Libertad a cuentagotas

Existe una frase cliché y universalmente repetida a modo de consuelo para quienes suelen transitan el agrio proceso del desamor o son sujetos de algún rechazo injustificado. “Cuando no te tenga, te va a querer”, sentencia ésta vieja frase, cuyo origen desconocemos pero aún así suele ser el remate perfecto en alguna charla de índole personal. Sabernos más valiosos y especiales de lo que el otro logra percibir, es lo que alimenta esa expectativa de creer que volveremos a ser buscados y re considerados.

Si nos ponemos por un momento a re pensar aquella vieja frase, es posible darnos cuenta que la misma puede aplicarse a toda tipo de circunstancias y ámbitos. Mientras gran parte del año 2020 parece definirse por la pandemia del COVID19, éste escenario trajo consigo un combo de factores que fueron alterando de manera indefinida la vida de los ciudadanos del mundo.

En Argentina, el Presidente Fernández nos llevó hacia nuestro 3er mes consecutivo de cuarentena en los pasados días, y en el transcurso, ha ido perdiendo notablemente sentido de la institucionalidad y ha aplicado una suerte de tremendismo a sus recientes decisiones políticas. Amenazar a la población con llevarla nuevamente a la fase 1 del aislamiento, el proyecto de expropiación de Vicentin o ningunear a una periodista en un programa en vivo, son apenas la punta de la lanza que empuña Alberto en su conducción errática de la situación.

Ahora, se estará preguntando el lector desde su intimidad ¿Qué tiene que ver aquello con la frase disparadora de éste artículo? La respuesta yace en el hecho de todo lo que se ha perdido o se nos ha negado en orden de preservar la salud de la población -como si fuera que salud/economía, salud/libertad son dicotomías irreconciliables-. Estamos atravesando una crisis sanitaria que se alimenta de la incertidumbre general que prevalece en todo el mundo y no es algo superfluo de resaltar, aunque luego de 100 días de aislamiento impuesto y pasivo, es necesario reflexionar y preguntarnos ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a ceder? ¿Por qué debemos llegar al extremo de que nos arrebaten los derechos más esenciales para revalorizar la libertad como concepto y ethos?

Nos quitaron el derecho a circular, el de reunirnos con nuestro seres queridos, nos prohibieron abrir nuestros bares y restaurantes, y hasta nos incentivaron a delatarnos entre ciudadanos si alguno llegaba al punto del hartazgo y decidía retomar su actividad comercial o cuentapropista y hasta nos impusieron hasta un horario para hacer actividad física. Permitieron la liberación de cientos de presos, mientras que a nosotros nos aplicaron un cronograma de salida de acuerdo al número de identificación. Y ahora, que los límites parecen una virtualidad o no son más que los ellos mismos estén dispuestos autoaplicarse, es cuando caemos en ésa realidad en que la libertad se nos retribuye a cuentagotas y de acuerdo a intereses que lejos están de nuestra mismidad.

El rodear la tv atentos para saber cuál será la próxima restricción que el gobierno nacional decrete, ó la nueva posibilidad que nos concedan, es la prueba irrebatible de que tuvimos que ser desposeídos de nuestro libre albedrío, para re significarlo y entender por fin, que el mismo, es un bien siempre en disputa. Autoritarismo y pandemia se entrelazan y sellan un pacto implícito, que amenaza no sólo a las instituciones republicanas o la economía futura, sino que también sofoca a la ciudadanía y toda iniciativa que intente erigirse como un contrapeso.

El “Quedate en casa” inicial, que sirvió de mantra para instar a la población a no circulan por las calles y que fue reproducido incalculablemente por dirigentes y medios de comunicación, hoy se disipa y pierde fuerza ante una sociedad saturada de encierro y kirchnerismo explícito. Sin embargo, el Presidente no logra hacer otra lectura de aquello y minimiza las acciones emprendidas por algunos sectores sociales, que ante su perspectiva no implican más que un puñado de personas “confundidas”.

La multiplicación del número de infectados diario, aún pese a la larga lista de prohibiciones, nos ofrece una segunda lectura sobre el “gobierno de científicos” tan aclamado por Fernández: el kirchnerismo puede mutar de rostros y discursos, pero su núcleo combativo, soberbio y altamente reactivo permanece inalterable. La sorpresa, al final, termina siendo otra: la de los miles de argentinos que cayeron en cuenta de que la libertad es invaluable y no estamos dispuestos a perderla otra vez, para apreciarla y dar batalla por ella. Téngase presente.

Agustina Sosa
Coordinadora Ladies of Liberty Alliance en Argentina

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