La verdadera vacuna que necesita la Argentina

Con casi 44.000 muertes por COVID, 40% de pobreza, inseguridad y problemas de sobra, la Argentina debe encontrar la vacuna correcta lo más rápido posible para salir de su estado crítico”.

Sin lugar a dudas, el 2020 nos va a dejar muchas enseñanzas. Fue un año donde transitamos un momento excepcional sin precedentes, teniéndonos que adaptar a un contexto inesperado. Particularmente en nuestro país, la crisis del coronavirus destapó una realidad trágica, fruto de malas gestiones llevadas a cabo por los distintos gobiernos año tras año. Observamos el resultado de políticas públicas ineficientes y de planes económicos fallidos. Durante la pandemia, vivimos y sufrimos la decadencia de la República Argentina.

A menos de tres meses de la asunción del nuevo gobierno, el monstruo asiático tocaba nuestras costas. El ministro de salud, Ginés González García anunciaba el 3 de marzo el primer caso de coronavirus en el país. De ahí en adelante, es de sumo interés analizar todo el comportamiento gubernamental llevado a cabo hasta el día de hoy mientras se “intentaba” combatir el virus.

El primer síntoma que se presentó, pasó casi desapercibido. El DNU emitido el 20 de Marzo estableciendo el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio no tenía integridad jurídica suficiente. El Art. 99 inc. 3 de la Constitución Nacional le permite al presidente en casos de extrema necesidad y cuando el Congreso no se pueda reunir, emitir DNUs siempre y cuando no legislen en materia penal, entre otras cosas. El presidente mismo se refirió reiteradas veces a las consecuencias penales sobre el incumplimiento de la cuarentena. ¿Quizá el presidente se olvidó de la Ley Suprema?

Por otra parte, hay una facultad del Poder Ejecutivo usualmente confundida con los DNU, que son los decretos reglamentarios emanados del Art. 99 inc. 2 de la Constitución Nacional. En ellos, el Congreso sanciona una ley y el Poder Ejecutivo reglamenta los pormenores y detalles. Así está sancionada por ejemplo nuestra ley de estupefacientes o de trata de personas. Todos entendemos el carácter extraordinario que generó la pandemia. Gran parte de los juristas entienden que el decreto 297/2020 sancionado en marzo, entra bajo los parámetros de “necesidad y urgencia” ya que la situación necesitaba una respuesta rápida en un contexto donde el tiempo era fundamental. Sin embargo, los decretos se fueron extendiendo quincena tras quincena, mes tras mes hasta llegar al 9 de noviembre. ¿Acaso no se pudo juntar el Congreso durante 7 meses para legislar debidamente la cuarentena? ¿Realmente el presidente se encontró en un estado de urgencia durante 234 días? No sé ustedes, pero yo vi al presidente almorzando con Hugo Moyano en agosto, lo vi recorriendo el país haciendo campaña sacándose fotos sin distanciamiento. Tal vez si optaba por la vía del Congreso, estaba obligado a consensuar con la oposición, algo que normalmente no estamos acostumbrados en la Argentina. Sin embargo, ¿Qué le costaba a Alberto Fernández pedirle al Congreso que le sancione una ley para reglamentar y así mantener la integridad institucional?

Pensemos para bien. Posiblemente el Congreso no estaba funcionando. Pero memorizando me doy cuenta que ese mismo Congreso sesionó virtualmente durante casi un año con el irrazonable argumento de la pandemia. Como dijo en una de las sesiones el Diputado Luis Petri; “Si pueden estar los médicos, los enfermeros, los camioneros, cajeros en los supermercados, los policías, los gastronómicos, cuánto más nosotros que somos los representantes del pueblo que tenemos que venir a dar la cara. No podemos sesionar detrás de un monitor”. Parece absurdo; los heroicos Diputados y Senadores que no se daban el lujo de acercarse al recinto que representa la democracia argentina, los contaban como presentes mientras que a los inconscientes que tenían el descaro de ir de manera presencial, los tomaban ausentes. Además, tuvimos el lujo de ver como el diputado Ameri le enseñaba a la Honorable Cámara, el aprecio y el amor que tenía por su pareja, contribuyendo así al debate del cambio de mecanismo de financiamiento del pago a los jubilados. Tal vez, la Cámara Baja tenía cosas más urgentes que llevar a cabo como la compra de 200 mates a $544.000 pesos.

