Malvinas, la negociación: A 39 años de una guerra sangrienta

El 2 de abril de 1982 se llevó a cabo la “Operación Rosario” con la cual Argentina recuperó las Islas Malvinas, después de 149 años. 

Desde 1833, cuando Gran Bretaña declaró su soberanía sobre Puerto Luis, en la Isla Soledad, la República Argentina inició una serie de reclamos diplomáticos que se extendieron hasta 1982.

Haciendo un poco de historia…

El primer acontecimiento claro en lo que hace a la negociación de la soberanía de las Islas fue el 11 de junio de 1974, cuando la Embajada Británica en Buenos Aires presentó un escrito en el que se desarrollaban una serie de puntos para llevar adelante una administración compartida de las Islas. El presidente en ese entonces era el General Perón, quien vio con muy buenos ojos esa oportunidad y ordenó a la Cancillería preparar una respuesta de aceptación de la propuesta. Dicha negociación quedó totalmente archivada y en la nada con el fallecimiento, poco tiempo después, de Juan domingo Perón y por la poca capacidad de su esposa para llevar adelante tal empresa.

Durante los años en que gobernaron los militares se realizaron innumerables reuniones con Gran Bretaña, sin obtener ningún resultado y hasta estacando el proceso de diálogo. El 10 y 11 de julio de 1976 los gobiernos de ambas naciones se reunieron en París para sentar las bases del proceso de negociación. En febrero de 1977 Gran Bretaña envió un representante a Buenos Aires: Edward Rowell. El 15 de ese mes se estableció que las “conversaciones” tomaban el carácter de NEGOCIACIÓN, con el intercambio de embajadores.

Cabe destacar que el gobierno británico siempre tuvo en cuenta la opinión pública de los “kelpers” para poder negociar la soberanía de las Islas. Lo que no representa que sea prioridad en el gobierno inglés. El 13 de Julio de 1977 ambas delegaciones se reunieron en Roma, donde los representantes de la corona dejaron en claro: “Lo que es inaceptable para los habitantes de las islas no puede ser aceptable para el gobierno británico”. Esto se transformó en el primer condicionante para la negociación de la Soberanía.

En 1978, en medio del proceso negociador se obtuvo un entendimiento en la explotación petrolera y pesquera y en la cooperación científica, pero fue rechazado por los isleños. En 1979, llegó Margaret Thatcher al gobierno y envió un representante a Puerto Argentino para tratar de hacerle entender a sus habitantes sobre la importancia de la cooperación científica de Argentina, pero que el gobierno no tomaría una decisión sin el visto bueno de los malvinenses. En octubre de ese año, el representante británico en las Islas le envió un memorándum a la Primer Ministro donde le hizo saber que sería recomendable continuar las negociaciones diplomáticas con las siguientes tres opciones:

  • La Fortaleza Faklands.
  • Negociación sin concesión de Soberanía.
  • Negociaciones sustanciales respecto a la soberanía.

En este mismo memorándum también se hizo notar la probabilidad y la capacidad de una supuesta acción militar por Argentina.

En junio de 1980 el ministro de economía argentino, Martínez de Hoz, viajó a Londres para volver a conversar sobre los temas de pesca y explotación petrolera conjunta.

Pero en este momento apareció un factor no menor, que a mi entender va a influir en el futuro de las negociaciones, y es que el gobierno militar quería hablar de soberanía primero antes de cualquier acuerdo comercial conjunto. Cuando los militares se sentaban en la mesa de negociaciones lo primero que tocaban era el tema Soberanía y eso predisponía mal a los ingleses y se retiraban. El tema SOBERANIA era un factor en el que las negociaciones entre ambas naciones se estancaba y donde ninguna de las partes quería ceder.

La teoría de Martínez de Hoz era que las negociaciones debían iniciarse por tratados comerciales conjuntos para poder lograr un acercamiento y negociar desde otra posición. El ministro decía: “Entre tener el 50% a no tener nada, prefiero el 50%”.

Entre marzo y septiembre de 1980, nació en Londres bajo la bendición de Margaret Thatcher, una opción que se denominaba leasy back, algo similar a lo que sucedió con Hong Kong, que fue rechazado por los isleños y luego por el parlamento británico.

Para fin de año un equipo conformado por cuatro altos Oficiales de la Armada Argentina presentó un informe, el cual no fue tenido en cuenta por la Junta militar en 1982.

