Leandro, levántate y habla

El periodista Luis Gasulla entrevistó a Leandro Báez, para su espacio PeriodismoyPunto. Entre líneas, es factible leer algunas respuestas acerca de las vivencias de los «hijos del poder». En este caso, se trata del menor de los hijos de Lázaro Báez, quien desde su adolescencia experimentó en carne propia el enriquecimiento ilícito como si fuese un sueño, desde los modestos orígenes de su familia al lujo y los excesos sin límite alguno.

Decime qué se siente

El periodista interroga a Leandro y él responde como si fuese un ciudadano común, sin bienes malhabidos y una mirada nostálgica del pasado, no exenta de clichés. «Soy un chico de barrio. Hace unos días miré fotos de chico y encontré amistades del barrio y recordé muchas cosas», cuenta.

El hijo de uno de los más famosos detenidos, que colecciona estancias como quien junta medias agujereadas en un cajón del ropero, añora: «Antes cortábamos la calle para jugar a la pelota«, dejando de lado toda relación con su conflictiva actualidad, que Gasulla irá desgranando a lo largo de la charla.

El joven recuerda viejas épocas… «la bicicleta, pelota y patineta. Era lo que teníamos y la Nintendo64, mi hermano tuvo el Sega. Pero era otra vida. Me acuerdo mi vieja ventilando la casa con la puerta abierta. No había inseguridad acá», describe su propio paraíso de la infancia.

Prosiguen los lugares comunes del entrevistado, esta vez respecto de su apellido. «Siempre hablo de los amigos del campeón. Cuando estaba todo bien, eran todos elogios. Pero hay algo que rescato de la familia en sí, siempre que pudimos ayudar, ayudamos. Nació y se crió acá y trató de hacerlo. Digo que venís sin nada y te vas sin nada. Hoy la situación cambió y cuando necesitás una mano laboral… hoy tener un Báez en la planilla de empleados, no lo quiere nadie». Indigna leerlo, más allá del mérito del entrevistador, la chicana del entrevistado que se finge una persona común, un laburante.

La sensación natural del lector, a todas luces, es cierto prurito ante la desfachatez de Leandro, pero es interesante tratar de superarlo para indagar por qué se muestra de esta manera. Al referirse a su padre, en toda ocasión dice su nombre, no menciona la relación de paternidad que es natural en cualquier «familia muy normal».

El entrevistador va de lleno al momento de la detención de Lázaro, preguntando a Leandro si lo esperaba.

-Yo no. Lázaro sí lo sabía, creía que podía pasar.

-¿Por qué? ¿Por el video de “La Rosadita”?

-No, porque Lázaro no sale en el video. El más complicado era Martín. Sabiendo como es Lázaro, él iba a poner el pecho por Martín pero bueno, después, me he llevado grandes decepciones.

La Biblia y el calefón

«En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas verdes y los dientes de los hijos se caen, sino que cada cual morirá por su propia maldad» (libro de Jeremías, la Biblia).

Los hijos de Báez están en una situación delicada, tirante, entre una lealtad familiar similar a la omertá que practica su padre y la clara conciencia del impresionante aluvión de dinero que naturalmente no se adquiere legalmente a tal velocidad, tanto como no se ganan las licitaciones con una empresa recién creada por un cajero de banco, ni se siguen ganando con obras sin terminar y otras, lisa y llanamente sin realizar.

Indagado acerca de su trabajo en Austral Construcciones, describe que «Lázaro (…) estaba en todo. Todo pasaba por Lázaro. No es que me quiera sacar la mochila de responsabilidad, pero era así. El que lo conoce lo sabe».

Duelen los dientes, cuando papá come frutos verdes. Interesante perspectiva de un hijo del poder, como tantos otros… nos lleva a preguntarnos dónde está el límite cuando ante tus ojos el delito, la prisión, el desfile de tribunales y abogados transforman tu parque de diversiones de millonario repentino, en una pesadilla…

Luis pregunta: Tu padre era el cráneo más grande del Banco pero ¿Cómo se quedó con toda la obra pública del sur?

