La Justicia Nacional da un paso más para llegar al expediente 100% digital

El día 13 de abril del 2020, la Corte Suprema de Justicia de la Nación emitió la Acordada 12/20, que obliga a establecer a partir del día 20 de abril del mismo año, la entrada en vigencia del sorteo electrónico y remoto de demandas judiciales de los distintos fueros nacionales y federales en el marco del proceso de cambio y modernización en la prestación del servicio de justicia.

Hasta este momento, y como se describió anteriormente, el sorteo de demanda era llevado a cabo de modo presencial por los abogados.

El profesional abogado, ejercía el acto por sí o por medio de su procurador ante cada una de las Cámaras Nacionales de los distintos fueros nacionales y federales.

Ciertamente que esta medida, tan esperada por gran cantidad de los abogados que ejercen la profesión día a día no llega en cualquier momento.

Esto es un gran avance para la optimización del servicio de justicia debido a que se generará una optimización en el tiempo que insumía sortear una demanda.

La coyuntura del contexto actual generó el caldo de cultivo crucial para la gestión de esta novedad en la práctica litúrgica de los sorteos de demandas judiciales.

En la actualidad en que se emite esta Acordada 12/20 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, se encuentra vigente el Dto. 297/20 que impone el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en toda la República Argentina, en el marco de la Pandemia COVID-19.

Esta pandemia de connotación global provocó que el servicio de justicia se encuentre en una Feria Inhábil, decretada por la misma Corte Suprema Nacional de Justicia, que impidió el normal funcionamiento de los tribunales.

A más, se generó un clima de mucha hostilidad en el marco de los profesionales abogados y parte de la sociedad, que entienden que el servicio de justicia debería haberse contemplado en los servicios esenciales exceptuados del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio del Articulo 6 del Dto. 297/20.

En este contexto, además se suman las criticas fundadas en que en la actualidad existe tecnología suficiente como para que la justicia sea cada vez más remota y ante este tipo de contingencias no prive de su funcionamiento a la sociedad.

Fue entonces que la Corte Suprema de Justicia de la Nación se vio casi “moralmente obligada” en poner en aceleramiento el proceso de modernización que desde la Conferencia Anual de Jueces del año 2007 se viene desarrollando de forma progresiva. Si se tiene que resumir en dos palabras este avance hacia la optimización de la justicia a través de la implementación de medios electrónicos remotos, diría a priori que este paso “era necesario”.

Ya lo habíamos advertido en la noticia publicada el 16 de marzo del 2020, bajo el titulo “Una crítica al Poder Judicial en tiempos de coronavirus”.

En dicha oportunidad, plantee de manifiesto que la Justicia debería trabajar para que nunca más ocurra que un imprevisto genere su interrupción.

Es evidente, que el sorteo electrónico es un paso más, una respuesta de algún modo de parte de los magistrados que integran el máximo tribunal supremo del país.

Todos los profesionales abogados que integramos la matricula sabíamos que este paso se iba a dar, sin tener certeza de cuándo.

¿Suficiente? Claramente no. Habrá que mejorarlo necesariamente. Comenzará una etapa de prueba y error.

Habrá que tener paciencia, el sistema probablemente entre en fallas que con el tiempo se irán corrigiendo.

Pero es necesario que los procesos en el sistema de justicia entren en mejoras continuas.

Presentar papeles, a veces en grandes cantidades, en los juzgados en forma simultánea a la digitalización de los mismos al menos a mi criterio era una pésima señal para los augurios de un verdadero progreso optimizado del funcionamiento de la justicia.

Era ni más ni menos que la metafórica expresión material de la coexistencia de un mismo sistema de modalidad litúrgica tribunalicia del siglo XX, con las nuevas formas del Siglo XXI.

Sin embargo, hay muchas cosas que deberán cambiar en la actitud de los magistrados y funcionarios que deberán adaptarse poco a poco.

Es necesario que se bajen programas de capacitación acordes para que sean aprovechados al máximo posible estos medios de optimización de la Justicia.

Este evidentemente, no va a ser el único cambio. En adelante seguramente sean necesarios muchos más.

El profesional Abogado del siglo XXI, debería de poder gestionar su expediente íntegramente desde la comodidad de su despacho. Eso mejorará y jerarquizará el ejercicio de la abogacía.

¡Falta para eso! La sociedad argentina no puede privarse nunca más de la prestación del servicio de justicia, que dicho sea de caso debería ser esencial.

Hoy lo vemos lejos, no falta mucho para que sea una realidad materia.

La Suprema Corte de Justicia y los distintos Colegios de Abogados deben comprender que están al servicio de la sociedad, y no al revés.

Sergio Rodríguez
Abogado, especialista en Relaciones Individuales del Trabajo, recibido en la Universidad de Buenos Aires. Docente universitario y escritor doctrinal de varias editoriales jurídicas del país. Se desempeña como abogado en el Estudio Jurídico Leguizamon-Rodríguez.

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