Incitaciones al odio en el borde del volcán

Primero insultaron al surfer, le dijeron “imbécil”, y yo no dije nada, porque yo no era surfer.

Luego vinieron por los empresarios, los trataron de “miserables”, y yo no dije nada, porque yo no era empresario.

Luego vinieron a expropiar Vicentin, y yo no dije nada, porque yo no era Vicentin.

Luego vinieron por los periodistas, con “gordito lechoso” y piñas, y yo no dije nada, porque yo no era periodista.

Luego vinieron por mí, y salimos todos a la calle, nos llamaron “gente confundida”, “anticuarentena”, “odiadores seriales”, sin darse cuenta que alimentaban nuevas marchas, porque yo aprendí a no dejarme maltratar por nadie.

Libertad, diálogo y respeto

Los inquilinos de Casa Rosada (Rosada, no Robada), están equivocados. Tienen un discurso agresivo y acciones violentas que desmerecen las costumbres argentinas, no somos expropiadores, no somos limosneros, no creemos que un delincuente es una víctima, no creemos que el ámbito educativo sea propio para la política partidaria, no vivenciamos que la identidad sexual se dirima en las aulas.

Respetamos las creencias, las diferencias y el orgullo de ser diferente, con la sensatez de quien acepta la diversidad sin aplaudirla.

Se llama libertad.

La libertad que implica respeto en las expresiones. Porque cada palabra tiene un significado, dentro de un diálogo como contexto del cual no es factible ser sacado, cada mensaje naturalmente provoca una reacción. Se llama diálogo.

El odio gratuito

Cuán triste es el gobierno que incita al odio, dividiendo para reinar como proponía el sagaz Maquiavelo.

Nicolás (Maquiavelo, no Trotta), se inspiró en Julio César, feroz Emperador que dijo: “divide y triunfarás”.

Amos Guilboa, en Hatzad Hasheni (La Cara de la Verdad), titula “La otra epidemia: El odio gratuito es una enfermedad más dura que el Corona”.

Y se cuestiona, a la vez que nos interpela: “¿Existe una cura para el odio (…)? ¿Y qué se puede hacer en la práctica para aplanar la curva de odio?”

Y al intentar comprender lo incomprensible, abarca el “odio gratuito” que resulta “un odio innecesario, tan simple como el lenguaje. Pero yo creo que esto es algo más sustancial (…) Es un odio que ciega la realidad, rechaza automáticamente cualquier apelación (…) Es el odio que no permite ningún diálogo (…) ¿Existe una cura para ese odio gratuito (…)? Esa es la pregunta que debemos hacernos antes de llegar a la caída.

Asado escupido

En Argentina tenemos presentes las palabras de Montesquieu, quien también habló del odio: “Cuando uno busca tan extremadamente los medios de hacerse temer, encuentra antes siempre el medio de hacerse odiar.”

El Presidente Pucha lo hizo de nuevo. Tras sus pasos, el veloz Cafiero, pisando por primera vez el recinto donde se ejerce la Democracia, cual Viejo Vizcacha escupió el asado. Con tanto odio, no se muerdan la lengua, muchaches.

¿Será gratuito el odio cuando el Profesor Filmina nos espeta “Odiadores seriales”?

Dicen los que saben, que la palabra a la vez que expresa, contiene, es decir, el sentido de una palabra tiene que ver con quien la dice en un juego de representación de ida y vuelta, somos lo que decimos, y lo dicho por nosotros nos expresa.

Con más razón entre los argentinos, que usamos numerosas metáforas, una combinación de significados que dan vida a un efecto de sentido. “Odiadores + seriales” (un texto con contexto, del cual no podrá ser sacado) involucra un plural, es decir, a un grupo de personas, cuyo oficio (sufijo “dor”) es precisamente ejercer, en este caso el odio, combinado con la segunda palabra que habitualmente (en especial en boca de un abogado penalista) está combinada con “violadores”.

El año que vivimos en peligro

Asimismo, tomamos en cuenta que quien dice y es dicho por esta expresión ejerce la función de Presidente, tiene a su cargo el Poder Ejecutivo. Por lo tanto, la responsabilidad de Fernández es representarnos, salirse del rol de destinador, discriminador, tanto como su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, quien ha tenido choques con periodistas y que, cuando se presentó a hablar, en 5 minutos dijo 28 veces la palabra “odio”.

Si bien no es la primera vez que la Honorable Cámara resulta deshonrada, duele en cada acometida, cada atropello al lugar de debate de ideas cuya misión es hacer leyes para beneficio de los ciudadanos, sin desmerecerlos.

