La AUH, la cultura del trabajo y el rol del Estado para salir adelante

Mi nombre es Gabriel Salvatore, tengo 31 años, una hermosa hija y un mujer increíble que me acompaña día a día en el mismo contexto que compartimos, usted como lector en este caso. Hoy soy empleado en el sector privado como Contador, recibido en la Universidad Pública desde 2013.

Mi mujer está a una materia de recibirse de la misma universidad y carrera.

A su vez ella es docente de la Provincia de Buenos Aires desde hace ya varios años. Ambos conocemos los pormenores del mercado privado y público laboral. Lo entendemos con una profundidad especial luego de haber trabajado varios años en cada uno de estos sectores. También tenemos un emprendimiento que está destinado a ser el futuro de nuestra familia y de los estudios de nuestra hija, todo trabajado con mucho esfuerzo y dedicación, a pesar de este contexto tan cambiante. Esta introducción sólo sirve a los efectos de entender que soy una persona más del montón que intenta vivir cada día un poco mejor y entiende que el trabajo es la única manera de hacerlo.

Siento que esta cultura del trabajo, que con mucho esfuerzo y dedicación nos inculcaron nuestros abuelos, bisabuelos y nuestros padres hace rato que se está perdiendo. Ya no vale lo mismo levantarse temprano a trabajar y parte de esto es responsabilidad del populismo que nos gobernó durante 12 años.

Constantemente se ven hoy manifestaciones multitudinarias en “horario laboral”, cortes de calles, clases itinerantes de los profesores universitarios, etc. Veo también a sus alumnos participando y me resulta un poco triste saber que se prestan a esas cuestiones que nada tienen que ver con su carrera y sí con la política barata que utiliza a las personas de menos recursos.

A marzo de 2018 según el ANSES existen 3.805.847 titulares de AUH, lo cual no puede llenar de orgullo a nadie ya que esto es fruto de políticas económicas erráticas. Desde 2013 la evolución de la cantidad de AUH que se brindo a través del estado ha ido aumentando, 4.38% en 2013, 2.77% en 2014, 2.41% en 2015, 6.28% en 2016 y bajando un 0.29% en 2017.

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Al mismo tiempo, si comparamos el nivel de gastos que el Estado tuvo que afrontar como porcentaje del PBI éste ha crecido en el período 2003-2015 en más de 12 puntos.

Cualquiera de estos números no es un victoria de los movimientos sociales sino una derrota a todas las políticas sociales y económicas que se llevaron a cabo en todos estos años. Hay que considerar también que dentro de este porcentaje se encuentras las jubilaciones y pensiones, pero lo que se pretende destacar es que el gasto social como porcentaje del PBI está en constante crecimiento desde hace ya muchos años. Y si bien es importante que el Estado esté presente para aquellos marginados que no pueden acceder a un trabajo, es difícil entender cómo en todos estos años no surgieron políticas sociales tendientes a sacar a las personas de este nicho. Porque si nos ponemos a pensar, esto sigue siendo una derrota de todos los argentinos y en particular del sector político que sigue utilizando a los sectores sociales más retrasados para poder ejercer su poder, conseguir votos y ser electos.

Particularmente yo creo que deberían hacerse cambios cualitativos importantes en las obligaciones de aquellas personas a las cuáles se les brinda esta AUH, como por ejemplo formarse para poder seguir cobrando la asignación, realizar trabajos especiales para el estado/privados o emprendedores y brindarle la posibilidad de ser reinsertados al mercado laboral con beneficios para aquellos empleadores que puedan darles un trabajo formal. Pero al mismo tiempo y para que estas familias puedan salir de la espiral de la pobreza donde se encuentran insertos, sería ideal que tengan la obligación de hacer asistir a sus hijos al jardín o colegio para que puedan ser beneficiarios. También podría ser una buena idea que se los premie en caso de que alcancen la educación superior, más allá de su realidad esto podría lograr un gran cambio en su realidad y en la matriz social. Todo esto debe ser acompañado también de una alimentación acorde a su edad y para ello se debería destinar una importante porción de la planta estatal para hacer llegar esos alimentos y que tengan el destino correcto evitando los intermediarios y la corrupción. Otra de las cosas que deberían tenerse en cuenta sería buscar políticas que eviten que las personas beneficiarias se enlisten en movimientos sociales que lo único que hacen es pedir más pero no proponer políticas para sacar a los pobres de la clase social donde están. La representación desde estos movimientos es muy pobre en relación a las políticas que proponen para cambiar la situación de cada uno de sus representados. Por lo que se ve sólo buscan generar marchas que no hacen otra cosa que afectar derechos de terceros y no consiguen nada para la gente que representan.

Por supuesto que todo esto tiene que estar acompañado por un estado sin corrupción y unas organizaciones sociales que produzcan más soluciones sociales y no tanto alboroto con paros y movilizaciones. Sabemos que para muchos esto es un tema difícil de tocar, pero ha llegado el momento de que como país y como política de largo plazo nos propongamos reducir a la menor expresión este tipo de asignaciones para hacer salir a la argentina adelante.

Así como se mencionaba en Intratables hace unos días, se ha ido perdiendo la educación del esfuerzo y del trabajo como así también la concepción de que los planes son un derecho de muchos sin prácticamente obligaciones. Mucha responsabilidad tienen aquellos que son los líderes de los movimientos sociales que no hacen otra cosa que enriquecerse ellos o sus movimientos, sin generar ni promover cambios sustanciales para que las personas que integran sus movimientos salgan de la pobreza. Parece como que les conviene que cada vez más personas se integren a sus movimientos.

Por último quisiera destacar una frase del Economista Ricardo Lopez Murphy cuando comentó en el programa de Canal 26 una dura realidad. “Lo que ocurre es que el sobregasto baja la productividad argentina. Si a los que producen los contraemos con impuestos para financiar a gente que vive de los demás, bajamos productividad e incentivos para trabajar e invertir. Tenemos un problema cultural.

Yo opino igual, lamentablemente nuestra realidad se transformó en un problema cultural donde el trabajo y el esfuerzo ya no valen lo mismo. Ojalá tengamos la grandeza de cambiar y ponernos en el lugar de los demás tanto como ciudadanos, políticos y representantes.

Fuentes: Observatorio Social CEPAL y ANSES

Gabriel Salvatore

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