Investigación y Desarrollo. ¿Cómo la financiamos?

Durante los últimos años se ha puesto en debate el papel de la inversión en investigación y desarrollo –I+D- en cuanto su impacto sobre el crecimiento de los países. Sobre todo, en tanto ello permitiría contar luego con mejores perspectivas para generar empleos de mayor calidad, mejor remunerados, haciendo al país más competitivo y menos dependiente de los costos de transferencia de propiedad sobre aquello.

Se cita para ello los niveles de inversión, tanto públicos como privados, alcanzados por los países desarrollados –la OCDE- más otros como Israel o países asiáticos con altos niveles de ingreso. Ello evidenciaría que la prioridad de recursos de sus gobiernos –y de su sociedad- puesta en la investigación y el desarrollo, resultó vital para lograr un mayor y mejor crecimiento. (Ver Notas de diario Clarin y La Nacion).

En contraposición, se toma el caso argentino para evidenciar justamente lo contrario, pero con mucho foco en las supuestas visiones de los gobiernos sobre cómo valoran a la Ciencia, y por ende, los recursos que destinan a I+D. El mainstream científico local valora la política científica de los gobiernos kirchneristas, en tanto los mayores recursos inyectados al sistema, en contraposición el gobierno de Macri, que comparativamente y en contexto de crisis, gastó menos en ese rubro, siendo catalogada su política como de “ataque a la ciencia”.

Más allá de la cuestión estadística, y sin evaluar el tema en términos políticos, la pregunta para responder es ¿por qué el país invierte poco en I+D? Las inversiones en I+D realizadas por el sector público y privado tienen lugar en determinados contextos. Por ejemplo, y en el caso de las empresas, nos referimos a marcos impositivos y regulatorios que favorecen ello, como ser, impuestos bajos, beneficios fiscales, mayor financiación, entre otros.

En la Argentina las empresas deben afrontar los impuestos más altos del mundo (Ganancias, Seg. Social, Ingresos Brutos) lo que les deja con menores recursos para invertir. Agregado a ello el crédito es escaso y por ende más caro, siendo las mejores opciones ciertos prestamos oficiales subsidiados.

Asimismo, el Estado financia vía CONICET o Universidades Publicas, pero ello se encuentra condicionado por dos factores: La restricción presupuestaria, que en tiempos de crisis afecta mucho más, y una visión muy limitada que tiene al gasto en I+D como una prerrogativa mayormente de impulso estatal, con mucho enfoque desde lo cuantitativo (recursos generales) y no lo cualitativo (contribución al desarrollo).

Tomando este escenario de restricción fiscal cabría asumir entonces que por varios años el Estado no contará con mayores recursos para invertir en I+D. Entonces, los países que más invierten, ¿tienen per se un mejor desempeño fiscal? Estados Unidos y Japón tienen los más altos déficits fiscales del mundo desarrollado, muchos países europeos también poseen deudas altas, y tenemos el caso de Brasil con más déficit que en la Argentina, pero más gasto en I+D que nuestro país. ¿Cuál es la clave entonces para la financiación de la I+D?

La respuesta está en los mecanismos de ahorro e inversión para financiar tanto al sector público como privado. En la Argentina el mercado de capitales es muy chico, y el principal destino de los excedentes del público es la compra de divisas. En los últimos diez años los argentinos adquirieron la friolera cifra de USS 150.000 millones, equivalente al 40% del PBI. El problema para financiar la investigación y el desarrollo, ¿es por falta de ahorros o por el destino de los mismos?

La población con capacidad de ahorro podría perfectamente financiar proyectos de inversión en I+D tanto públicos como privados. ¿Por qué no lo hace? Primero, por un gran desconocimiento de donde podría canalizar sus excedentes para generar un buen retorno (mucho mayor a guardarse los dólares); y, segundo, por ausencia de incentivos y políticas que tengan como prioridad ofrecer opciones de inversión. Para entenderlo mejor. En los países que más gastan en I+D son las personas las que financian tanto al Estado como a los privados para que inviertan más y mejor en dicho rubro.

