Ideología, plan y estrategia, los tres pilares del buen gobierno

La política argentina no encuentra el rumbo. Está huérfana de planes y también de ideas.

Los políticos argentinos nos dicen y repiten a menudo que los planes no son necesarios para gobernar. La excusa es que o bien estos fracasaron (en algún momento del pasado) o bien no son capaces de confrontar una realidad que es compleja e incierta (*).

Se afirma que las ideologías y los programas son algo pasado de moda. No les deberíamos prestar atención en absoluto. sería un término reservado al siglo XX con la Guerra Fría como epicentro (**).

Quienes busquen teorizar y entender la realidad a través de conceptos o ideas son mandados automáticamente a estudiar. No serían capaces de aportar en la praxis. Ni dentro del gobierno ni fuera de él.

Hemos escuchado estas frases sin cesar a lo largo de los últimos 20 o 25 años. Quienes las sostienen dicen haber aprendido de la experiencia y, en consecuencia, nos estarían enseñando sobre la realidad y sus complejidades. El resultado es que los gobiernos han sistemáticamente fracasado ante la falta de esquemas mentales que los guíen en la tarea de intervenir con éxito en la realidad.

Estoy de acuerdo con que el mundo es complejo. Pero es justamente por esa razón que los gobiernos necesitan del aporte de la ciencia y la planificación, en primer término, y de las ideologías, en segundo término, para poder gobernar con eficacia.

El papel redentor de las ideologías

Hay quienes seguramente se muestren escépticos acerca del potencial de las ideologías en el buen gobierno. Su escepticismo está parcialmente justificado. Y es que durante el siglo XX fueron utilizadas por gobiernos de izquierda y de derecha para justificar atrocidades nunca antes vistas.

En nombre de las ideologías tuvieron lugar baños de sangre nunca antes presenciados, a tal punto que el siglo XX es testigo de la aparición en el vocabulario político de un nuevo término denominado “genocidio”.

En efecto, en ese mismo siglo hacen su aparición diferentes ideologías igualmente extremas, como el fascismo, el nazismo y el comunismo. Es el escenario de guerras mundiales y de conflictos internos que se cobraron la vida de millones de personas alrededor del mundo.

No obstante, también es bueno señalar que el siglo XX es portador de un resurgir del mundo con el advenimiento de la posguerra. Cuando desde un lugar recóndito del mundo como la Argentina miramos a Europa con cierta envidia y orgullo, tenemos ante nuestra vista a la Europa que se construyó en el período de la posguerra.

A esa Europa no le son ajenas las ideologías, ya que es con su ayuda que el continente pudo escapar del nacionalismo, del proteccionismo y espíritu de conquista tan característicos de fines del siglo XIX y primera mitad del XX. Escapar también a sus corolarios: La violencia y la miseria.

Las naciones de Europa que hoy son potencia debieron superar años de hostilidades para poder reconstruirse. En ese camino no faltaron la ética, la voluntad y el compromiso. Pero tampoco las ideas y el pensamiento preclaro.

La posguerra destaca por la aparición de líderes de indiscutida formación técnica y capacidad intelectual como es el caso de Alcide De Gasperi, Konrad Adenauer, Helmut Schmidt o Robert Schuman. Estos hombres se convirtieron también en políticos de acción y estadistas. Abrazaron con fervor, pero sin fanatismos, las ideas de la libertad (del liberalismo), la socialdemocracia y también el cristianismo. Abrazaron la solidaridad y el europeísmo como antídoto para dejar atrás décadas de enfrentamientos.

En Argentina, la generación del ´80 con hombres de Estado y pensadores de la talla de Juan B. Justo y Domingo F. Sarmiento revolucionaron el continente a partir de sus ideas sobre la educación y la economía.

Esas ideas, que enarbolaban los principios de la libertad individual, permitieron a un país desértico como Argentina conseguir primero el orden y la estabilidad política (negada a los primeros defensores de la república entre 1810-1835) y promover luego un progreso inédito, que no tiene prácticamente parangón en la historia de la civilización (***).

Lo que intento transmitir con estos dos ejemplos es que es necesario identificar el progreso en la defensa de una causa, de un ideario y un sistema de ideas. El progreso no surge de la improvisación y el vacío conceptual. En ese camino, el voluntarismo y la ética no alcanzan. Lamentablemente no.

¿Por qué son importantes las ideologías?

Las ideologías, entendidas como sistemas de ideas, además de ofrecer una visión y perspectivas del mundo, guían a los gobiernos en el camino al éxito o al desastre (****). Son mapas mentales que permiten trazar un rumbo.

Como tales, nos orientan en la búsqueda y reconocimiento de objetivos. Además, proveen los instrumentos para ser utilizados en la consecución de esos objetivos.

