¿Quién controla al que controla?

La cibervigilancia y uso de datos personales por parte del Estado se discuten menos que las estrategias de marketing de las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Microsoft). No obstante, y aunque hay matices, generalmente las empresas digitales obtienen nuestros datos cuando aceptamos términos y condiciones, mientras que el Estado se arroga el derecho de poseer información, pero no queda claro cuándo la usa en forma lícita. 

A partir de recientes investigaciones respecto del uso de datos personales por parte de empresas como Facebook, se abre en Argentina, lentamente, un debate que en la Unión Europea ya lleva algunos (pocos) años: cómo abordar el uso de la información en la era del Big Data. En especial, y poniéndonos en los zapatos del ciudadano de a pie, la pregunta es ¿de quién hay que cuidarse; del Estado o de las empresas?

Al respecto, Johanna Faliero, doctora en Derecho especialista en Protección de Datos Personales de la UBA, no duda: “siempre hay que cuidarse más del Estado, sobre todo ahora que todos estamos un poco más atentos a lo que hacen las empresas”. Se refiere al anuncio que realizó Facebook, y cuya buena nueva vino de la mano del propio Mark Zuckerberg.

El pasado 28 de enero, al celebrarse el Día de la Privacidad, el CEO de la red social con más usuarios del mundo informó que ponían a disposición nuevas herramientas de privacidad con las que nos permitían tener más control sobre lo que hace Facebook y sus anunciantes con nuestros datos personales. 

Quienes nos dedicamos a informar sobre los avances de las tecnologías de la información (TICs) no dudamos en probar la herramienta, y comprobamos, no sin disgusto, que entre los anunciantes que utilizaron datos personales para armar perfiles del target publicitario de sus anuncios, aparecen organismos públicos. Incluso, causa cierto escozor que aparezca la policía porteña, por ejemplo.

Al respecto, Faliero explica: “hace tiempo que sabemos que las fuerzas de seguridad, tanto como las agencias gubernamentales de inteligencia, hacen OSINT, es decir, Open Source Intelligence, o inteligencia de fuentes abiertas. O sea, se valen de la información que está a disposición, publicada, dispersa, y arman un perfil de quien buscan. También se definió que algunos hacen HUMMINT, Humman Intelligence, que consiste en valerse de informantes de las redes”.

En este sentido, el planteo de Faliero es plausible, sobre todo considerando que no es nada fácil explicar qué hace la Policía como anunciante en Facebook. Más allá de que puede estar intentando publicitar el 911, por ejemplo, hasta en esa hipótesis queda por ver si es lícito el modo en que ese organismo obtuvo los datos personales que usa, y si posee el consentimiento de sus dueños, que habilite a usarlos en Facebook.

Claro que es complicado hablar de licitud y de legitimidad en un marco de completa desregulación como el que existe hoy día en Argentina al respecto. La ley de Protección de Datos Personales, 25.326, “no regula nada acerca de las empresas como Facebook o Google. Todo hay que inferirlo o suponerlo” afirma Juan G. Corvalán, Fiscal General Adjunto de la Ciudad. 

Es un escenario bien complicado para poder dilucidar el embrollo. Lo que queda claro, una vez consultados algunos de los estudios jurídicos con mayor especialización en la temática, es que el contrato de Facebook es de adhesión (el usuario sólo puede aceptar o rechazar, y las cláusulas son siempre a favor del más grande) y abusivo, en la medida en que deja todo lo implícito a favor de la red. 

“Facebook otorga a sus usuarios derechos acotados y se reserva para sí todos los derechos posibles. No es una opinión, es una constatación. Le hemos cedido facultades como jamás hubiéramos tolerado en ningún contrato” señala Gabriela Marsiglia, CEO de Digital Ius, experta en derecho y tecnología. 

Mientras tanto, en Europa afloran proyectos que apuntan a mejorar la capacidad de maniobra de los ciudadanos. Uno de ellos es PIMCity, una iniciativa de la UE, que financia con 6 millones de dólares a empresas u organismos que desarrollen herramientas digitales para la protección de la privacidad. Por ejemplo, un navegador que evita cookies: Cliqz. O una app que informa al usuario cada vez que una empresa quiere tomar sus datos del teléfono, y permite comercializarlos: Wibson -esta última, para mejor, es argentina. 

Por su parte, mydatamood es un mercado de compra y venta virtual de datos personales, con oficinas en Madrid. Ni más ni menos que una plataforma en la que compradores y vendedores pueden transaccionar en forma justa y libre. Así se define en la web y lo ratifica uno de sus socios, Dany Bertolin: “buscamos que la gente tome conciencia de lo importante de recuperar el control sobre nuestros datos. Es una discusión incipiente, pero vale la pena”. 

Quienes trabajan en el tema coinciden en que la ola de Big Data y generación de riqueza con la información personal, es imparable. Por eso apuestan a proyectos como los enumerados en el párrafo anterior. El problema es que esos desarrollos hacen que huela a liberalismo, un perfume que escasea en estas latitudes, últimamente…

Por Mauro Berchi

Mauro Berchi

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