Dicho documento hacía referencia a que ante una posible acción militar sobre las Islas, los británicos tenían la capacidad suficiente para intentar recuperarlas y contarían con el apoyo de la Comunidad Económica Europea y de EE.UU.

El 29 de marzo de 1981 asumió el cargo de presidente el General Eduardo Viola, lo ejerció durante 8 meses en medio de una crisis económica que deterioraba políticamente a la era militar. En ese momento el Presidente de la Nación era llamado el “cuarto hombre” ya que debía rendir cuentas a la Junta Militar, integrada por los tres comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Este resultó ser otro punto determinante en las negociaciones antes y durante la guerra, como ya veremos más adelante.

El 22 de diciembre de 1981 asumió la presidencia de la Nación el General Leopoldo Fortunato Galtieri. A partir de entonces se tornó evidente que ante la crisis institucional y política del proceso militar un posible salvataje sería recurrir al despertar nacional con la cuestión Malvinas.

Este es el momento que más me gusta estudiar en lo que hace a las negociaciones que se llevaron a cabo antes y durante la recuperación de las Islas Malvinas.

La asunción del General Galtieri como presidente de la Nación no fue un hecho aislado para la continuidad del proceso militar que gobernaba el país desde 1976.

Galtieri llegaba con la bendición del gobierno norteamericano en su estrategia de política exterior para frenar el avance del comunismo en América del Sur y Central y consideraba a Argentina como un aliado en esa política.

Esta situación iba a ser fundamental para las futuras decisiones del gobierno nacional y la Junta Militar con respecto a las Islas Malvinas.

Las negociaciones

Todo comenzó en febrero de 1982, cuando se anunció el retorno de las negociaciones de ambos países, en Nueva York, por el tema Malvinas. Esta serie de encuentros negociadores, que incluyeron almuerzos de trabajo, tuvieron una característica especial. Me refiero a que ambas delegaciones nunca se pusieron de acuerdo en los términos en que se iba a negociar. 

La delegación argentina tenía instrucciones precisas de no sacar el foco de las negociaciones sobre el reconocimiento de la soberanía por parte de Gran Bretaña y a su vez la respuesta británica se basaba en los deseos de los isleños. Con las conversaciones prácticamente estancadas entre los gobiernos de Gran Bretaña y Argentina, Estados Unidos se presentó como mediador.

Estados Unidos estaba preocupado por la situación ya que tenía enfrentados a dos aliados a su gobierno y decidió mediar para llegar a una solución pacífica. Para ello designó a su secretario de Estado, para que dirija las negociaciones. Alexander Haig, representante del presidente Reagan, durante este periodo tuvo varias reuniones con ambos países. Hubo numerosas propuestas, que tenían el visto bueno de Gran Bretaña y que el gobierno militar rechazaba, dilataba las respuestas o le hacía correcciones.

Una de las primeras propuestas que recibió Galtieri fue el de una administración compartida de las Islas.

Las dos banderas flamearían en Malvinas. Fue rechazada.

Luego llegó la propuesta de una administración compartida, pero bajo la supervisión de EE.UU. como Estado garante. Es decir, tres banderas en las Islas. Propuesta también rechazada.

Haig se dio cuenta que en Argentina no decidía solo el presidente en las negociaciones, sino que la Junta Militar tenía poder de veto. Esto hizo que resultara muy difícil llevar adelante una mediación. La política estuvo muy presente en todo este proceso de negociación.

Este tipo de propuestas vistas desde la distancia en el tiempo, con la situación que vivía el país y el proceso militar en decadencia, me hace pensar que la decisión estaba tomada desde mucho antes y que las negociaciones fueron un factor de distracción para no velar la operación.

Incluso la idea original, era una vez recuperadas las islas, dejar un destacamento y retirar las fuerzas para así negociar la soberanía.

Pero todo cambió cuando la ONU tomó este acto como una agresión e instó al gobierno argentino a cumplir la resolución 502 para reiniciar las conversaciones con Gran Bretaña.

Pero el gobierno nacional optó por dejar las fuerzas y nombrar un gobernador. 

Esta decisión fue aprovechada por el gobierno de Margaret Thatcher, que estaba en una situación difícil, para cambiar esta mirada y ordenar la movilización de la flota británica.

Esta decisión nunca fue tenida en cuenta por Argentina ya que no creía que se pudiera realizar tal esfuerzo logístico y económico.

