La responsabilidad individual repercute en el tipo de cuarentena

Son momentos difíciles para el país. Los argentinos somos conscientes de los problemas que enfrentamos. Los medios de comunicación nos recuerdan cada día los desafíos que tenemos por delante. No pasa un día en que los medios gráficos o los programas de televisión no se hagan eco de los problemas económicos y las penurias sociales de los argentinos.

En el caso en cuestión, los problemas derivados de la pandemia se magnifican debido al prolongado confinamiento decretado por el gobierno nacional. Este confinamiento se ha extendido de manera indefinida y recién ahora comienza a ceder.

Algunas encuestas publicadas recientemente señalan el agotamiento de los argentinos con respecto a la cuarentena. Ha sido una cuarentena dura y hostil. Sus habitantes, especialmente quienes residen en Buenos Aires, temen más por su futuro económico y su bienestar psicológico que por el Coronavirus (*).

Aunque los gobiernos se jacten de haber hecho una gestión exitosa de la pandemia, muchos argentinos consideran esta autoevaluación como una verdad a medias. Por un lado, el tipo de cuarentena impuesto en una parte del país (que incluye a Buenos Aires) tiene efectos colaterales difíciles o imposibles de sobrellevar para una porción considerable de la población. Por otro lado, surge la pregunta, ¿es el deseo de evitar muertes por Coronavirus más noble que el deseo de libertad?  

La respuesta a esta segunda cuestión no es automática. Depende de la idiosincrasia de cada argentino. Algunos argentinos considerarán que no hay nada que la libertad no compre, aun cuando en el camino se asuman riesgos para la vida. Otros pensarán que la vida es la condición necesaria para asegurar la libertad, por lo que el estricto cuidado de la primera permitiría arribar a la segunda.

Esta disyuntiva, que podría parecer trivial, no lo es. Tiene consecuencias a la hora de definir las medidas que adopte un país en el combate de la pandemia. Quien lleva la voz cantante es el gobierno nacional. Es éste quien debe ordenar y coordinar las medidas generales de confinamiento que los gobiernos provinciales implementan. El gobierno es partidario indudablemente de la segunda alternativa.

Si bien ambas visiones son incompatibles, hay algo que une a la dos: la idea de la responsabilidad individual. Para hacer uso de la libertad, se requiere el ejercicio de la responsabilidad. Para asegurar la vida, también. Pero la búsqueda de la responsabilidad, que también es social, es un tema completamente inexplorado y descuidado en la Argentina.

En mi opinión, la Argentina tiene una pobre visión de sí. Esta percepción puede o no estar justificada. Pero es la causa de que el concepto de responsabilidad individual pase por momentos desapercibido. Este tipo de responsabilidad la ejerce cada individuo según lo que dicte su propia razón y conciencia, independientemente de las circunstancias y de terceros. De forma independiente al gobierno y al Estado.

Sugiero que los argentinos no confiamos lo suficiente en nosotros mismos. La confianza interpersonal en nuestra sociedad es baja. En consecuencia, el concepto de responsabilidad se desvanece y el Estado releva sistemáticamente al ciudadano en la tarea de asegurar el cumplimiento de las normas. Repito: el Estado releva al ciudadano en el cumplimiento de las normas.

Este problema de la confianza ha sido abordado por muchos sociólogos en el pasado. Uno de los dramas argentinos ha sido siempre el bajo apego a las normas (**). La idea del “sálvese quien pueda” está siempre presente y persiste en el imaginario nacional a pesar del paso de los años. Triunfa en detrimento de un proyecto social y colectivo y resiente la responsabilidad individual hasta niveles insospechados.

A veces parecería ser que la mejor manera de progresar es pasando por alto las normas. Pero algo que a nosotros nos parece normal, es extraño en otros lados. Muy cerca geográficamente, pero muy lejos culturalmente, se encuentra Uruguay. Uruguay ha optado por una solución diferente al problema de la pandemia. Este país ha evitado imponer reglas obligatorias de cumplimiento a sus ciudadanos. En su lugar, ha hecho de la responsabilidad individual una bandera.

Lejos de las cuarentenas obligatorias impuestas por los países de América Latina, el gobierno de Uruguay ha dispuesto un confinamiento voluntario, demostrando así su predisposición a confiar en sus ciudadanos. Los ciudadanos uruguayos han sido valorados como personas adultas capaces de hacerse cargo de sus propias decisiones, con la esperanza y la fe de obtener de sí mismos un alto acatamiento.

Los resultados de apostar a la responsabilidad individual han sido un éxito. Este país ha sido con Argentina un caso de éxito en América Latina. Pero la diferencia estriba en los efectos colaterales que ambos países deben ahora enfrentar.

Como ha sugerido recientemente el neurocientífico argentino Facundo Manes, las cuarentenas prolongadas tienen efectos durables en la salud mental (***). Desde el punto de vista económico, los comercios que cierran no vuelven normalmente a abrir y la gente ahora desempleada no encuentra fácilmente trabajo en el futuro.

Es necesario que los argentinos reveamos el tema de la responsabilidad individual. La percepción negativa de la responsabilidad en una sociedad repercute no solamente en el bienestar del conjunto, sino también en el personal, desde el momento en que el gobierno avanza sobre las libertades individuales ante la percepción (errada o acertada) de un bajo cumplimiento de las normas sociales por parte de sus ciudadanos. El beneficio de acatar las normas básicas es mayor bienestar y libertad. Al fin y al cabo, las dos claves para una vida más feliz (****).

https://www.cronista.com/economiapolitica/Encuesta-cae-la-imagen-del-Gobierno-por-la-cuarentena-y-el60-afirma-que-su-situacion-economica-empeoro-20200715-0024.html

**La baja confianza interpersonal tiene lugar entre los ciudadanos y entre los gobiernos y ciudadanos. Hay ejemplos recientes de bajo acatamiento de las normas, como la falta de cumplimiento de la cuarentena luego de los primeros meses de confinamiento y la falta de distanciamiento social. En el transporte público, la falta de distanciamiento social ha sido alarmante. El elevado cumplimiento de la cuarentena los dos o tres primeros meses y el uso de barbijos o tapabocas podrían ser ejemplos de alto acatamiento

*** https://www.clarin.com/sociedad/herramientas-doctor-cerebro-sobrevivir-cuarentena_0_qUGCISpUg.html . Para sustentar la afirmación, Manes pone como ejemplo las cuarentenas aplicadas en el sudeste asiático en los años 2000. Esas cuarentenas duraron, por lo general, mucho menos que las actuales. Por otra parte, hay sobrados estudios científicos que prueban el efecto adverso que las cuarentenas tienen sobre la salud mental. Esos efectos negativos persisten luego del retorno a la normalidad****La conclusión de este artículo no apunta a que la responsabilidad individual entre los argentinos sea baja. Solo afirma que la percepción de su grado de responsabilidad es baja

Blog del autor

Franco Frigidi
Licenciado en Ciencia Política (UBA)

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