Nicolás Maduro y Venezuela, rumbo a un desenlace inminente

La rebelión popular que hoy describe y caracteriza a Venezuela, es en consecuencia el colapso de un modelo que sistemáticamente ha ido deteriorando la institucionalidad del país, hasta dejarlo carente de cualquier forma de democracia, pero también ha deteriorado la existencia misma del venezolano, sometiéndolo a la más inédita de las crisis económicas,  que lo ha dejado escaso de alimentos y medicamentos.

Este gran movimiento popular, que tiene más de 70 días consecutivos desbordando las calles del país, ha dejado como saldo 69 jóvenes asesinados a manos de las fuerzas del estado y grupos paramilitares, esto tras una brutal e injustificada represión, perversa, oscura, cruel y asesina, planificada y ordenada por la cúpula militar que hoy sostiene al régimen, del ya reconocido dictador Nicolás Maduro.

La protesta del venezolano no debe entenderse como asunto coyuntural, si bien el elemento que colapso la paciencia del ciudadano, se produce por las sentencias emitidas por el Tribunal Supremo, controlado por el partido de gobierno, que a finales del primer trimestre de año pretendió anular la existencia del parlamento, desde el pasado 2016 ya se habían consolidado grandes movilizaciones en rechazo a la violación de constitución y a la privativa del ejecutivo de realizar los procesos electorales contemplados en la carta magna, pero ayendo más lejos, desde 2015 Maduro asomaba sus pretensiones dictatoriales al declarar en desacato al recientemente electo parlamento de mayoría opositora.

Estos hechos han generado un robusto movimiento popular en defensa a la constitución y a la democracia, hoy el pueblo venezolano está en la calle, resistiendo los azotes de una vil dictadura, sostenida por el narcotráfico y una pequeña cúpula militar ajena a cualquier valor humano. Este movimiento, constitucionalista y constitucional a su vez, pues la carta magna en su artículo 333 y 350 ampara al ciudadano a rebelarse contra un régimen no democrático, ha logrado un respaldo nacional e internacional que ha permitido señalar sin medias, al régimen de Maduro como una dictadura, sin mayores subjetividades ideológicas, hoy solo hay que ver lo que está a la vista y el que aun pretenda definirlo desde la ambigüedad, es cómplice de la represión, los asesinatos y el arrebato de los procesos electorales en Venezuela.

El aislamiento que ha conseguido Maduro no solo es en el ámbito internacional, si algo han dejado estos días de protesta en Venezuela, es la fragmentación absoluta del gobierno Chavista y es ahí donde está la gran posibilidad de conseguir una transición en el menor tiempo posible, seguir quebrando al régimen hasta conseguir que figuras como la Fiscal General de la República, de tradición chavista, se haya manifestado en contra de la pretensión de Maduro de extinguir lo que queda de constitución.

Frente a este cuadro complejo, la dictadura, comprometida con el narcotráfico y con crímenes de lesa humanidad por violación a los derechos fundamentales, se sigue radicalizando en sus pretensiones de encerrarse y adueñarse del único espacio al que la justicia no les puede llegar, por ahora.

Si bien Maduro hará lo imposible por evitar un proceso electoral y en estos 70 días ha demostrado  que no tendrá piedad en quitarle la vida a quien se la tenga que quitar para ello, la oposición ha demostrado contar con la mayoría de un pueblo que perdió el miedo y decidió rebelarse para recuperar su libertad, sin precisión la prospectiva en Venezuela se visualiza oscura, pero con un pronto desenlace.

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