¿Por qué no nos creen a los argentinos?

La credibilidad de nuestro país está pasando por uno de sus momentos más complicados. Las constantes declaraciones del presidente respecto a las medidas tomadas por otros Estados e incluso las medidas propias sobre la pandemia han llevado a la crítica de medios internacionales e incluso altos funcionarios de otras naciones.

El caso más reciente fue el del diario británico, The Telegraph, donde se publicó una fuerte crítica que cuestiona la duración de nuestra cuarentena y no sólo plantea que “Argentina ofrece evidencia irrefutable de que las cuarentenas largas invocan un desastre”, sino que también destaca nuestro reciente ingreso al top 10 mundial de contagios totales de Covid 19.

Sin embargo, las quejas diplomáticas no se refieren solamente al manejo de las políticas relacionadas con la pandemia. Días atrás el presidente hizo alusión a Finlandia para defender el decreto firmado sobre el congelamiento de precios de las telecomunicaciones hasta fin de año, al referirse que en dicho país la telefonía y el internet eran servicios “públicos” y “esenciales”. Sin embargo, su embajada en Argentina publicó un comunicado, sin nombrar al presidente, donde aclaró que la ley en su país garantiza la accesibilidad de todos a la comunicación, pero destacó que lo hacen bajo un sistema de “competencia abierta” entre las empresas participantes, donde el Estado no interviene en las tarifas.

Finlandia se suma a los otros 4 países (Suecia, Chile, Brasil y España), con los cuales se tensaron las relaciones diplomáticas a raíz de declaraciones de distintos funcionarios o del mismo presidente. Esto nos genera las siguientes preguntas: ¿Es necesario comparar cada medida interna que se toma con las medidas tomadas en otras naciones con otros contextos? ¿No es en realidad una medida para buscar justificación a medidas que resultarán totalmente desfavorables para distintos sectores?

Desde la coalición oficialista, las principales figuras ejecutivas se han ocupado sistemáticamente de incluir en las justificaciones de sus políticas no sólo a otros Estados, sino también a fuerzas abstractas como el mercado o el capitalismo. El propio presidente en un discurso que brindó en la UIA por el día de la industria expresó “una de las cosas que nos enseñó la pandemia es que el capitalismo no debe volver a ser lo que fue”.

La sumatoria de todas estas acciones han llevado a la Argentina a padecer un deterioro de su credibilidad. La palabra presidencial -o de cualquier otra figura que represente al gobierno al momento de expresarse- es el medio oficial con el que nuestro país se relaciona con las demás naciones y es importante que sea utilizada con la seriedad y la responsabilidad que ello implica.

La falta de credibilidad y previsión trae una innumerable cantidad de conflictos para nuestro país, entre ellos se destaca la falta de inversiones. Preguntémonos: ¿Qué empresa internacional querrá invertir en nuestro territorio si el presidente se encuentra constantemente hablando de modificaciones de leyes laborales e impositivas, o si sus declaraciones siempre hacen referencia a la redistribución e impuestos a la riqueza? Donde ser exitoso y tener una empresa rentable es visto con desprecio por un sector de la política -podemos citar al caso de Mercado Libre, que sufrió un bloqueo en sus ingresos a las plantas de parte del gremio cercano al oficialismo, Camioneros-. No debemos olvidar que no hace mucho fuimos testigos de una maniobra integral del ejecutivo para expropiar una empresa Argentina, utilizando la frase “soberanía alimentaria” y la redistribución como argumentos.

Son incontables los errores de quienes nos gobiernan y también de opositores que nos representan, que tampoco carecen de responsabilidad en la construcción de la credibilidad de nuestro país. El Congreso Nacional es la casa de todos los ciudadanos, es donde se debaten y se sancionan las leyes que regularán e intentarán mejorar la calidad de vida de todos nosotros; es por eso que hechos bochornosos como la violencia en el debate de la reforma previsional en 2017 o lo sucedido el pasado martes en el sesión de diputados no pueden ocurrir, ya que también contribuye a la imagen de nuestro país.

La credibilidad no se consigue de un día para el otro, es un camino arduo de construcción política, jurídica y social. Es importante comenzar a sentar las bases y elaborar un discurso moderado y lógico, pensar cómo y qué imagen de Argentina queremos mostrar al mundo, potenciar nuestras fortalezas y corregir nuestras debilidades de cara a la construcción de un modelo que infunda respeto y no aversión por la comunidad internacional.

En coautoría con Francesc Fouine

Juan Manuel Graziano

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