La confianza no se solicita en un banco; se debe ganar… o minar!

La confianza es como un vaso roto, una vez que se rompe por más que intentes arreglarlo, ya no vuelve a ser lo mismo. Y en ese principio se basan las criptomonedas.

Tomaron los cristales rotos de la sociedad descreída del sistema financiero que traicionó su confianza; para construir un refugio alternativo que suplante un régimen obsoleto que no dio las suficientes respuestas a los cambios requeridos por una sociedad con sed de cambios… ¡Pero sobre todo seguridad!

Y la gran paradoja de todo esto es que Bitcoin no requiere confianza: Ya que es completamente de código abierto y descentralizado. Esto significa que cualquiera tiene acceso al código completo en cualquier momento.

Cualquier desarrollador en el mundo puede verificar como funciona. Todas las transacciones y bitcoins creados durante su existencia pueden ser consultados claramente en tiempo real por cualquier persona.

Todos los pagos pueden hacerse sin depender de terceros y todo el sistema está protegido por algoritmos criptográficos revisados por usuarios; parecido a lo que se utiliza en banca electrónica. Ninguna organización ni individuo puede controlar Bitcoin y la red permanece segura aunque no se pueda confiar en todos sus usuarios.

Para muchos cryptonautas este motivo es más que suficiente para sentirse seguro a la hora de ejecutar sus transacciones con criptomonedas. Esto, a su vez le otorga un valor intrínseco, de modo que el código abierto facilita la creación de forks (bifurcaciones donde los tenedores de bitcoins tienen derecho a una parte de la emisión de nuevas criptomonedas que utilicen el proceso histórico de su blockchain hasta la fecha de la bifurcación).

Hasta el momento se produjeron 5 forks importantes: Bitcoin Cash, Bitcoin Diamond, Bitcoin Gold, Bitcoin Private y Bitcoin SV. Todos nacidos de bitcoin.

Si bien se dificulta predecir cuántos forks habrá en el futuro, se estima que el carácter abierto del bitcoin es un campo propicio para que sigan sucediendo.

Los forks constituyen una forma novedosa de flujo de fondos en esta nueva era.

Ahora bien; expuestas las razones para negociar con monedas digitales; y como si se tratase de una competencia virtual, ¿Cuáles son los sustentos que respaldan a la moneda fiduciaria?

Más concretamente; ¿Cuál es el verdadero respaldo del dólar y el oro? Pues bien, el dinero que circula en el mundo, incluido el dólar; no tiene valor intrínseco ni respaldo tangible y su único valor es su aceptación como medio de pago; es decir; un valor fiduciario; basado en la confianza de quien lo da y quien lo recibe.

El oro a su vez; a pesar de ser algo tangible; tiene un valor relativo; dado especialmente porque es usado como instrumento de reserva por los Bancos Centrales de los países; pero en realidad; el oro tiene un uso limitado a muy pocas aplicaciones prácticas.

De ello podemos inferir que las monedas del mundo que sustentan parte de su valor en el oro; no tienen ningún respaldo material ni sólido; sino únicamente la buena fe de emisores y usuarios de dichas monedas; porque ninguna persona puede comer o beber oro y, como se dijo antes; su uso en otras actividades económicas es también restringido. Se podría incluso decir que el oro también es un instrumento fiduciario.

Como vemos hasta acá; todo es cuestión de fe ciega. Aunque a veces es mejor abrir los ojos para ver mejor y no sólo mirar. Y si vemos bien la historia nos encontramos con que en el año 1971; el presidente Richard Nixon; en un contexto de inflación mundial, con abundantes dólares estadounidenses circulando; determinó que se convirtiera n masivamente los dólares en oro, lo que dio lugar a un importante vaciado del oro de la Reserva Federal.

Cada vez era mayor la desconfianza hacia el dólar y el sistema de Bretton Woods parecía al borde del colapso. Todo ello significaba suspender la convertibilidad oro en dólar; se dio por terminado el sistema fijo que establecía que una onza de oro equivalía a 35 dólares.

Los dólares ya ni estaban respaldados por el oro; pasando a ser dinero «fiat«. En otras palabras, que el dólar pasó a estar respaldado por la autoridad que lo emitía.

Ya no había un metal que respaldaba las emisiones de dólares, sólo una autoridad monetaria en la cual cuantas personas se fían o quién se «fiat» en ella, luego del colapso económico mundial.

Esto ya nos marca que el problema de confianza ya no sólo recae en la moneda, sino que también se expande a todo el sistema financiero tradicional a través de bancos y de gobiernos, que no estuvieron a la altura de las circunstancias cuando debieron responder; esto es en el colapso financiero que implicó la pérdida de confianza en un sistema vetusto que le dio la espalda a los clientes, en el momento que más necesitaban de ese respaldo, dando prioridad al rescate de bancos que no fueron capaces de advertir el advenimiento de la explosión de la burbuja financiera acontecida en el 2008.

Y no es casualidad que Bitcoin surja en este contexto ya no como un sistema financiero alterno al tradicional por oposición al régimen establecido y como una simple rebeldía anti sistema (para ser más precisos; habían transcurrido sólo quince días de la quiebra de Lehman Brothers cuando se da a conocer finalmente el conocido «libro blanco«, puntapié que da origen a Bitcoin como un verdadero manifiesto de intenciones, llamado a declarar la necesidad de un nuevo sistema financiero descentralizado, que evite una nueva próxima quiebra bancaria con las mismas consecuencias y víctimas de siempre).

