La economía circular como nuevo paradigma cultural

Vivimos en un planeta que tiene más de 4.500 millones de años, de color azulado, donde el 70% de su superficie es agua, con una temperatura media de 14°C (1). Este es el lugar en donde la humanidad vive y donde en sólo 200 años, han ocurrido grandes cambios. Hechos que han desequilibrado los diferentes sistemas del planeta, alterando la biodiversidad, la temperatura, los recursos y los diferentes ciclos, como el del nitrógeno, que pone en riesgo a la vida del planeta (2) .

La población humana en el 1650 D.C. rondaba los 500 millones, con una tasa de crecimiento de 0,3%, en 1970 D.C. ya se alcanzaban los 3,6 mil millones y con una tasa de 2,1% anual, siete veces mayor. Hoy la población alcanza el doble que en 1970 D.C., unos 7,2 mil millones; y con un consumo altísimo de recursos, la humanidad está condenada a un colapso, aunque muchos se nieguen a verlo. No sólo es un problema el cambio climático, sino que los recursos que nos brinda el planeta están comprometidos, ya sea para la generación de energía, como para la construcción, alimentos, servicios, automóviles, etc.

Por el año 1972, en la obra Los Límites de Crecimiento, en su primera versión, alertaba sobre este crecimiento insostenible, basado en un sistema llamado World3; que simulaba el colapso, midiendo cinco variables: Producción de alimentos, crecimiento poblacional, industrialización, agotamiento de recursos y contaminación. En versiones posteriores, de esta obra publicada por el Club de Roma, no hace más que acentuar el colapso inminente en los próximos 100 años, pero además agrega la importancia en utilizar las energías renovables y reducir la huella ecológica. Sólo una persona sin estudios podría sostener que una civilización puede crecer y consumir ilimitadamente. Estos límites físicos se encuentran plasmados en lo que llamamos Overshootday, que actualmente se encuentra fijado el 22 de Agosto; esto indica que a partir de lo que usemos de recursos, desde este día, no podrá ser renovado por el planeta.(3)

El panorama no es alentador y la transición hacia un mundo sostenible y de bajo consumo energético implica un rediseño en nuestra estructura social, en el urbanismo urbano, en los productos industriales, como así también en el mercado laboral y el turismo global. En Finlandia, catalogado uno de los mejores países del mundo, ya se habla de la economía circular. Cuya estrategia es disminuir la entrada de materiales vírgenes, al igual que la producción de los desechos (salida). En la economía circular los productos se comparten y se adquieren servicios en lugar de bienes. Los materiales se utilizan varias veces y los productos se diseñan para que sean duraderos. Sistra, una agencia finlandesa orientada al futuro, financia proyectos sostenibles y cuyo objetivo es lograr la transición a una economía circular, donde el reciclaje y la reutilización es sólo el primer paso. Finlandia aspira a ser la economía circular más ambiciosa del mundo, que atraerá inversiones y creación de nuevas soluciones; sus conceptos ya se enseñan ampliamente en todas las escuelas de ese país, cuyo objetivo a futuro es aplicarlo a diferentes sectores. En el 2017, se celebró en ese mismo país el primer foro de Economía Circular al cual asistieron miles de delegados del sector privado encargados en la toma de decisiones en más de 90 países. (4)

Pero no todos piensan como en Finlandia, según el Banco Mundial, los desechos crecerán un 70% hacía el año 2050, excepto que se tomen medidas urgentes. Esto no sólo significa una mayor contaminación, sino una pérdida de recursos no renovables alarmantes. Los plásticos son una de las mayores preocupaciones, por su contaminación en los cursos de agua que durarán cientos de años.(5) A nivel mundial sólo se recicla el 16% de los desechos, una cifra bajísima , que ni si quiera alcanza para dar el primer paso en lo que llamamos economía circular. Donde EE.UU. es el mayor productor de basura mundial por habitante, triplicando la media mundial, y sólo recicla la tercera parte, mientras que Alemania, uno de los más eficientes llega a casi el 70%. (6)

A nivel regional, en Latinoamérica se habla mucho y se hace poco, los números son lapidarios. Sólo el 4,5 % se recicla, es la región menos comprometida, muy por debajo de la media mundial, donde los países que más reciclan son Chile, Colombia y México. (7)(8) En Argentina, el tema es alarmante, el 53% de la población no tiene conocimiento de cómo reciclar, y sólo una minoría recicla regularmente; la buena noticia es que la gran mayoría está interesado en hacerlo. (9) En cuanto al plástico, a nivel nacional, sólo se recicla el 25%, unas 241.000 TN, dejando a la industria plástica recicladora con un 60% de capacidad ociosa. (10) En la ciudad de Buenos Aires las cifras son similares, se recicla un 25% del total de envases de plásticos. (11) Sin lugar a dudas, en Argentina hace falta una ley nacional sobre el reciclaje, en la cual uno de sus objetivos sea educar a la población sobre la temática, como lo vienen realizando países como Alemania y Suiza hace más de 20 años, y por supuesto montar una infraestructura para poder llevar a cabo estas tareas. Es primordial, como primer paso hacia la economía circular, aumentar la proporción de reciclados de los materiales que utilizamos, para garantizar un ambiente más saludable para las futuras generaciones y reducir la producción de basura que se genera por habitante.

Argentina, al igual que el resto del mundo, debe urgentemente comprometerse con el futuro de las generaciones venideras. Es imprescindible sumergirse en las famosas 3R (Reciclar, Reutilizar, Reducir) de la Economía Circular que son acciones necesarias para lograr la sustentabilidad de la civilización humana. La ciencia, el conocimiento y sus advertencias siempre deben ir por delante que otras prioridades y más si el futuro está en juego. El tiempo es una variable determinante, como lo remarca “Los limites del crecimiento”. La Economía Circular es sólo uno de los tantos puntos que debe transitar hacia un cambio la humanidad, si quiere seguir disfrutando la vida en este bello planeta. El rediseño de las ciudades, la transición a las economías locales y regionales, son otros desafíos que nos esperan, pero esos temas los dejamos para otra oportunidad.

Gastón De Piero

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