Un sistema de ideas tiene límites que separan lo que es aceptable de lo que no. No son independientes del contexto y el ambiente, sino que confluyen con él. Se basan en una cierta moral y un conjunto de creencias, que tienen su raíz en la crianza y en la educación inicial del ser humano.

Las ideologías cumplen 4 funciones indispensables para cualquier gobierno:

1)Exponen una visión y un entendimiento del mundo

2)Definen y delimitan el rumbo del gobierno

3)Proveen los fines, objetivos y prioridades del gobierno

4)Proveen los instrumentos para su consecución

Cuando hablo de ideologías no me refiero a la clásica distinción entre izquierda y derecha, de por sí unívoca y difícil de definir. Me refiero a conceptos como neoliberalismo, liberalismo, socialismo, nacionalismo, conservadurismo, comunismo y otros.

Las etiquetas y parecen finalmente tener algo de sentido si y solo si aceptamos las ideologías en toda su dimensión y realidad.

El déficit de un plan estratégico

Al hecho anteriormente mencionado se le agrega un déficit de planes y de estrategia. En los últimos 20 o 25 años, los gobiernos en la Argentina han decidido prescindir (a consciencia) de cualquier plan global que incorpore una estrategia a sus lineamientos.

A continuación, voy a dar dos ejemplos relativamente cercanos en el tiempo:

1)El déficit de estrategia se pudo constatar recientemente en el manejo del gobierno nacional de la crisis a que dio lugar la pandemia de COVID-19. Más allá de los resultados, el gobierno no ha hecho una buena lectura de las expectativas de la sociedad, componente fundamental de cualquier estrategia.

Justo en el momento en que el gobierno debía reforzar la cuarentena, ya no pudo hacerlo ante la imposibilidad de asegurar su cumplimiento y sancionar su incumplimiento. La sociedad estaba cansada de hacer una cuarentena que era vista como interminable.

El desborde de casos y, sobre todo, la tendencia ascendente durante los meses de agosto y septiembre de 2020, representó una anomalidad en la región y delata los problemas estratégicos del gobierno para enfrentar y gestionar con éxito la pandemia.

2)De manera análoga, la falta de estrategia es lo que le impidió al gobierno presidido por Mauricio Macri lograr la tan anhelada estabilidad macroeconómica durante sus cuatro años de gestión al frente del país (2015-2019).

La ausencia de una visión realista sobre el devenir del mundo, más la falta de un plan de contingencias, otro componente fundamental de cualquier estrategia, provocó que la Argentina, luego de algunos cambios en el escenario global, no pudiese financiar más su política económica y tuviese que acudir al FMI de manera imprevista.

En el medio, su moneda sufrió un pronunciado declive que hundió al país en una grave crisis y empobreció a millones de argentinos en un abrir y cerrar de ojos.

En las últimas dos décadas, episodios como estos se han repetido producto de la improvisación y la falta de preparación de las elites dirigentes. El resultado ha sido siempre más pobreza y atraso para un país que miraba a sus vecinos desde arriba a cierta altura.

Conclusión

A la planificación del siglo pasado (la planificación democrática y la total del socialismo real) le siguió un escepticismo cada vez mayor sobre los beneficios de cualquier tipo de planificación. Pero si el remedio para superar la pobre planificación es prescindir de ella, y levantar la bandera de la improvisación, los resultados no serán mejores. En Argentina esta tendencia negativa es más que evidente en los últimos 20 o 25 años.

Las ideologías, por su parte, han perdido terreno desde lo discursivo. Pero, en la realidad, están más vivas que nunca. Cualquier intento de ignorarlas no es, en modo alguno, inocente y pone a los gobiernos en serios aprietos ante la falta de mapas mentales que los guíen en la tarea (nada sencilla) de gobernar con eficacia.

De manera que es necesario recuperar ambas para poder ir en busca del objetivo central: Un rumbo claro y definido que nos permita a todos progresar en un marco de estabilidad, paz y libertad.

*Recientemente, el presidente Alberto Fernández le dijo al Financial Times que no cree en los planes económicos. El gobierno que le precedió no consideró las cosas de manera muy distinta.

**Este es el pensamiento del consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba, principal mentor de lo que hoy es el Pro, uno de los principales socios de la coalición opositora al gobierno.

*** Según algunas estimaciones, Argentina consiguió tan pronto como en 1895 el PBI per cápita anual promedio más alto del planeta, por encima incluso de países como Estados Unidos en la misma época.

****Este artículo promueve una conceptualización blanda o laxa del término ideología, no como una religión o dogma, sino como una cosmovisión que se contrapone a otras y con las cuales es posible dialogar y llegar a puntos de acuerdo.

Blog del autor

Franco Frigidi
Licenciado en Ciencia Política (UBA)

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