Para resumir, ambos países pasaban por una crisis institucional y económica y este evento fue una excelente excusa para reivindicarse ante sus respectivos pueblos. El gobierno militar argentino no podía permitirse otro fracaso después del resultado en contra del arbitraje con Chile por el Canal de Beagle. Gran Bretaña no podía dejar abandonados a sus habitantes insulares, como para sumar una imagen de debilidad más al gobierno de Margaret Thatcher.

La Política estaba presente en el proceso negociador, que a mi entender le da un ingrediente especial y la hace muy distinta a una negociación empresarial. 

El General Galtieri habla desde la Casa Rosada

Voy a aclarar que a partir de este momento el trabajo es un análisis y mi opinión sobre lo sucedido.

Este análisis hace hincapié en el gobierno argentino, que en mi opinión estaba en una condición de desventaja. Cuando hablo de desventaja me refiero a que Argentina, si bien el reclamo de soberanía es sin dudas válido y correcto, no ejerce esa soberanía.

Después de numerosas lecturas acerca del tema, creo que el gobierno argentino tenía a disposición la información necesaria, pero el error fue que en la mayoría de los casos no fue tenida en cuenta directamente y en otros no fue analizada correctamente.

El gobierno nacional sabía que, en caso de una acción militar sobre las islas, Estados Unidos no tenía otra opción que apoyar a su aliado histórico. Este dato era conocido por el gobierno argentino, no sólo por los informes que recibía desde los mismos integrantes de las Fuerzas Armadas, sino que se lo había adelantado el mismo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, en una comunicación telefónica con el General Galtieri.

Otra información, no poco importante, era que, en caso de tomar medidas por la vía armada, había muchas posibilidades de que la ONU lo tomara como una agresión y así estaría en contra la comunidad internacional.

Estas informaciones fueron desestimadas por Argentina, basándose en su legitimidad del reclamo de soberanía.

Un mal análisis de la situación que se vivía en el Reino Unido, en ese momento, fue no tener en cuenta una reacción militar por parte de la Primer Ministro para recuperar las Islas y los deseos de sus habitantes, los cuales se consideraban parte de Gran Bretaña.

De la situación argentina en ese momento se pueden destacar estos ocho puntos:

Debilidades: Fuerzas Armadas no profesionalizadas.

Amenazas: Quedarnos solos frente a la comunidad internacional.

Fortaleza: Reclamo legítimo ante la ONU.

Oportunidad: Argentina tuvo oportunidades, descriptas anteriormente, donde pudo haber negociado la soberanía desde otra posición.

Corregir Debilidades: Negociar sin la necesidad de una acción militar.

Afrontar Amenazas: Las amenazas nunca fueron tenidas en cuenta.

Mantener Fortalezas: Mantener el reclamo ante la ONU y la predisposición al diálogo.

Explotar Oportunidades: Argentina tuvo la oportunidad de compartir la administración de las Islas junto a Gran Bretaña o incluso ante una supervisión de EE.UU.

Con respecto a este último punto (explotar oportunidades), voy a ser contrafáctico, creo que fue una oportunidad inmejorable desperdiciada y que dejó en evidencia la soberbia y la falta de voluntad para negociar.

Si bien el gobierno británico siempre ponía como “pero” el deseo de los kelpers, había una voluntad de negociar sin hablar explícitamente de soberanía, pero sabiendo que en algún momento se debería sentar a hablar sobre el tema.

Creo que al gobierno argentino le faltó esa cuota de paciencia y de escucha a las diferentes propuestas, sobre todo me refiero a las expuestas por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Alexander Haig, durante la recuperación.

Ronald Reagen con Alexander Haigh

Cuando hablamos de Negociaciones complejas enumeramos cinco principios para llevar adelante el llamado “método Harvard” o Ganar-Ganar.

Donde en resumidas palabras se busca un entendimiento en el cual ambas partes puedan salir beneficiadas antes de que las negociaciones queden estancadas o terminen sin solución.

  1. Mantener el estado emocional: 

Creo que en este punto el problema pasó a ser Gran Bretaña por sobre el reconocimiento de soberanía. Se hacia más hincapié en el “enemigo invasor” que en el tema de soberanía, sin dudas esta era una estrategia del gobierno para poder resaltar el sentir nacional y buscar así la aceptación de la opinión pública.

  1. Ponerte en “SU” lugar: 

Este es un aspecto, en mi opinión, que nunca se puso en práctica por el gobierno militar.