«El fiscal, desde que empezó el juicio, se basaba en la relación de Lázaro con el matrimonio presidencial, que siempre la admitió Lázaro. Siempre se basó en eso pero, en el alegato, no escuché ni una palabra sobre eso ni el delito precedente. No se tocó nada de eso y se basó en una causa de facturas truchas de Bahía Blanca», responde a medias Leandro, con certera astucia para eludir el delito, transformarlo en un mero acomodo, amiguismo.

Entonces el lector, el contribuyente que dejó de irse de vacaciones, de cambiar el auto para que la familia Báez coleccionara una treintena de estancias, autos, aviones, groseras pilas de billetes verdes en La Rosadita… se pregunta dónde se perdió la decencia, la vergüenza para volver a votar al partido que consagró la impunidad y amamantó a los hijos del poder…

En esta primera parte de la entrevista, llega la pregunta clave:

-¿Tenés miedo de ir preso?

-Hace cuatro años que vengo pensando esa posibilidad.

-¿En qué te cambia la vida pensar eso? ¿Disfrutás más o estas nervioso?

-Hay días. Malos y buenos. Hay días que ves a tus hijos y no querés que se pase más el día. O ir a tomar mate con mi vieja. Pero me considero una persona que no soy parte de una banda, no nací en eso. Tenía 13 años cuando se creó Austral. No nací sabiendo lo que era una empresa. Cuando me mostraron, en la indagatoria, si era mi firma: “Sí, le digo, es mi pasaporte, lo entregué con la confianza que se le tiene a un padre”.

-¿Alguna vez se lo recriminaste?

«Obvio que sí», cede para refutar: «Pero lo que le recrimino es la gente con la que él se rodeó. Te puedo asegurar que hay muchos que son críticos de nosotros y tienen cuentas no declaradas en el exterior. (…) Cuando pasa lo que pasa con Lázaro, (…) Eso me da bronca. A la gente le importa si lavó o no dinero. Pero hay cosas personales que también pasaron en el medio. Eso también hay que contarlo».

La Rosada y La Rosadita

De nuevo Leandro toma una actitud totalmente desentendida respecto del enriquecimiento ilícito de su progenitor, a pesar de disfrutar de sus mieles. De alguna extraña y conveniente manera, lo disocia. Con la conciencia vacía y la billetera rebosante.

«Sinceramente, hay algo que no sabemos. Tanto ustedes como nosotros, su familia. No sabemos. No tengo relación y no lo hablo. No sé con qué especula» dice Leandro, impávido.

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Lázaro Baez y Alberto Fernández, quien negó conocerlo.

Qué sabor amargo… para los lectores. Mirando la valija vacía en la que tu hijo espera guardar algunas ilusiones para el exilio, mirando la heladera, la parrillita… mientras Leandro reconoce «Compartí tres o cuatro asados con Néstor. Y me acuerdo la famosa foto que salió con Alberto Fernández y Lázaro«.

-Pensar que Alberto, para mi libro me dijo que no lo había tratado a tu viejo… le recuerda Gasulla.

-(Risas) En la foto está en la casa de mi vieja. Me acuerdo porque fue el día que Menem se bajó del balotaje. Durante el 2003, estaba en educación física, me pasó a buscar Lázaro como nunca y me dice: “Se bajó Menem, me acompañás a verlo a Néstor?”. Justo estaba Alberto ahí y nos sacamos la famosa foto.

Y así termina la primera parte de esta entrevista de Luis Gasulla a Leandro Báez en Periodismo y Punto, con las risas ante la demostración de otra mentira del actual inquilino de la Rosada, las risas del hermano que la contaba por miles en La Rosadita.

Marcela Zadoff
Lic. en Letras Modernas de la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora. Editora. Experta en Comunicación Institucional

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