La lógica de Napoleón: Entre Axel Kicillof, Beatriz Sarlo y el VacunaGate

«Algunos son más iguales que otros«, dijo Napoleón. Los que han leído mi trabajo anterior saben que el Napoleón que aquí se cita no es el famoso general sino el cerdo de Rebelión en la Granja, de Orwell.

En aquel artículo me propuse mostrar, entre otras cosas, como por medio del lenguaje orwelliano, analizado por Marcuse, se transforma un concepto en lo contrario de lo que originalmente expresa.

Describí también como, mediante la acción viral, determinados sujetos han ido vaciando nuestras instituciones fundamentales del contenido democrático.

Nunca pensé que se daría en la realidad un ejemplo tan contundente por la manera que se utilizó y denominó popularmente “Por debajo de la mesa”, con que muchos lograron vacunarse.

El primero en justificar esta actitud fue el presidente cuando afirmó que saltearse en la cola de espera no es delito.

Otro que salió a dar explicaciones fue el gobernador Kicillof dado que le ofreció a Beatriz Sarlo vacunarse, sin esperar y sin respetar la pertenencia territorial.

Gracias a un reportaje público podemos tener una aproximación al perfil de ciudadanos que son más iguales que otros.

En una entrevista realizada por Eduardo Feinmann el gobernador mencionado dijo que por iniciativa propia pensaba organizar una campaña con cien notables de la cultura, el deporte, la literatura y la academia para promover la vacuna que se pensaba usar. Obsérvese que no nombró a políticos ni a sindicalistas.

En sus afirmaciones opone al mecanismo por debajo de la mesa, sinónimo de algo oculto y delictivo, un procedimiento claro y público, está apelando a un método retórico que divide lo bueno de lo malo.

Desde la antigüedad la retórica fue definida como el arte de convencer a otros de que lo que digo es verdad. Asimismo, los recursos que utiliza actúan frecuentemente sobre los estados emocionales de los demás.

Al principio se alegaba que la vacuna en cuestión no tenía los avales científicos que garantizasen su eficacia. Por lo cual el gobernador tomó una decisión en contra de las normas de seguridad que se deben tener en los casos de dudas… Sin más aval que su propio parecer impuso la lógica napoleónica.

Esta manera de actuar coincide con la figura retórica oxímoron que consiste en unir, a nivel lingüístico, conceptos opuestos.

Es como si dijéramos, por ejemplo, “silencio atronador” o “dulce amargura”. Es evidente, pues, que el término más no es compatible con el término igual. Esta figura es muy usada en la poesía, pero que tiene poco que ver con la ciencia y la verdad. Seguramente al declarar el fin noble de sus intenciones el gobernador se supone justificado.

Es interesante tratar de comprender los factores que intervinieron en la toma de decisión del gobernador, ya que tiene componentes inusuales.

Podía haberse dado el caso, de haber sido posible, que se eligieran figuras populares como Maradona u otras similares. De haberse optado por este criterio la propaganda hubiese sido más rápida y eficaz. Pero lo que resulta extraño es que se resolviera apelar a personas de la cultura, de las letras y de la academia, en un número excesivo.

Elegir a Beatriz Sarlo, tal vez no resulte extraño, pero estamos seguros de que no será por su labor académica ni como ensayista notable. Seguramente fue propuesta porque desde hace años es una figura mediática.

En realidad, esta decisión proviene de la esposa de Kicillof, doctora en Letras que fue alumna de Sarlo. Podemos colegir, entonces, que el gobernador no contó con asesores eficientes y se dejó llevar por impulsos afectivos, que siempre están presentes, según la ciencia actual, en nuestra toma de decisiones.

Por supuesto que este factor no es el único que incide en una decisión. Las ideologías, los grupos de pertenencia, los compromisos económicos y los saberes de cualquier tipo, ponen lo suyo. Podemos decir entonces que una toma de decisión es una construcción que puede ser muy compleja.

Tengamos en cuenta que Kicillof es un economista keynesiano, o sea cree que el Estado es el principal operador en el campo económico. Parte de la idea principal de que es la demanda la que genera la producción. Por lo tanto, lo que se debe hacer es generar mecanismos que promuevan el gasto. Para lograrlo el Estado está facultado para manipular las tasas de interés, los mercados cambiarios y la emisión de dinero.

La aplicación de esta política generó en nuestro país la creación de miles de trabajos inútiles con el fin de generar sueldos que permitieron a miles de personas ingresar al consumo para mantener el sistema y también otorgar jubilaciones a personas que jamás habían aportado.

Digo esto para mostrar que ya desde su formación académica Kicillof está influido para aceptar gobiernos autoritarios y paternalistas.

Otro elemento que tenemos que analizar es el concepto de democracia. La pregunta obligada es, en qué piensan los peronistas cuando hablan de democracia.

Luego acotarla al sector liderado por Cristina Fernández de Kirchner, al cual pertenece Kicillof.

