Los líderes en tiempos de pandemia

En tiempos de pandemia, uno espera que los gobernantes muestren profesionalidad, liderazgo y seriedad.

No es tiempo de campañas políticas, ni proselitismo. No es tiempo de poner cara de Coronavirus tampoco.

En toda la previa de las elecciones, Alberto Fernández, dijo que había que unirnos, y que él era el indicado para lograrlo.

Sin embargo, desde que asumió, no ha hecho más que dividir. Lo malo, es que todo su equipo, y deberíamos incluir también al de la provincia de Buenos Aires, con el gobernador a la cabeza, han tenido la misma actitud.

Cuando hablo de profesionalidad, no me refiero a tener un “gobierno de científicos”. Me refiero a poder dejar las diferencias de lado, y convocar a los representantes de todos los partidos políticos, y poder hacer un plan juntos, para beneficio de todos.

Me refiero a juntar a los gabinetes nacionales y provinciales, y marcar un plan de acción bien definido, para cuidar a todos los argentinos por igual.

Me refiero a mantener una democracia verdadera, mostrando que los 3 poderes trabajan de manera independiente.

Profesional, es tener la convicción y fe que las medidas que uno planea, si son transparentes, serán aprobadas por todo el espectro político (como en todo país serio), sin necesidad de gobernar a puro DNU.

Un presidente fuerte, no es el que aparece en la tapa de revistas vestido de Superman, ni uno que necesita resultados de encuestas diarias sobre su imagen, ni tampoco el que precisa que la ciudad se empapele con posters agradeciéndole.

Por el contrario, un presidente fuerte o un líder, es el que consulta, el que admite no tener todas las respuestas, pero se asesora con expertos de verdad, aunque sean de otra ideología, y además les da lugar y reconocimiento.

Un líder, no quiere ser venerado, quiere ser seguido. ¿Cómo espera que alguien sacrifique algo que le costó tanto conseguir, si ni él, ni sus ministros, funcionarios, gobernadores, diputados, senadores, etc. están dispuestos a sacrificar algo ellos mismos?

“No podemos bajarnos los sueldos, porque vivimos de esto”, y yo me pregunto, ¿A los que les piden sacrificios, no viven de eso que le piden sacrificar?

Además, cuanto más se sacrifique la gente, menos ingresa en las arcas del estado, por lo que hay menos dinero para acciones de gobierno, por lo que, si los políticos no se bajan sus sueldos, el sacrificio del pueblo, es doble.

Un líder, no quiere ser comparado con nadie. Un líder, hace mucho y habla poco.

En la guerra, los que comandan sus tropas dicen “no se deja ningún soldado atrás”. Acá, se han dejado 20 mil soldados varados fuera del país.

Un líder de verdad, es humilde, y serio en su trabajo diario.

Esa seriedad, implica no perder tiempo chicaneando y ninguneando a la oposición.

Si un líder es profesional y serio, no quiere ni necesita una prensa alineada a cualquier precio.

Un líder serio se nutre de las opiniones de los ciudadanos en redes sociales. No tiene porque hacer lo que le piden en ellas, pero tampoco tiene porque descalificarlos como “macristas residuales” o “trolls de marquitos Peña”.

Un líder escucha, analiza y actúa

Incluso si la decisión fuese hacer proselitismo, equivocan el camino. Perjudicar a un colectivo, que en su mayoría no los votó, los aleja más aún.

“Los jubilados viven más y le cuesta mucho dinero al estado mantenerlos vivos”, dijo el presidente. “Cada vez trabaja y aporta menos gente”, agregó.

El pueblo, no necesita un líder que enumere problemas y tire titulares de diario. Un líder
profesional y serio, aporta soluciones. Por ejemplo, incentivar a los que no trabajan ni aportan, a
conseguir algo digno, que no sea una subvención de por vida.

Un líder profesional y serio, gana votos, haciendo de su país un lugar seguro, y con posibilidades de progreso individual y colectivo.

Un líder profesional y serio, no da cargos a sus amigos, si no que nombra a la persona más idónea para ejercerlo.

Para escribir la historia, no hace falta sangre, hacen falta, honestidad, voluntad y sacrificio.

Javier Pérez
Periodista argentino, de la camada del 89. Tengo 52 años.
Hoy día vivo y trabajo entre Argentina, España, Italia, Reino Unido.
Trabajo con la BBC, la Cadena Ser, la Rai, y escribo colaboraciones para Periodismo y Punto de Argentina.
Hago periodismo de opinión, análisis e investigación

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