Una idea. Bonos de I+D

La propuesta no es conceptualmente nueva, pero es novedosa para la Argentina. Consiste en financiar la I+D vía un Bono de amplia disponibilidad publica destinado a un Fideicomiso cuyo objetivo es promover proyectos que involucren a estudiantes, técnicos y profesionales dedicados a investigar y aplicar conocimiento científico en forma concreta.

Vía asociaciones público-privadas, emprendimientos entre varios socios privados, o inversiones específicas de organismos como el CONICET, INTA, INTI o Universidades Publicas se presentan proyectos que, transcurrido un tiempo, contribuyen a generar riqueza y valor. Fruto de ello se produce una renta por aquel trabajo. Dicha renta es la garantía de la inversión realizada.

A su vez, los profesionales y personas involucradas, al verse beneficiados por dicha inversión, se comprometen a destinar parte de sus futuros ingresos como retribución a quienes confiaron en ellos. Este formato pone la relación directamente y por contrato entre el financiador y el beneficiario. Además, los Bonos I+D no tendrían garantía del Tesoro, estando exentos de futuras decisiones del Estado argentino en cuanto al pago de sus deudas (cinco cambios contractuales en forma unilateral desde 1990).

Pero, ¿Y qué ocurre si la inversión no puede repagarse? Al ser una cuestión privada, queda la disputa judicial. Para evitar esto los proyectos deben establecer claramente sus objetivos y, por ejemplo, en qué sector o ámbito económico se desarrollarán; agro, energías renovables, clúster tecnológico y/o actividades ligadas a la exportación de bienes y servicios.

¿Cómo hacemos entonces para interesar al público? Con más información y dando a conocer los beneficios. Porque la propuesta es, en definitiva, un negocio. Para el privado implica una inversión concreta, más rentable que dejar los dólares en el colchón o depositados en el exterior invertida en bonos de países desarrollados que hoy pagan en torno al 0,5-1% de interés.

Asimismo, y esta es una de las claves, dicha inversión puede ser deducida en su totalidad del impuesto a las Ganancias, en tanto mientras uno destina sus ahorros a los Bonos I+D, su flujo de ingreso se incrementa, teniendo más ahorro a futuro. También las asociaciones o sociedades financiadas estarían exentas de impuestos por unos cinco años. Y para los Bancos, quienes son agentes financieros y canalizadores de ahorros, es una inversión no atada a flujos volátiles de dinero ni limitadora de sus recursos para financiar al Estado o la deuda del Banco Central.

Como sostuve, la propuesta no es nueva. En 2002, la Fundación Sales envió un proyecto al Ministro Lavagna ligado a resolver el problema de la deuda con una oferta que no implicaba quita de capital, pero destinaba una porción del interés a financiar la I+D. El acreedor cedía a corto plazo, pero financiaba el desarrollo del país y, por ende, el futuro repago de la deuda (Ver artículo de Arturo Prins en La Nación, 24 de Enero del 2020).

La Argentina no posee hoy ni tendrá por un tiempo acceso al financiamiento. El sector privado no tiene incentivos para invertir sus excedentes en el país. Busquemos entonces soluciones concretas para financiar la I+D dentro de las herramientas existentes, involucrando a todos los actores interesados. Sin discursos, prejuicios ni falsos paradigmas. Aquí hay una idea.

Referencias.

Cuáles son los países que más invierten en conocimiento y cómo está Argentina

Propuesta para pagar la deuda

Investigación y desarrollo: cuánto y cómo se invierte en la Argentina

Agustín Jaureguiberry
Soy Politólogo. He sido funcionario en la Municipalidad de Vicente López, en la Provincia de Buenos Aires y en el PAMI. He escrito diversas notas sobre actualidad política y económica para la revista digital economiaparatodos.com y la Revista Democrática de América Latina.

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