Esta pandemia nos dejó mucho que aprender. Nos mostró que un Ministro de Economía puede “sarasear” para convencer a un país que están haciendo las cosas debidamente. Es un arma increíble porque pareciera que elimina las presiones cambiarias, la inflación que promete acelerarse al 50%, el alto déficit fiscal, el PBI en la mayor caída de la historia, entre muchos otros índices. Lo mejor de todo, es que la “sarasa” le permite a Guzmán tener un 40% de imagen positiva. En Washington, el presidente Trump está desesperado por adquirir esta herramienta.

También esta crisis sanitaria nos enseñó cómo hay que mantener la rectitud con respecto al personal de salud. No me refiero al nefasto sueldo que reciben ni a la mentira de los bonos que nunca se cobraron. Me refiero a como Mario Ishii le mostró al país entero que si sus empleados de salud venden “falopa” en ambulancias, él tiene que salir a cubrirlos. Seguramente tenemos ambulancias de sobra y por eso algunos salen a delinquir. Comprendimos que el gobernador de la provincia de Buenos Aires estaba de acuerdo ya que la renuncia a Ishii, nunca llegó.

Los niños y jóvenes argentinos no recibieron educación en las escuelas durante todo el año, pero el país no dejó ese bache libre y se puso en protagonista. Le enseñamos a los chicos que tomar tierras no es un delito. Es más, el estado te subsidia con $50.000 durante tres meses. Chicos, el sueldo mínimo es de $20.000, tomen tierras y les va a ir mejor en la vida.

También le enseñamos a los estudiantes de Derecho que el funcionamiento de la justicia no es importante. No hace falta que los Tribunales se desempeñen ya que son una piedra en el zapato llamada “lawfare” para el “gobierno del pueblo”. Posiblemente no sea tan terrible, ya que cuando funcionan, para no enfrentarse al poder de turno, destruyen precedentes, violan garantías constitucionales y pueden decir barbaridades como que todos los traslados de jueces no son definitivos sino provisorios.

El COVID-19 dejó muchos seres queridos en el camino. Ninguno de ellos pudo tener una digna despedida. Ni los 44.000 fallecidos por coronavirus, ni las muertes, como solemos llamarlas, “naturales”. Sin embargo, el Gobierno nos dejó despedirnos de la leyenda más grande de todos los tiempos. Después de encerrar al país durante 7 meses, después de forzar al quiebre de millones de comercios, después de perjudicar a los 48 millones de argentinos con sus ineficaces políticas públicas, nos permitieron velar a Diego Maradona. Un velorio de 1 millón y medio de personas en la Casa Rosada. No había protocolo posible. Todo el verso de la cuarentena, todo el verso de la elección de salud se les terminó por morir. El país había perdido al mejor jugador de todos los tiempos; el gobierno acababa de perder la poca autoridad moral que les quedaba. Descontrol y barbarie. ¿Cómo le explica el presidente esas imágenes de salvajismo a una persona que perdió el trabajo? ¿Cómo comprende una persona que perdió su casa que el presidente cedió la Casa Rosada para un velorio nacional? ¿Cómo se atreve el presidente a volver a encerrar a la población después de la atrocidad que llevó adelante?

Ahora lo quieren volver a hacer. Van por la revancha. Utilizan el término “toque de queda”. No me sorprende que por la alta ignorancia que manejan, el día que abran la Constitución Nacional, se darán cuenta que esa herramienta no esta reconocida en nuestro ordenamiento jurídico. Pretenden encerrar a la población de vuelta para no tener que lidiar con la situación. Restringen libertades para compensar los errores que cometen día a día. Violan derechos para poder mantenerse en el poder. Todas características de gobiernos autoritarios y dictadores. Que se la banquen; o declaran el Estado de Sitio o empiezan a respetar los derechos de los argentinos.

Lo que nos falta a los argentinos es veneración e integridad en nuestras instituciones. Necesitamos fortalecer nuestro Poder Judicial. Tenemos que trabajar para devolverle la integridad a las Cámaras de Diputados y de Senadores. Debemos empezar a quitar el hiperpresidencialismo para poder volver a las bases republicanas. Si las instituciones se pisotean, la ley no tiene valor alguno y no tenemos justicia, nuestra democracia corre peligro. El coronavirus nos presentó la fragilidad de nuestro Poder Legislativo y Judicial frente al Ejecutivo. Debemos entender que las instituciones son mayores que los apellidos de los políticos atemporales. Las instituciones son las que deben garantizar nuestros derechos, no los políticos. Esta enfermedad atrasa nuestro desarrollo social, nuestra prosperidad económica, nuestra seguridad a la propiedad privada. Debemos empezar a combatir al verdadero virus que ataca a la Argentina desde hace décadas. No necesitamos la “Sputnik” ni la “Pfizer”. La verdadera vacuna que necesita la República Argentina es la institucionalidad.

Ilan Soae

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