Sería un error conceptual pensar de esta forma.

Bitcoin es mucho más que eso. No se trata de hacerse multimillonario ni derrocar al sistema bancario; porque en este pensamiento digital y disruptivo el hambre revanchista no encuentra su lugar.

Todo lo contrario, es una filosofía outsider.

Oficialmente Bitcoin nació del misterioso Satoshi Nakamoto (una identidad falsa, podría ser un hombre, una mujer, un colectivo) en 2008, pero diez años antes un grupo de mentes brillantes en la costa oeste de Estados Unidos ya coqueteaba con la idea de crear un estado paralelo en internet.

Muchos, aunque no todos; abrazaban ideas libertarias al estilo estadounidense; que aboga por reducir el estado a la mínima expresión y eliminar la Reserva Federal, pero no es necesariamente progresista en lo social.

Apasionados por la tecnología, no se fiaban del sistema. Empezaron a compartir conocimientos a través de una lista de correo llamada : «Cypherpunks«.

Si bien esta lista se estableció a partir de 1992, el grupo y la idea se gestaron y se establecieron en la década de los ’80 a partir del trabajo de David Chaum; quien fue uno de los primeros especialistas preocupados por la privacidad de las transacciones financieras y ocupado en desarrollar un sistema digital que resuelva el problema.

El movimiento Cypherpunk enarboló la bandera de la privacidad, especialmente ante la amenaza del control y la censura por parte de gobiernos y autoridades centrales sobre el desarrollo tecnológico, la información y el intercambio de valor.

Así, la privacidad podría entenderse como el legítimo derecho de cada ciudadano del mundo de revelar sólo la información que desea.

Este es un poder para estos activistas y podría resumirse en la siguiente frase del Manifiesto Cypherpunk de Eric Hugues: «La privacidad es el poder de revelarse selectivamente al mundo«.

No se trata sólo de un problema de privacidad, éste tema cobra especial relevancia en el contexto de sociedades abiertas, de libertades, pero en medio de la era digital. Así, los miembros del movimiento cypherpunk no sólo discutían y teorizaban sobre el tema, sino que desarrollaban softwares para ayudar a conseguir ese objetivo.

La mayoría de los miembros de la lista de correos eran prominentes investigadores y especialistas en informática y ciencias asociadas. Y además de temas de privacidad, discutían los problemas asociados al monitoreo gubernamental, el control corporativo de la información, entre otros.

Una mención especial se merece la criptografía. Recordemos que en ese momento, el uso civil de esta tecnología estaba prohibido, y el gobierno estadounidense la calificaba como «munición con fines de exportación«, de manera que su expansión comercial no era posible.

El gobierno estadounidense intentó controlar este tipo de desarrollos e incluso el Código de la Pretty Good Privacy (PGP), fue publicado en un libro de papel para sortear estas imposiciones.

Y de ahí nació la idea de un universo en el que los estados no tuvieran nada que decir.

Por caso no olvidemos que en el sur del mundo, no todos los que depositaron dólares, recibieron dólares allá a lo lejos y hace tiempo, para ser más precisos en el 2001, en una tierra extraña de promesas perdidas llamada Argentina.

No mucho más tarde en el tiempo y casi como el efecto expansivo de una bomba, sucesos similares se replicaban en diversos puntos del mundo.

La globalización es como la imaginación, no tiene límites. Las ansias de ganancias desmedidas tampoco.

La diferencia radica en que esta vez la fe entonces recuperó la vista; empezó a entender que la libertad financiera, al igual que cualquier otra libertad ni se pide ni se gana, se proclama desde cada uno de nosotros hacia afuera.

Como una forma de empoderamiento no sólo financiero sino también civil; cada ciudadano bancarizado entendió que todo el sistema (no sólo los bancos) manejan a discreción sus fondos a cambio de poca o nula información basado en… la confianza; que viene de… un sistema que cometía sistemáticamente los mismos errores; pero no pagaban con sus fondos propios; sino con los depósitos de los crédulos clientes, a los cuales alguien, alguna vez les enseñó a creer en la banca y todos sus aliados.

Así; en una misma línea, bancos, dinero, gobiernos, mercado, todos forman parte de esta confianza basada en la buena voluntad de cada ciudadano que habita este planeta Tierra.

Moraleja de esta fábula: Las criptomonedas nacieron por el mismo motivo que la banca tradicional empezó a declinar: La desconfianza. Y es así como la falta de certeza en el dinero se hizo extensivo al sistema financiero que lo sustenta y manipula; podría hacerse extensivo por traslación desde el mundo cripto al mundo Fintech.

Colocando al mundo financiero tradicional de cara a la necesidad de replantear los verdaderos motivos de su existencia: El ánimo de lucro desmedido o alentar al ahorro y al crédito.

Mas allá de la banca privada; dónde quedarían las aspiraciones del Banco Central de cualquier país por controlar los sistemas monetarios; aún cuando la moneda tenga como respaldo la fe que mueve montañas… ¡Y mueve la cotización de los billetes también!

Es necesario entender que estamos frente a una nueva revolución; que va más allá de lo tecnológico o digital; es una era en donde la confianza juega un rol fundamental como bien intangible que debiera observar el mercado como un nuevo indicador y donde sin lugar a dudas; el nuevo lema a imponerse es: «In crypto we trust«.

Olga Mariela Januszewski

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