Lo que heredamos de Francia

Libertad, Igualdad y Fraternidad, ese tridente que muchas veces damos por sentado en la existencia moderna. Aquella herencia que los franceses se encargaron de subir al ring de la discusión política occidental moderna, inspirados en esas ideas locas de la Constitución de Filadelfia (EE.UU.). Aquella chispa con la que un grupo de independentistas del nuevo mundo nos adelantaba la pandemia que vendría. Ese virus político que se esparció por el mundo latino, haciendo brotar una fiebre constitucionalista en cada nación americana que logró erigirse en el mundo post colonial.

Cuando la Revolución Francesa comenzó a autopercibirse revolución, el mundo conoció la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (año 1789): un manojo de artículos que surgieron como brotes verdes de un fértil mensaje con el cual el pueblo galo le avisaba a Luis XVI, su rey, que hasta ese momento todo iba bien, hasta que pasaron cosas. Que a partir de ahora el poder no venía de Dios y que él ya no gobernaba por gracia divina.

Nunca más el mundo volvería ser igual. Y a excepción de algunos tristes procesos de reorganización latinoamericanos, la libertad, la igualdad y la fraternidad, serían siempre en espíritu la razón de sentir de cada sistema político donde el Estado de Derecho occidental se sostuvo.

Sin embargo, este poema idílico que los europeos nos mandaron fue discutido por
muchos. Es discutido por muchos. Todavía quedan carasucias dispuestos a manchar la
pelota. Usurpadores de la palabra revolución.

Pero hoy, después de cierta estabilidad democrática y confiando en que hemos superado
el ciclo básico de las luces, los argentinos podemos aventurarnos a enfrentarnos a aquello
que los franceses nos quedaron debiendo. Tal vez sea tiempo de apuntar los reflectores al
lugar correcto y no dejarse encandilar por la apremiante coyuntura.

Desde donde yo lo veo, la grieta que surca a las provincias unidas del sud no es más
que el proceso que busca, en el fondo, la respuesta que los francos nos deben: ¿Cuánta
libertad sin perder la igualdad? ¿Cuánta igualdad, sin perder la libertad? ¿Igualdad o
libertad?

Es que todos están de acuerdo en la fraternidad: quién se opondría a esta altura de la
historia a aquel sentimiento de mutualidad y colaboración entre hermanos. Incluso algún
viejo griego explicó, dos milenios antes que los franceses, que el hombre ha nacido para vivir en comunidad. Que no es más que un animal político (social). Y que su mejor versión
está en el conjunto y para que éste conjunto exista, debe haber fraternidad.

Pero con la libertad y la igualdad pasa algo que con la fraternidad no. Uno puede ser
extremadamente fraternal y no por esto atentará contra la libertad o la igualdad. Por el
contrario con las otras dos hay que medirse.

No se puede justificar la libertad cómo un fin absoluto – ¿o sí?-, porque se acabará
legitimando a aquellas posiciones dominantes que terminen por aprovechar su ventaja
para perpetuar y acentuar su supremacía. Pero tampoco parece justo recortar
desmesuradamente la libertad para garantizar la igualdad entre individuos que, por más
esfuerzo que el falso progresismo haga, no lo son.

John Rawls, un filósofo norteamericano moderno, se propuso hace unos años crear una
teoría que explique de la forma más elemental posible a la idea de justicia. Aquella justicia
como ideal social sobre el cual sentaríamos las bases de una civilización mejor. Y
casualmente para fortuna de nuestro dilema, Rawls culminó su razonamiento con dos
principios que se encargó de desmenuzar: la libertad y la igualdad.

Spoiler alert: para Rawls, la libertad tiene primacía sobre la igualdad. Él explicó, después
de diagramar una hipotética situación por la cual se llegaría a estos dos puntales y a todas
las conclusiones siguientes, que cierto nivel de desigualdad es tolerable (y hasta justo) en
pos de la libertad.

Él sostiene que la igualdad debe ser entendida, no como igualdad de resultados, sino
como igualdad de oportunidades. Y que ésta igualdad de oportunidades en un marco de
libertad, supondrá ciertas diferencias finales de resultados entre los individuos, conforme
a sus aptitudes, empeño y demás circunstancias.

Tranquilo, si te lo explican con fútbol, lo entendés. Vamos a un ejemplo: Supongamos que
somos directores técnicos de un equipo y queremos ser ‘’justos‘’ con nuestros delanteros.
Por ahora no nos importa ganar o perder, tampoco mejorar como equipo. Simplemente
queremos ser justos. ¿Qué haríamos entonces en el sistema de Rawls? No podríamos
garantizar a cada jugador hacer al final del torneo la misma cantidad de goles, sino que
garantizaríamos que jueguen la misma cantidad de minutos cada uno de ellos.

De esta forma, daríamos iguales oportunidades a todos de convertir, pero seguramente al
final de la cuenta, habría diferencia en el score de uno y otro, por sus habilidades
personales o incluso por mero azar. Pero cuidado. No hay que confundirse. Una persona
que nace en la pobreza y que no accede a una educación digna, no está teniendo igualdad de oportunidades que el resto. Igualdad de oportunidades supone nivelar para que todos
estén en cierto punto primitivo del trayecto, a la misma distancia de la meta.

Incluso Rawls va más allá y dice que si nos empecinamos en forzar que todos los jugadores
tengan el mismo score, acabaremos desmotivando a los talentosos. Lo que provocará una
nivelación hacia abajo, perjudicando incluso a aquellos que hacían menos goles, visto que
ya el equipo al que pertenecen marca menos goles.

En otras palabras, Rawls sostiene que los desfavorecidos de los sistemas que garantizan
resultados (o que al menos dicen hacerlo) son más pobres que aquellos menos
favorecidos en los sistemas que priorizan la libertad y sólo se limitan a ofrecer igualdad de
oportunidades. Ya que, de esos avances que generan los talentosos, tarde o temprano se
beneficia todo el conjunto.

El desafío cultural de estos tiempos será entonces, entender que se debe combatir la
desigualdad sin perder nunca la libertad.

Martín Cimino
Abogado y Periodista. Nacido en Moreno (GBA Oeste). Estudió y trabajó en diferentes medios gráficos y audiovisuales. Dueño y fundador de varios emprendimientos comerciales. Actualmente forma parte del Poder Judicial de la Provincia de Bs As.

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