La tentación de lo criptoprohibido: Un paso a la expulsión del paraíso virtual

El fruto de lo prohibido es un término bien conocido bíblico, que nos habla de un fruto que crece en el Jardín del Edén, y Dios ordena a la humanidad que no lo coma. En una correlación con nuestros días de agitación financiera, existe un fruto prohibido cultivado desde el mundo digital que incomoda al sistema económico mundial, a tal punto que los Gobiernos nos piden y hasta intiman a no probarlo: Se llama criptomoneda!

Recientemente nos enteramos de la noticia respecto al Banco Central de Turquía, el cual acaba de prohibir los pagos directos e indirectos con criptomonedas y criptoactivos, en una más que sugestiva posición sobre el mercado de las monedas virtuales.

El Banco Central añadió que los activos digitales «no estaban sujetos a ninguna regulación ni a mecanismos de supervisión de ninguna autoridad regulatoria central«, entre otros riesgos mencionados. Pues gran novedad han descubierto, ya que es harto sabido que una de las principales características de bitcoin es la descentralización, que implica que ningún organismo central intervenga en sus transacciones.

La decisión no fue gratuita, ya que implicó que la criptomoneda más popular del mundo llegue a caer hasta un 45% después de conocerse su veto. No obstante ello, la moneda digital volvía a subir poco después, tal como si nada hubiese pasado o poco importara al mundo cripto dicha decisión. Eso sí, Turquía estornudaba, y el mundo volvía a engriparse. Pero dicha medida, lejos de significar un mejor y mayor control sobre el mundo cripto y sus supuestas maniobras poco santas en el mundo de lo ilegal, significarían un estancamiento del país en el mundo cripto. Para tener una idea de la magnitud de lo que les hablo, en el último tiempo la remontada global del bitcoin para protegerse de la devaluación de la lira turca y una inflación que alcanzó el 16% sólo en marzo, muestran que no se trata sólo de un fenómeno pasajero. Es mucho más que eso, ya que muchos empiezan a verlo como una verdadera reserva de valor.

De hecho, el mismo Banco Central turco había anunciado a finales de 2020 la posibilidad de crear una criptomoneda nacional. Más aún, en las últimas semanas Royal Motors, que distribuye autos Rolls Royce y Lotus en Turquía, se convirtió en el primero en el país en aceptar pagos en criptomonedas.

Recordemos que recientemente el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan despidió a Naci Agbal quien en noviembre asumía el cargo al ser nombrado como la clave para combatir una tasa de inflación superior al 15%. La destitución causó enorme conmoción entre inversionistas locales y extranjeros que habían elogiado la política monetaria del Banco Central de esa Nación.

La lira se desplomó en parte por la preocupación de que el nuevo jefe del Banco Central pudiera aplicar controles de capital para así frenar la elevada tasa de inflación del país.

Pero lejos de lograr apaciguar la sed de adquirir bitcoins por parte del público, más bien logró todo lo contrario: Impulsaron el número de búsquedas en Google relacionadas con bitcoin sólo en Turquía, las cuales se multiplicaron por cinco en cuestión de horas. En los últimos años, la lira turca se ha depreciado en más del 50%. Como resultado, cada vez más ciudadanos están prestando atención a bitcoin por su emisión limitada y deflacionaria. Esto claramente implica una afrenta a los activos tradicionales que han resultado como refugio de volatilidad tales como el oro y el dólar históricamente. La existencia de un activo digital librado a las fluctuaciones de la oferta y la demanda puso también en jaque a los gobiernos, porque apareció un contendiente que les disputa el monopolio y su poder de concentrar en los bancos centrales la emisión monetaria. Los criptoactivos suponen la privatización de la moneda y la aparición de un sistema financiero paralelo que no reconoce autoridad regulatoria. Finalmente se encontró un área, una situación donde el Estado no puede avanzar. Y no sólo los Gobiernos o los Bancos Centrales, el sistema financiero entero desea que las monedas digitales paguen por semejante infamia! Cuando se creó el bitcoin fue hecho de tal manera que quien quisiera intervenir su programa monetario de circulación de dinero no lo pueda hacer. Hemos llegado a un punto en la evolución financiera donde ni siquiera hacen falta ya los bancos para poner en funcionamiento los mecanismos de intercambio monetario y cómo dejamos de considerarlos dependientes de un Banco Central que regula un sistema nacional de pagos. Es una revolución que tiene un contenido ideológico y que conlleva un espíritu fuerte de libertad. Implica la creación de un sistema monetario paralelo y los derivados que surgieron con otras criptomonedas y tokens que representan hasta capital accionar. Se están levantando capitales en todo el mundo a través de suscripciones que pagan con bitcoins. Hay empresas que se forman o que levantan capital sin pasar por los procesos tradicionales; porque operan a través del Blockchain.

Bitcoin es un sistema de confianza donde no hay nada detrás (nada muy distinto al dinero fiduciario que movemos diariamente), es un registro digital limitado de 18,6 millones de unidades circulantes y divisibles y esa escasez hizo que fuera valorado de la manera que lo fue. También es una realidad que no todos los países del mundo tienen tan baja receptividad al bitcoin. De hecho y como un dato de color hasta si se quiere, diversos países de la exUnión Soviética paradójicamente como Estonia o Letonia, incluso Polonia se muestran amigables a las criptomonedas. Podemos seguir incluso con dos economías tan antagónicas como Estados Unidos o China entre estas filas.

Pero no todos son flores para bitcoin: En los últimos cuatro encuentros del foro internacional del G20, se reservaron apartados para discutir las criptomonedas. El GAFI, que lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo reforzó sus sugerencias a los países llamándolos a tener una postura más rigurosa sobre las transacciones. En igual sentido se expresó Christine Lagarde, presidente del Banco Central de Europa y extitular del Fondo Monetario Internacional, al calificarlas de «especulativas» y solicitar una mayor regulación.

Queda claro en este contexto, que bitcoin y todo el mundo cripto son el llamamiento a romper con viejos estándares de la economía mundial que se daban por establecidos y asentados. Pero los tiempos cambiaron y existe una nueva realidad mundial. Y eso el sistema lo sabe, y le preocupa!

Olga Mariela Januszewski

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