donde el control gubernamental está trascendiendo lo jurídico, situando por encima una nueva prioridad: La “salud”, penetrándose en todo ámbito posible. Básicamente, la cuestión pandémica, llevó a los gobiernos a considerar la salvación del rebaño para lograr el objetivo totalizador de la salud, una combinación de la dominación antigua y la moderna. Se generó un sistema híbrido donde el Estado dejó de lado las justificaciones coercitivas basadas en las leyes constitucionales suplantándolas por justificaciones médicas.

El caso argentino denota el colectivismo adherido a la cultura política y social: En todo el país se establecieron cuarentenas estrictas con baja cantidad de casos dejando de lado todo y, se construyó un relato relacionado directamente con “la muerte” atemorizando así a todo ciudadano. Se creó una dominación social interna objetivando al sujeto en “prácticas divisorias” como “ciudadano correcto/anti cuarentena” (como buen estudiante de sociales digo que, obviamente: “Es más complejo”), reforzando la lucha contra la otredad “cipaya”, “cheta”, “individualista”, “macrista”, “porteña”, entre otras etiquetas. Siguiendo con el análisis foucaulteano, la “religión estatal” trajo como consigna respetar el distanciamiento social sin criticar al oficialismo, los infectólogos (muchos de ellos militantes) se convirtieron en una totalizadora fuente de razón y fundamento de toda política pública. Justamente ellos y el “gobierno de científicos” son eso, científicos, no son sabios, son personas que saben mucho sobre una rama específica del conocimiento, nada más. Por eso, ¿se debería consultarlos? Sí, pero se requiere un enfoque multidisciplinario y una voluntad política para hacer una síntesis de varios enfoques.

No tengamos miedo en decirlo, en Argentina estamos viviendo un autoritarismo híbrido basado en la premisa del cuidado de la salud poblacional, cada autoritarismo es “sui generis” (Linz, 2000), yo lo llamaré: “Estado Sanitarista-Autoritario” por su alto grado de centralidad basada en la premisa sanitaria. Una pandemia fue suficiente para sumir a gran parte del poder político en la centralidad total a la figura del presidente y principales ministros. El Gobierno, mediante el aparato estatal, produjo sobre la sociedad un mecanismo de coerción interna, un “autocontrol social”. Repetidas fueron las veces que vecinos denunciaron a otros por diversas razones, civiles fotografiando reuniones al aire libre y cualquier tipo de desafío a la directiva bajada desde el poder Ejecutivo. La empatía comenzó a ser selectiva, el falso dilema de la “economía o salud” fue la regla.

Un politólogo promedio objetará la ausencia de la referencia al “Estado de Excepción” (Schmitt, 1944) en este artículo hasta el momento. El filósofo alemán se refiere a qué ocurre en el poder estatal en momentos excepcionales donde se produce la suspensión del orden jurídico, que suele considerarse como una medida de carácter provisional y extraordinario (por ejemplo: Una guerra). Ninguna ley puede prever todas las situaciones posibles, por lo que las leyes son siempre provisionales e imperfectas y requieren de un fundamento ulterior y más absoluto, entonces en momentos de incertidumbre total, quien decide en estado de excepción es el soberano y su decisión sienta jurisprudencia, el orden jurídico se encuentra determinado por la decisión soberana. El estado de excepción tiende a confundirse con la regla, las instituciones y los precarios equilibrios de los sistemas políticos democráticos ven amenazado su funcionamiento hasta el punto de que la propia frontera entre democracia y absolutismo parece borrarse. Mi argumento aquí es que esta situación afectó a todos los gobiernos del mundo y en pocos de ellos ocurrieron tales extralimitaciones como en la Argentina.

Se construyó una realidad antes de que ocurra, eso fue suficiente para mantener a la población atemorizada, controlada y sumida a la dirección de una junta de gobernantes que jamás pensó en la responsabilidad ciudadana. “Capacitar y continuar con la vida” pudo haber sido un camino, pero no, se eligió convertir al poder político en autoritario para dirigir cada acción del individuo. No veo en esto ninguna “mala intención” o plan maligno, sólo advierto que, ante una amenaza externa, el sistema político argentino fue fácilmente corrompido a niveles impensados. Por eso debemos (es una obligación civil) observar y estar a la defensiva de cualquier otra posible futura extralimitación del poder, las consecuencias gubernamentales del COVID-19 es un hecho a estudiar por juristas, politólogos, sociólogos y todo hombre relacionado con las ciencias sociales.

Immanuel Kant fue claro en su publicación “¿Qué es la Ilustración?”, el pensador vio en esta corriente un bastión para lograr emancipar a la población de cualquier gobierno o institución intrusa en nuestras vidas. En su lema: “¡Sapere Aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!” propone pensar por nuestra propia cuenta y derrocar al despotismo personal para acabar con la opresión económica y política. El hombre debe librarse de sí mismo, de su autofabricada irracionalidad (ligaduras expuestas como “domesticadores”: La iglesia, el Estado y el sistema cultural). Quizás el mayor logro del occidentalismo es la extensión de la conciencia de la libertad a todas sus clases, conciencia que hoy en día está muy golpeada. No existe una idea popular y generalizada de esta filosofía liberal.

Creo que las libertades individuales a las que se refiere Kant, durante esta cuarentena, fueron reducidas por un renacimiento del “colectivismo” explicado en la obra “Camino de Servidumbre” de Hayek. El austríaco denuncia que las grandes planificaciones estatales conducen hacia formas totalitarias y que no son compatibles con la libertad humana, por ende, la futura pérdida de las mismas. Además, entiende que toda planificación recaerá en un grupo de planificadores que, bienintencionados o no, serán incapaces de obtener y procesar toda la información necesaria. Por esto, es que argumento que, basado en la incapacidad planificadora explicada por Hayek, debemos buscar que las políticas planificadoras (inevitablemente) ineficientes sean plurales y representativas de las democracias traducidas en materia electoral: Se debería consultar y ejecutar políticas con todos los sectores del sistema político. Bajo estos puntos de vista, las premisas de las políticas kirchneristas se acercan a las ideas colectivistas, materializadas en la planificación estatal. Además, comprenden el concepto “libertad” de una manera distinta al liberalismo: Éste último cree en las libertades individuales e igualdad ante la ley, mientras que el kirchnerismo (generalizando) ve esas libertades como productoras de desigualdad, por esto propone imponer igualdad progresiva mediante la intervención estatal. Cree que la única libertad posible es alcanzable como conjunto, la “liberación del pueblo”, la emancipación que se logrará mediante la independencia económica de los países centrales capitalistas (proviene de las bases justicialistas).

Como individuo libre propongo: Sean libres, no dejen que un gobierno domine la totalidad de sus vidas y sean conscientes, ilustrados de sus actos y de cómo estos pueden afectar a terceros. Las amenazas a nuestro sistema están y estarán vivas por siempre, defenderlo, mejorarlo y actualizarlo progresivamente es nuestro deber.

Autor: Stefano Salmeri (22, Estudiante de Lic. en Ciencia Política (UBA) CABA)

Edgardo Marano

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