Como hemos visto en el artículo anterior, democracia es lo que emana de la supuesta voluntad del pueblo y que algún líder encarna, sin que haya mayores preocupaciones constitucionales. Con el triunfo electoral basta. De ahí que el derecho de propiedad privada pase a ser algo secundario, como pregona el Papa Francisco en su encíclica Tutti Fratelli, que el gobierno parece haber aceptado en el caso de la toma de tierras.

Al faltar la idea ligada a las normas constitucionales estrictas, el principio de igualdad se ve trastocado y reducido, sin que haya límites legales. Donde hay una necesidad, hay un derecho, se pregona.

Dentro de esta ideología la imitación o el acatamiento de los mandatos del líder es fundamental. En este caso la imitación de figuras relevantes está plenamente justificada. Este trabajo no estaría completo si no tratamos de analizar del mismo modo a la otra persona implicada en este lamentable asunto.

Beatriz Sarlo es sin duda una figura conocida por su presencia mediática desde hace varios años. Seguramente, por esto fue elegida y no por su tarea como ensayista o docente. ¿Académicos brillantes, pero sin ninguna presencia en los medios hubiesen sido convocados?

Sin embargo, ella sí lo fue, a pesar de ser para muchos una figura antipática. Quienes la hemos conocido como docente en la facultad de Filosofía y Letras o leído sus libros tengamos una consideración un tanto mejor de su persona. Siendo muy joven se inició en la vida política militando en la CGT de los Argentinos, luego se afilió al partido Comunista Revolucionario de corte maoísta, mientras estudió Letras en la UBA. En los ‘80 se adhirió al partido Socialista atraída, según afirma, por sus ideas democráticas y por su respeto por la cultura. Aborda la literatura y la cultura desde métodos científicos, basados en Barthes, Levy Strauss, la escuela de Frankfurt, Benjamin, David Viñas, Bajtin, entre otros.

Desde la revista Punto de Vista, que dirigió durante 30 años, se tradujeron y difundieron nuevas tendencias de pensadores como Raymond Williams, Pierre Bourdieu, Aricó, Richard Hoggart, David Viñas, Halperín Donghi y la estética de la recepción, el “análisis cultural”, etc.

Reconocemos en Beatriz Sarlo su evolución política e intelectual desde su temprana militancia peronista, casi romántica; su ingreso al PCR buscando logros más efectivos y mejor dispuestos en lo ideológicos, pero sin consciencia de su carácter autoritario.

Su decisión adulta de ingresar al socialismo muestra un grado de madurez que indudablemente tiene que ver con su labor crítica.

Su evolución intelectual puede ser observada en su revista Puntos de Vista y en sus libros. La revista comenzó a editarse en 1978, en plena época del gobierno militar, al amparo de Vanguardia Comunista, grupo maoísta que financió la publicación. Así se decidió en una reunión que mantuvieron Beatriz Sarlo, Ricardo Piglia y Carlos Altamirano. Esta ayuda duró muy poco pues los miembros de V.C. fueron exterminados por la dictadura militar.

Si bien estaba dedicada al análisis de obras literarias y cultura en general, su intención era recomponer un grupo crítico capaz de enfrentar de algún modo a la dictadura implantada.

Visto desde la perspectiva política de V.C. esta revista no era otra cosa que una máscara. Esta situación, sin embargo, puso a sus miembros en una problemática difícil, pero que tenían que resolver.

El lenguaje y el tipo de análisis de V.C., como es de suponer, consistía en un lenguaje marxista y su objeto temático era la lucha de clases con miras a la toma del poder. Lenguaje que dadas las condiciones era imposible de utilizar, además de estar anquilosado… asimismo, su registro de la realidad era sumamente limitado, ceñido a sus deseos revolucionarios.

Sarlo y sus compañeros, por otra parte, pertenecían a una generación universitaria que recibió la influencia de la lingüística, del estructuralismo, de la escuela de Francfort y de los estudios culturales ingleses.

Con ellos, en cierto modo se volvieron a plantear problemáticas similares a los del grupo de la revista Contorno treinta años antes, nacidos bajo el gobierno peronista y que tuvieron que adaptarse a las circunstancias de su caída provocada por un golpe militar.

Lamentablemente nos resulta imposible reseñar todo el movimiento y todas las complejas situaciones que se jugaron en estos momentos en que se daba el caso inverso, es decir el pasaje de la dictadura a la democracia. Preguntas esenciales anidaban en la mente de cada uno de estos grupos: ¿Qué y para quien escribir, cual es la relación entre el arte y la ciencia con la política? ¿Qué temas debemos desarrollar?

El grupo de Punto de Vista fue tomando conciencia de un campo mucho más amplio que el que se podía registrar con las perimidas formas de un marxismo desgastado.

El campo de la cultura estaba ahí, con sus procesos, con sus similitudes y con sus diferencias. Era evidente que el lenguaje y los métodos de análisis deberían cambiar. Pero este cambio implicó también un cambio personal.

El concepto de cultura les permitió abordar procesos que no podían ser registrados desde el esquema rígido de lucha de clases.