Sin odiarlos. Sin hablar de un presunto boicot a un gobierno angelado.

Algunos periodistas compararon las palabras con las acciones, dando más valor a estas últimas, como provocación a sentimientos negativos, porque también es cierto, por ejemplo con los jubilados. Se los perjudica desde el primer día de gobierno y se persevera en acciones que los perjudican, no obstante se les habla en inclusivo y se coloca el cartelito de “Argentina Unida”.

Luego se acusa al otro, otra, otre, todos, todas y todes de “Odiadores Seriales”, lo cual divide, desune.

Tal como recuerda en un artículo publicado en La Nación, Morales Solá, “La grieta política, que divide a cerca del 40 por ciento de la sociedad entre unos y otros, es una construcción del kirchnerismo. La arbitrariedad y la injusticia hacen más profunda esa oquedad”.

La Canción del Carcelero

Mi amigo Santiago (Zvik, no Cafiero), escribe poco y bien. Dijo: “Mientras el pueblo se aborrega al compás del tañido de la campana de la madrina, el mismo gobierno tiene dos enemigos que lo hacen crujir: por un lado el COVID-19 y por el otro los celulares

Desde 1983 vienen declamando luchar contra la pobreza (mueca del payaso) mientras que ellos se sirven de la pobreza (libreto).

Han concentrado la población a cien kilómetros a la redonda en los grandes centros urbanos porque les conviene. Poca campaña, invierten un poco de saliva y logran cargos con sueldos imposibles de lograr con cualquier actividad privada, más prebendas.

El gobierno se aprovechó de la pandemia para lograr su zona de confort.

El Poder Ejecutivo es un emperador, el Poder Legislativo (con la anuencia del soberano-pueblo porque así votó) amordazado y el Poder Judicial existe para que los guías turísticos muestren los edificios.

La canción del carcelero dice:

Estamos prisioneros, carcelero…

Estamos prisioneros, carcelero…

Yo de estos torpes barrotes,

Tú del miedo.

Los barrotes no son de hierro, son el barbijo, el alcohol, el sanitizante, el jabón y la distancia social.

El miedo del gobierno es que tendrá que mantener la “distancia social” aún cuando dejen los cargos porque no podrán dar la cara. Aquí ni en ninguna parte del mundo, ni en una playa porque serán escrachados, serán la vergüenza con nombre y apellido.

Eligieron el oro por el bronce, harán una fortuna… un par de generaciones y se diluirá y figurarán en los libros de historia como un pasar controvertido y efímero… Mientras que aquellos que eligieron el bronce perdurarán en la memoria colectiva y trascenderán las fronteras. Los historiadores se quedarán sin palabras para llenar hojas con todo lo que hicieron por este país y el prójimo.

También lo dije, 20/80 el número de Vilfredo Pareto, iremos al 80% de POBREZA, la realidad y complejidad de la sociedad y del mundo actual sobrepasó la capacidad de los políticos.

No tienen la CAPACIDAD para visionar un futuro a 25 años, porque ellos son parte del problema, no son parte de la SOLUCIÓN y parece ser que a nuestro pueblo le contenta tener un celular (espejito) mientras los políticos hacen de las suyas.

En el Día de la Independencia, uno de los hechos que movilizó a los próceres la declaración fue el tan pregonado en la Revolución Francesa, estampado en el Escudo Nacional: Igualdad,Fraternidad, Libertad.

El primero, el diecisiete y el catorce

¿Usted se considera “odiador serial”, paradito como está, al borde del volcán…? Allí en el cráter, apenas visible, apretado a un plural donde se desdibujan los límites, porque en este reino del revés los ministros insultan y provocan a los ciudadanos que delegamos en ellos la tarea de administrar el Estado para beneficiarnos.

Así Fernández, así Cafiero, esgrimen el discurso del odio y el miedo que aprendieron de la Jefa.

Del otro lado, los “querendones seriales”, amamos la libertad, amamos la Bandera, la Patria, nos vemos y nos reconocemos en cada marcha, banderazo, cacerolazo.

Es la voz de la gente, entre cansada y esperanzada, que saldrá de nuevo el primero y el diecisiete de agosto. Llevando símbolos patrios que no se esgrimen contra nadie, porque son patrimonio cultural de la totalidad de la población. Y si llevás la bandera en una mano, te pido que lleves también nuestra Constitución Nacional. Subrayadito, como en la Escuela que enseñaba, el artículo 14.

Marcela Zadoff
Lic. en Letras Modernas de la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora. Editora. Experta en Comunicación Institucional

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