La política está en pañales

Vos, joven interesado en la política, sumergido en los bucles sin fin de la súper y omnipotente sabiduría del argentino, ¿cuántas veces chocaste muy fuerte en una discusión con otro u otra que piensa distinto a vos? Estoy seguro de que no te alcanzan los dedos de las manos para contarlas.

Yo sé que te informás, sé que siempre intentás estar al día con los últimos sucesos que se publican en las aplicaciones de noticias que tenés en tu celular (muy valorable; de hecho, no son pocas las noticias en este país), sé que todos los meses comprás libros nuevos para incorporar más conceptos teóricos que analicen, expliquen y critiquen lo que sucede; pero también sé que en ese preciso momento en el que estás debatiendo e intercambiando opiniones, alguien comienza a refutar tus fundamentos con contestaciones tales como “no sabés lo que es vivirlo, no opines”, o “tenés que ser más empático, no pienses sólo en vos”; sé que ahí es cuando sentís que todos tus esfuerzos por instruirte y mejorar para tener distintas perspectivas de las cosas, se tiran a la basura.

Los jóvenes de hoy

Una característica común entre los jóvenes, principalmente de los pertenecientes a las últimas generaciones rodeadas de información, se trata de querer formar parte de un espacio, y no me refiero estrictamente a un espacio político, sino que prefiero quedarme en la generalidad de la palabra; hoy en día, aquellos espacios pueden no ser más que la aceptación social que generan muchos seguidores y likes en Instagram o en Twitter. Pero sin irnos por las ramas, hablemos de todas aquellas personas que se refugian en la ignorancia para impulsarse a través de ella en las redes sociales y así lograr generar su propio espacio. Lamentablemente podemos identificar y señalar numerosos personajes jóvenes creados en base a dicha herramienta, cuyo único fin es la manipulación que, a fin de cuentas, le es enormemente funcional a los políticos.

Por otro lado, los jóvenes son homogéneamente víctimas de los múltiples bucles que constantemente genera nuestro país desde el comienzo de su historia, escuchando y aprehendiendo casi a diario frases conocidas como “antes estábamos mejor”, o “tuviste la mala suerte de nacer en épocas de crisis”; estoy seguro de que, al igual que dichas frases les son dichas a los jóvenes de hoy, también les fueron dichas a sus padres, a sus abuelos, etcétera. En Argentina siempre existió y existirá ese estado de malestar constante y en forma de bucle con pendiente decreciente, donde nunca se va a estar mejor que antes ni peor que después.

La grieta centennial

Entonces, entre la fuerte necesidad de formar parte de un espacio o crearlo mediante la herramienta de la ignorancia y viviendo con la esperanza de que lo que antes era bueno para los argentinos vuelva a presentarse ante nosotros, inevitablemente los mismos jóvenes caen en la irrestricta creación de una grieta que los divide, siendo esta capaz de atravesar horizontalmente cualquier tipo de grieta presente en otras generaciones; incluso me atrevo a decir que la grieta de los jóvenes deja de lado todo tipo de partidismo, bandera y color. La grieta que divide a los jóvenes está compuesta, de un lado, por todos aquellos que son parte de la reproducción de la ignorancia y el pasado y, por otro, todos aquellos que son capaces de ver dicha reproducción de la ignorancia funcional a los políticos y que apuestan al futuro.

Para analizar estos dos grupos no es necesario describir a ambos, dado que uno posee la ausencia de las características de su antagónico. Dicho esto, es tan simple como decir que uno de estos grupos está compuesto por jóvenes que se movilizan, se informan, leen, se nutren de todas las voces que los rodean, son constantes, no son manipulables y poseen fundamentos propios creados en base a lo anteriormente nombrado; en la otra mano, como bien dije, nos encontramos frente a un grupo de jóvenes dotados de características que se encuentran en las antípodas de las de su grupo antagónico: prefieren descansar en lo que escuchan sólo dentro de un determinado grupo de personas cuyas ideas están teñidas de ideología y partidismo fanático, eligen reproducir los slogans e ideas vacías repetidas constantemente en las redes sociales. En fin, no es necesario decir qué tipo de jóvenes pertenece a cada grupo.

Generaciones distintas, mundos distintos

Existe una diferencia particularmente decisiva entre jóvenes y adultos en la etapa que nos encontramos, se trata del respeto; tan preciada y poco vista cualidad, algo a destacar notablemente entre los jóvenes y entre los adultos también, pero por su fuerte ausencia. ¿Cuántas parejas, amistades y familias enteras se han roto y distanciado gracias a discusiones creadas a partir de diferencias políticas o ideológicas? Lamentablemente, podemos decir que todos conocemos al menos un caso de relaciones adultas como las que nombramos, donde el orgullo y la suprema sabiduría argentina se interpone entre las vínculos sociales que tan necesarios son para la unión del país. Sin embargo, los jóvenes se encuentran en una posición totalmente distinta frente a lo mismo, priorizando el respeto y el vínculo antes que cualquier otra cosa, entendiendo que se puede convivir con diferencias y que estas mismas son las que generan verdaderos frutos. En un mundo donde no existe la diversidad de voces, tampoco existen las nuevas ideas. En este punto es cuando los adultos deben saber escuchar y nutrirse de los jóvenes, dejar de lado ese orgullo generacional que tanto distanció a unos de otros y llevar a la praxis lo que para los jóvenes es innato e incuestionable.

¿S de «skere» o S de «solución»?

Muchos se preguntan dónde y de qué manera encontrar la solución para la famosa grieta que divide a los argentinos y yo creo que los jóvenes tienen la respuesta: dejar las diferencias de lado y querer lo mejor para el país. No hay dudas (o quizás es un manotazo de ahogado lleno de esperanzas) de que la actual generación de jóvenes es la que va a liderar el verdadero cambio cultural que Argentina se merece hace décadas, rodeados de información, conociendo muy bien el pasado y con el condimento fundamental del respeto hacia el otro. Son los personajes principales de la historia, los que, luego de muchos años, hoy son capaces de coincidir en un mismo destino sin importar el camino que se tome. Pero, como en todo camino, siempre va a haber obstáculos, y considero el más grande de ellos al arma de doble filo de la información masiva. Sepamos aprovecharla y exprimirla al máximo sin caer en la tentación de la ignorancia y la estolidez; un país con jóvenes instruidos y respetuosos, es un país destinado a las nuevas ideas y, consecuentemente, a la evolución.

Nicolás Manjarin Nicolás Manjarin

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