En el campo cultural no sólo se dan constantemente estructuras de poder impuestas como dominantes que serán disputadas por otras que aspiran a ocupar su lugar, como propone Pierre Bourdieu, sino también se dan descubrimientos científicos, creación de nuevas formas de arte, cambios tecnológicos, modificaciones del lenguaje y variaciones en las costumbres y las relaciones humanas.

Así es que fueron elaborando una auto conciencia que les llegó a plantearse el rol del intelectual. Desde nuevos puntos epistemológicos comenzaron a analizar la literatura, las ciencias y las artes de un modo diferente. Liberados de una visión ideológica estrecha pudieron valorar personas y movimientos de un modo distinto. Figuras antes controvertidas y despreciadas por la izquierda, como Victoria Ocampo, Borges o la revista Sur fueron reconocidas y valoradas por su aporte a la cultura del país.

La pregunta por la democracia fue un tema constante de la revista. Al evolucionar dejaron de concebir al intelectual como un profeta o un maestro, como todavía era entendido por la izquierda revolucionaria. La figura del intelectual para ellos pasó a ser otra cosa:

“Las reconstrucciones de la cultura argentina, de sus instituciones y de sus redes, de todo aquello que ha sido degradado material e ideológicamente, constituirá un desafío para los intelectuales. Porque esa reconstrucción exigirá debate y espíritu crítico, pero también nuevas ideas. Y los intelectuales no deben participar en ella con mentalidad de preceptores o de profetas, sino como ciudadanos”.

Punto de Vista, N° 17, abril-junio 1983, p. 3

Es decir, una persona con iguales derechos y obligaciones que todos, pero con conocimientos especializados, que por lo tanto no tiene derechos diferentes.

Esta experiencia de vida de más de cincuenta años, tanto en el campo crítico como en lo político, es lo que se puso en juego en el momento de su decisión. Por su capacidad crítica, Sarlo pudo reconocer lo antidemocrático del ofrecimiento.

Pero tuvo la oportunidad de elegir, la Lógica Napoleónica le daba la oportunidad de ceder ante el peligro, como hicieron otros con similar grado de conocimientos. Beatriz Sarlo prefirió la lógica del ciudadano y eligió la democracia.

A modo de conclusión

Hemos tratado aquí de mostrar dos mecanismos de toma de decisiones que, en realidad tienen que ver con las mentalidades que dividen a nuestro país y a cuya superación debemos abocarnos.

Para los que adherimos al pensamiento democrático muchas son las perspectivas que se nos abren a partir de lo que hemos expuesto en esta breve reseña, desde el punto de vista epistemológico, metodológico y ético.

Es por eso que quiero mostrar el testimonio dado por Sofía Mercader a continuación del texto arriba citado en Notas sobre la historia de la revista Punto de Vista (1978 – 2008) y su colocación en el campo intelectual argentino de fin de siglo. Dice: “De este modo cerraba el texto, en una clara crítica a la noción del intelectual comprometido como profeta de la sociedad. Se trataba ahora del intelectual como ciudadano, categoría más propia de la democracia liberal que del marxismo”.

Destacamos la importancia del concepto de campo cultural y el planteo desde donde este campo es abordado.

Así lo expresa Puntos de Vista: “Las reconstrucciones de la cultura argentina, de sus instituciones y de sus redes, de todo aquello que ha sido degradado material e ideológicamente, constituirá un desafío para los intelectuales. Porque esa reconstrucción exigirá debate y espíritu crítico, pero también nuevas ideas”.

En el momento mismo de terminar este trabajo el señor presidente de la Nación, Alberto Fernández, acaba de transmitir un mensaje anunciando las medidas a seguir para enfrentar la nueva virulencia que está alcanzando la pandemia.

Entre las medidas dispuestas están la prohibición de las clases presenciales y la ocupación de la ciudad de Buenos Aires por el ejército y otras fuerzas de seguridad, con la finalidad declarada de contribuir al cuidado sanitario.

Lo doloroso de esto es que lo hizo a título personal y sin consultar a nadie, negando acuerdos que sus propios ministros habían tratado y aceptado el día anterior, con lo cual la Lógica de Napoleón alcanza su más alta expresión y su grado más peligroso.

Al comentar con un amigo esta situación me dijo con ironía y mucho dolor: Lo que pasa es que algunos Napoleones son más Napoleones que otros.

P.D: Sofía Mercader es investigadora postdoctoral en la Universidad de Aarhus y doctora en estudios hispánicos por la Universidad de Warwick. Su libro Punto de Vista and the Argentine Intellectual Left será editado en 2021 por la editorial Palgrave Macmillan.

Agustín Romano
Filósofo; ensayista; conductor de programas culturales en radio; teórico de la literatura, autor de Para una Teoría Estocástica del Relato, Antígona y la Verdad, “Nietzsche y la Asunción poética del mundo, Automatón y Tiche en Aristóteles, Belgrano o lo que se cifra en el nombre, etc. Permanentemente dicta cursos sobre filosofía y literatura, es miembro del partido Mejorar

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