  1. No RECHACES:

Este punto ya lo hemos visto anteriormente, Argentina rechazó varias propuestas y oportunidades para negociar desde otra posición sin dejar de lado su objetivo principal.

  1. Buscar un acuerdo en beneficio mutuo:

Esto está íntimamente relacionado con el punto anterior, Argentina sólo quería el reconocimiento y entrega de la soberanía de las Islas, algo que a mi entender debería haber tenido objetivos intermedios sin perder de vista el fin último.

  1. Educar: 

Las negociaciones, por parte del gobierno nacional, tenían siempre un denominador común, imponían un tiempo para resolver el tema y si esto no se cumplía la única alternativa era la acción armada. En ambos casos es una sensación de amenaza e imposición constante. Justo lo que no está recomendado en este tipo de negociaciones.

 Las Fases en que esta compuesto el proceso negociador son:

Fase Previa: Prenegociación

Fase Central: Negociación

Fase Final: Cierre.

Me gustaría hacer foco en lo que vimos dentro de la fase central del proceso. A mi entender la estrategia de la Junta Militar era llevar la negociación “Ganar-Perder”. Este tipo de estrategia busca el máximo beneficio propio, es decir en este caso era el ejercicio total de la soberanía argentina sobre las islas, sin pasos o acercamientos previos.

No importaban las propuestas, primero británicas y luego las presentadas por los EE.UU., se quería imponer sólo la cuestión propia. Y lo más importante, no había una intención de que las relaciones bilaterales puedan salir sanas de todo este proceso.

Dentro de la táctica dura que se utilizó, se puede resaltar que se llevó adelante un desgaste constante sobre todo durante la mediación de Estados Unidos, se ve reflejado en las exigencias que ponía el gobierno argentino para negociar, la constante amenaza de una acción militar y sobre todo en un comentario de Alexander Haig al Secretario de Estado Británico Francis Pym: “Francis, no se si se le puede sacar más a los argentinos, no está claro quien manda acá, tanto como cincuenta personas…” Haig hacía referencia a que cada propuesta era revisada por el Presidente de la Nación, la Junta Militar a quien reportaba y los jefes de las Fuerzas Armadas, lo que dilataba la toma de decisiones.

Acá también podemos tocar otro tema importante, la CONFIANZA cuando se negocia en equipo. A mi entender los interlocutores del gobierno no tenían la libertad necesaria para tomar decisiones y esto evidenciaba una desconfianza en ellos; y nunca se sabía quién tendría la última palabra. De acuerdo con lo comentado al inicio de esta parte del artículo, en lo que respecta a la falta de análisis de la información que se poseía, se puede desprender una mala elección del estilo de negociación. A mi entender, sólo con el tema a tratar y por los antecedentes que teníamos, aparte de prever que sería compleja, el proceso debía haber sido a largo plazo.

Sucedió todo lo contrario, en la conclusión voy a dar mi punto de vista sobre este tema. Argentina siempre quiso imponer una posición dominante o amenazante.

Margaret Tatcher

El perfil del negociador

En este caso el negociador es el Estado Argentino, personificado en un gobierno integrado por el presidente y la Junta Militar. De acuerdo a todo lo que pudimos ver a lo largo de lo expuesto, se puede decir que estamos frente a un negociador poco flexible, centrado en su objetivo último sin tener en cuenta la idea de acercarse a la otra parte. Era poco tolerante a las condiciones ajenas, esto hacia que sea poco persuasivo. No tuvo en cuenta la situación como estaba planteada. Carecía de sentido común. Creo que fue un excelente actor, lo explicaré en mis conclusiones.

Estaba seguro, a mi entender equivocadamente, de sí mismo y de lo que ocurriría.

Para resumir: Creo que este proceso estuvo viciado de innumerables características que me hacen llegar a las siguientes conclusiones.

Lo que comunicaba el Gobierno Nacional

Conclusiones

  • No hubo negociación propiamente dicha.
  • Nunca se pasó de la fase previa, la prenegociación, porque nunca las partes se pusieron de acuerdo en el tema a tratar.
  • Argentina apostó al desgaste del proceso de conversaciones.
  • Este proceso fue un acto de distracción para no velar el secreto de la acción militar.
  • La decisión de la Operación armada estaba tomada mucho antes de volver a sentarse a conversar con el Reino Unido.

Bibliografía

Federico Pecile

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